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El acuerdo programático entre PSOE y Unidas Podemos propone cambios educativos frente a la actual Lomce, entre ellos impedir la segregación por sexos en los centros sostenidos con fondos públicos, lo que ha vuelto a poner de actualidad el debate entre los que están a favor y en contra de este modelo educativo.

En España existen alrededor de 90 centros concertados que separan a las niñas y a los niños, una educación que para sus defensores es llamada “diferenciada” y para sus detractores “segregadora”.

El documento de la “Coalición progresista” fija lo siguiente: “Promoveremos la coeducación en todo el sistema educativo, impidiendo la segregación educativa por razón de sexo en los centros sostenidos con fondos públicos”.

“Como decisión política es correctísima” ya que “estamos en el siglo XXI y aspiramos a la igualdad entre hombres y mujeres”, afirma a Efe el secretario general de CCOO, Francisco García.

Por el contrario, el presidente de la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa), Pedro José Caballero, asegura que “en este país no se segrega por sexo, sino que existe la escuela diferenciada que libremente es elegida por los padres y, si hay demanda, es otro tipo de enseñanza avalada y legal”.

Con datos aportados desde las comunidades autónomas en el curso 2018-19, el número de colegios concertados solo para chicos o solo para chicas ascendía a 87, siendo Madrid (18), Cataluña (16) y Comunidad Valenciana (15) los que más centros de este tipo sumaban.

Por el contrario, no tienen centros concertados que separen por sexo Aragón, Canarias, Castilla-La Mancha, Extremadura y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

Por su parte, Andalucía tenía en 2018 nueve centros que segregan por sexo, País Vasco seis, cinco Castilla y León y Galicia, cuatro Navarra, dos Asturias, Baleares, Murcia y La Rioja y uno Cantabria.

Acabar con la segregación por sexos en estos centros concertados es una vieja reivindicación de la Plataforma Estatal por la Escuela Pública y desde CCOO, que forma parte de ella, se insiste en que “en la sociedad o en el mundo laboral hombres y mujeres comparten espacio” por lo que “no tiene sentido que no lo hagan en el centro educativo, que es donde aprendes a vivir en sociedad”.

García recalca que “de momento solo hay un acuerdo entre dos partidos y hay que pasar de las musas al teatro, ver cómo se concreta y clarificar su marco normativo”.

Considera que el anuncio no solo se refiere a una voluntad política sobre los nuevos centros concertados que quieran separar por sexo, sino a los ya establecidos; “no tendría sentido otra cosa”, asevera.

En cambio, la Concapa insiste en defender un modelo educativo avalado por sentencias y que es de libre elección de los padres.

“Estaremos en contra de que se limite la libertad de las familias a poder elegir el tipo de educación para sus hijos”, avisa Caballero.

Entre otras sentencias que avalan subvencionar con dinero público colegios que siguen una educación diferenciada o segregada por sexos está una del Tribunal Constitucional de abril de 2018, que falló precisamente en contra de un recurso presentado por el PSOE contra varios puntos de la Lomce.

El Constitucional recordaba que diversos estudios citados por la Abogacía del Estado “muestran determinadas ventajas de la modalidad pedagógica de educación diferenciada por sexos, de forma que ambas alternativas, la integrada y la diferenciada, son susceptibles de ser escogidas en libertad”.

Y señalaba que la educación diferenciada por sexos, en los términos de la Convención relativa a la lucha contra las discriminaciones de la UNESCO, no es discriminatoria.

La ministra de Educación en funciones, Isabel Celaá, se ha mostrado en diversas ocasiones partidaria de “coeducar” y cree que “el modelo igualitario aporta más valor”.

El diferente grado de madurez de los niños y las niñas a ciertas edades o el mejor rendimiento si estudian por separado son algunos argumentos que esgrimen los defensores de la educación diferenciada.

El informe PISA 2018 de la OCDE (a alumnos de 15 años) señala que los resultados “sugieren que la brecha de género en el rendimiento escolar no viene determinada por diferentes habilidades innatas en chicos y chicas”.

Entre sus conclusiones establece que las chicas dedican más tiempo a las tareas escolares, el porcentaje de abandono escolar es más alto en los chicos y las chicas dicen experimentar más miedo al fracaso.

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