La compleja relación entre madre e hija

 Pese a los pros y los contras de cualquier relación, la de un hijo con su madre es especial, mágica y diferente a la que pueda tener con cualquier otra persona. Un hijo es parte física y emocional de la madre. La madre se quiebra en dos si a su hijo le sucede algo malo. Cuando el hijo es de sexo femenino -una hija– el vínculo entre ambas se traduce en confianza, intercambio de vivencias y emociones y una conexión más allá del amor.

El lazo que une a madre e hija no se evapora con los años, sino que crece, cambia o madura.  Es imposible desligarse emocionalmente la una de la otra, quizás sí de un modo físico, pero nada más. La madre influye muy significativamente en un hijo. Cuando con los años uno descubre todo lo que representa la madre en su vida, puede continuar con total paz y tranquilidad su camino.

Madre e hija: dos piezas que encajan

 En el instante en que a una persona le ocurre algo –bueno o malo- desea compartirlo, pide ayuda o necesita consuelo y conversación. La madre no necesita que su hijo se lo pida. Ella alcanza saber qué le ocurre a la persona que mejor conoce: su hijo. Su máxima preocupación es siempre él y por él da los pasos en su vida. Ya en el embarazo, el bebé percibe lo que la madre. Cuando el hijo crece, es la madre la que siente lo que él.

Si el hijo es de sexo femenino, la relación se vuelve más especial si cabe. La mujer educa a su hija a su imagen y semejanza, convirtiéndola en su refugio y compañera de viaje. La hija busca que su madre esté orgullosa de ella y el feeling y dedicación entre ambas resulta inherente. La relación entre madre e hija es íntima, compleja e incomparable a la que se puede tener con otras personas. Una madre jamás juzga y está ahí siempre y para todo.

Entre mujeres es probable que existan más diferencias, precisamente por vislumbrar puntos de vista más complejos y profundos. Ya de por sí, una mujer es más pasional, más directa, valiente y aguerrida. La madre que acaba de tener una hija desea hacer las cosas mejor que las hicieron con ella. Se esfuerza, pese a que los comentarios y opiniones la sigan en lo que decida. No así debe rendirse y dar valor a su voluntad y modo de crianza.

Relación compleja

Algunos estudios vienen a demostrar que madre e hija tienen exacta una parte del cerebro que se encarga del aspecto emocional. Esto explica la fuerte conexión y comprensión entre ambas. Por otro lado, se deducen también los momentos de tensión y discusión frecuentes e intensos. La relación entre las dos es muy bonita, pero muy compleja también.

Un hijo genera en la madre un temor constante a que le suceda algo. La mujer con la hija es muy protectora, en ocasiones, en exceso. Llegará a recordar su infancia y adolescencia y temer ciertos momentos. No obstante, no hay que abogar por la sobreprotección, ya que igualmente la hija seguirá su camino, se equivocará y remontará el vuelo.

La hija -por su fuerza interior- puede optar por volar enseguida. Sin embargo, nada la frenará para volver y no perder el contacto, preguntar, ir en busca de afecto y asesoramiento. La madre ha de educar niñas valientes y con poder mental, cargadas de valores por la familia. La mirada entre una madre y su hija no encierra nada, lo trasmite todo.

Cómo fortalecer la conexión entre ambas

Toda hija necesita a su madre, no a una amiga. No se deben de confundir los roles. Esto puede desestabilizar a su descendiente, que no sabrá cómo tratar con ella o qué contarle. La madre deberá apoyar a su hija en sus decisiones, no condicionarla o cohibirla. Será quien deba aceptarla tal cual es y explicarle sus errores. Es importante criar a una persona libre e independiente, dialogar y no asfixiar en sus deseos personales o en su ideal de tenerla siempre bajo su cobijo. Cada etapa ha de ser aprovechada a su debido momento y no reaccionar al pasado o visualizar un hipotético futuro.

La madre puede ser la mejor consejera y ejemplo para la hija. Con el paso de los años, la hija se va fijando en su progenitora, el referente por excelencia. Copiará lo que le aporte y case con su forma de ver la vida y eliminará elementos y actitudes que no le hagan sentirse bien o que no la representen. Para estar cómodas la una con la otra, ha de existir sinceridad, empatía y contacto frecuentes. La relación –a pesar de resultar compleja- se fortalecerá y el vínculo no se romperá, siempre y cuando la madre deje espacio a su niña.

Será un problema que la progenitora desee focalizar sus frustraciones en su vástago y la haga responsable de situaciones de su vida. Frecuentemente, se espera que la hija resuelva conflictos familiares o que sea la prolongación de la madre, algo perjudicial e imposible. La hija se rebelará cuando sienta que se la ningunea o no se la deja crecer y madurar en la dirección que haya elegido.

Algo eterno entre las dos

 Por la vida transcurren etapas y situaciones a las que hay que enfrentarse. Algunas se resuelven con facilidad y pasan sin casi dejar recuerdo. Otras, dejan dolor y reservas. De pequeños es absolutamente necesaria la figura de la madre para todo. La hija en la adolescencia siente sobre ella el control y la falta de libertad y alabanza –por el miedo de la madre probablemente- e intenta alejarse de ella.

La hija -con la colaboración de la familia y el entorno- no debe dejar de ver a su madre como una figura de autoridad a la que respetar. En el momento en que se rebasen límites (sobre todo en la adolescencia) o se ponga en duda su profesionalidad y poder, la hija solo tendrá conflictos con ella. No la verá como alguien con suficiente valor, inteligencia y autonomía que le pueda sumar y ambas construirán un muro difícil de sortear.

En la edad adulta -y sobre todo cuando la hija se convierte en madre- todo encaja. Logra sentir y comprender lo que su propia madre siente y padece por ella. Y ahí, deja de pensar mal y se acerca nuevamente. La madre apoya a su hija y la comprende mejor que nadie. Le ofrece consejo y le tiende la mano con el bebé. Buscar cosas en común y pasar tiempo juntas las unirá y hará felices. La relación de madre e hija no muere, se transforma y es eterna.

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