Las vivencias de un preso en la cárcel de Palma. Capítulo VI

Las vivencias de un preso en la cárcel de Palma

Las vivencias de un preso en la cárcel de Palma. Capítulo II

Todas las mañanas me sentaba en un banco en el patio de la cárcel, donde daba el sol, escuchaba música con auriculares y leía, pero como la gran mayoría de cosas que pasaban allí dentro eran surrealistas, un día decidí apuntar muchas de las anécdotas que me contaban otros internos. Para mí era un regalo de la vida, sabiduría, ignorancia, vivencias, inmadurez, era un cóctel muy enriquecedor.

Como todo el día leía corría el rumor que yo era el psicólogo, venían todos los días presos a hablar conmigo. Basta que digas que no te llamen “el psicólogo” -porque no lo eres- para que todo el mundo te llame “el psicólogo”. Lo que ocurría es que muchas personas saciaban su necesidad de hablar de sus conflictos emocionales y lo hacían conmigo.

La gente normal que está en libertad cree que los psicólogos que hay en la cárcel son para tratar a los internos. Es otra de las creencias que circulan en esta sociedad, como lo de la pastilla de jabón en las duchas, etc., etc. No es así. Los psicólogos que trabajan en la cárcel son para evaluar a los internos y si alguien quiere saber el trato que despachan con los presos basta que escriban en Google “psicólogos o psicólogas de la cárcel de Palma”. Se va a asombrar.

Lo que es la vida, en un sitio donde te tienen que reinsertar, donde lo normal debería ser tener asistencia psicológica, es donde no puedes hablar con ningún psicólogo (donde más falta hace menos hay). Si quieres hablar o comentar algún conflicto emocional tiene que ser con otros internos.

La verdad que la reinserción sí que existe: es algo muy parecido a “Dios”, todo el mundo habla de él pero nadie lo ha visto, tienes que creer que existe y existirá.

Esa mañana salió por la puerta que daba al patio un chico gritando:

“¡¡Ay, Dios mío!!, ¡¡no puedo más!!, ¡¡Dios, por favor, sácame de aquí aunque sea con un licotero!! Lo gritó unas cinco veces, mirando al cielo. Me vio en el banco y se acercó. Le dije: “qué te pasa, Caniche”. Y me respondió: “Freud, estoy muy mal, me siendo olvidado, me siento más abandonao que un Simca sin motor”.

Le había puesto de apodo “Caniche el filosofo”. Se parecía mucho a Valderrama, un jugador de fútbol que en su día a Míchel, jugador del Real Madrid, le tocó sus partes en directo y se hizo viral aquella imagen. Y como se parecía a un caniche y siempre filosofaba le puse Kant-Nietzsche, pero como era muy largo se quedó con “Caniche“.

Tenía unas teorías filosóficas muy graciosas. Por ejemplo, decía que “en la vida lo único que se tiene que trabajar y ganar es el amor. Todo lo demás se puede robar, pero el amor se tiene que trabajar: puedo robar un reloj, una cartera, pero el amor, el amor las mujeres lo llevan dentro, no se puede robar. ¿Tú me entiendes FREUD?”. “Sí, claro, Caniche”.

La de veces que me tenía que aguantar la risa, porque si no creen que te estás riendo de ellos. Pero nunca me reía de nadie, me reía de lo que me contaban.

Caniche proseguía: “aunque te diré, FREUD, que cada día quedan menos cosas por robar. Es que somos muchos ya robando, estoy pensando en cambiar de oficio, porque robar a mí me cabrea mucho”.

“Sabes qué me pasa a mí, FREUD, que robar ya me cansa, porque la peña cada día tiene la casa mas desordenada. Como todo el mundo tiene prisa, pues no la ordenan y claro, si yo quiero robar la tengo que ordenar para encontrar las cosas. Joderrrr, y por qué les tengo que ordenar la casa, si yo sólo soy un ladrón, y qué pasa, que me canso de ordenar y después me quedo dormido”.

“Bueno, lo de robar me ha servido para ser un tío ordenado. De tanto ordenar en las casas, ya aprendí y lo hacía en la mía. Y sabes, FREUD, lo que más me cabreaba era que le facilitaba el trabajo a la pulicía, salía las fotos de la pulicía en el periódico con todo ordenado. Sí, sí, pero el trabajo lo había hecho yo, las joyas con las joyas, los relojes con los relojes, todo con su orden. Ellos sólo tenían que hacer la foto, así es muy fácil ser pulicía y encima la mala fama para mí”.

“Yo soy un ladrón, no soy la chacha de naide, es más trabajo y más tiempo, me la juego más. Además, FREUD, claramente te digo: yo no robaba, yo sólo cambiaba las cosas de sitio, me las llevaba de una casa a la mía, que no era mía, que era una casa de okupas“.

A Caniche lo habían detenido al quedarse dormido en una casa a la que entró a robar. “No te puedes ni imaginar, FREUD, el susto que me dio la señora cuando entró en el cuarto desnuda y me había quedado dormido encima de la cama, despuése  de beberme media botella de anís, FREUD”.

Me contó que dormía y soñaba que quería ser rico como su padre.

– ¿Tu padre es rico, Caniche?

– No, pero también sueña que quiere ser rico

– ¿Qué hace tu padre?

– Es positor, siempre hace posiciones para volver a entrar aquí.

– ¡¡Ah, opositor!! Como decía Machado

– ¿Qué Machado? ¿El traficante el del módulo 2?

– ¡¡No, Caniche, el escritor!! …vivir es bueno, soñar es mejor, pero hay que saber despertar. Ese es tu problema, que no estás aquí por robar, tú estas aquí por soñar y no despertar.

– ¿Lo ves? Si tú me entiendes, FREUD…

– Claro, Caniche, dicen que el sueño es eso que nos hace levantarnos a las cinco de la mañana. A ti te pasa al revés. Bueno, Caniche, voy a seguir leyendo, que en un rato quieren hablar conmigo los de la “junta de Mal-tratamiento“, porque dicen que no me estoy reinsertando…

Pero esto es algo que, lectores, ya os contaré el próximo domingo

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