Albania confía en la ayuda internacional para reconstruirse tras el terremoto
Escombros de la antigua escuela de Bubq en Albania, demolida por las autoridades tras sufrir daños estructurales. Decenas de miles de albaneses esperan que los donantes internacionales les ayuden a recuperar sus hogares y reparar los daños del trágico terremoto de noviembre, evaluados en más de mil millones de euros, un peso enorme sobre una de las economías más pobres de Europa. EFE

Decenas de miles de albaneses esperan que los donantes internacionales les ayuden a recuperar sus hogares y reparar los daños del trágico terremoto de noviembre, evaluados en más de mil millones de euros, un peso enorme sobre una de las economías más pobres de Europa.

“La esperanza nos mantiene vivos. Quien pueda ayudarnos que nos ayude: los extranjeros, los nuestros, quien sea. Aquí se ha hecho mucho daño”, dijo  Flutura Shullazi, cuya casa es inhabitable.

Flutura y su marido Xhevahir, expolicía inválido, han vivido con su suegro y sus dos hijos, uno enfermo, en un autobús que un amigo de la familia iba a desechar como chatarra desde el terremoto. Por fin, hace una semana les trajeron un contenedor que han colocado en su patio.

Este lunes en Bruselas representantes de más de cien países y de organismos internacionales asisten a la conferencia internacional de donantes “Juntos por Albania”, organizada por la Unión Europea (UE).

Los 220 euros que entran en el hogar de Flutura gracias a la pensión de invalidez de su marido y de su suegro no dan ni para comprar los indispensables medicamentos y alimentos, por lo que reconstruir su vivienda ni se plantea.

“El mundo es grande. Tenemos esperanzas de que nos puedan dar algo”, afirma su suegro, de 78 años.

El primer ministro albanés, Edi Rama, es optimista y cree que la ayuda prestada a Albania no será meramente “simbólica”, aunque reconoce que no podrá satisfacer todas las necesidades de la reconstrucción.

Según el informe elaborado por el Gobierno con expertos extranjeros, los daños causados por el terremoto de 6,4 grados en la escala de Richter, que causó 51 muertos y casi un millar de heridos, se estiman en 985 millones de euros, el 6,4 % del Producto Interior Bruto del país. El coste de la reconstrucción suma otros 90 millones.

Los mayores daños se registraron precisamente en las viviendas, con 663 millones de euros, el 74 % del total, seguido del sector de la producción, con 150 millones de euros, y la educación.

En el pueblo de Bubq, fuertemente golpeado por la cercanía del epicentro, las carpas y contenedores blancos donde sus habitantes pasan las frías noches de invierno ya forman parte del paisaje.

La mayoría de los 1.500 habitantes del pueblo, situado cerca del aeropuerto internacional de Tirana, son pobres y ven la ayuda estatal y extranjera como su única posibilidad para reconstruir sus hogares.

“La situación es muy difícil. En un instante la gente perdió su casa y el esfuerzo de toda una vida se fue en vano. Muchos tienen problemas psicológicos y necesitan ir al médico”, afirmó Agron Karaj, administrador de la mancomunidad de Bubq, formada por 7 aldeas con 8.859 habitantes y 800 viviendas, la mitad dañadas. De ellas, 230 están totalmente destruidas.

El terremoto afectó a más de 200.000 personas, el 14 % de la población de Albania, en 11 municipios y ha desplazado a 32.000 personas, 10.000 de las cuales tres meses después siguen en tiendas de campaña o contenedores en las zonas rurales del centro del país.

“Este es el único patrimonio que tengo”, dice preocupada Naile Kaziu, que incierta por el mañana señala el piso dañado donde vivía con su marido tetrapléjico, su hijo, nuera y dos nietas.

“En nuestra casa pensamos día y noche porque no se puede vivir en la carpa, pero con nuestros ingresos ni en 50 años podríamos reconstruir nuestra casa. Tenemos la esperanza de que no nos dejen así, aunque seamos muchos”, explica otro vecino, Fatmir, cuya casa quedó inhabitable.

El Gobierno ha destinado de momento 180 millones de euros para la reconstrucción, mientras que Turquía ha prometido construir 500 nuevas viviendas en la ciudad norteña de Lac.

Se mire donde se mire, los albaneses están en dificultades. Los 367 alumnos de la escuela de Bubq, que quedó reducida a escombros, van a clase en autobuses subvencionados por el Gobierno a la localidad vecina de Fushë Krujë cada mañana.

Para vecinas como Shqipe Rrushi, los sueños han tomado forma de contenedor. Las carpas, frías y llenas de humedad ponen enfermo a cualquiera. El marido de Shqipe ya lo estaba, pero allí está empeorando rápidamente.

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