La convivencia con padres ausentes emocionalmente
El hijo con un padre ausente se siente solo y rechazado por él. Pretenderá destacar y hacer las cosas conforme a los gustos del padre para recibir un reconocimiento positivo y abandonando su propio "yo".

Muchos padres/madres pasan por los años más inocentes de sus hijos con la amarga sensación de no haber disfrutado lo suficiente de ellos en la convivencia. Seguramente de haberse perdido momentos claves e irrepetibles. También se da la situación de padres que, pese a pasar tiempo con sus niños, se encuentran ausentes emocionalmente. No se implican en las necesidades diarias y la formación del niño y delegan en el otro progenitor o familiares funciones que le corresponden a él.

Es difícil en la sociedad actual poder ser un padre que disfrute en la totalidad del hijo. El trabajo y las responsabilidades diarias ocupan gran parte del tiempo de los adultos y las leyes no apoyan la complicada situación. Pero es un caso más difícil que pudiendo estar físicamente con el hijo, presente en su rutina diaria (los momentos posibles), esté claramente ausente.

Padres ausentes no participan en la rutina del hijo

El niño pequeño demanda atención constante, pregunta, quiere descubrir, conocer y desea que sus padres le acompañen en su rutina y formación. Pueden ser muchos los casos por los que uno de los padres no se implique con el hijo: desde miedo a hacerlo mal o a exponer sus sentimientos, a desconocimiento de su rol, a no haber tenido un ejemplo de figura paternal/maternal en casa o tener la cabeza en otros quehaceres.

La situación se vuelve complicada cuando el niño, con el paso de los años, descubre que no puede contar con su padre o puede hacerlo de un modo muy puntual. Son frecuentes los casos en los que el hijo se vincula emocionalmente a uno de sus progenitores pero sin obtener un feedback de vuelta. El niño pequeño no conoce de distinciones y se entrega en su totalidad.

El cordón afectivo que une al hijo con sus padres existe. Pero ocurre por norma general que, como en cualquier otra relación, cualquier alianza debe cuidarse y protegerse o acabará por destruirse. Si el padre no da al hijo, no se preocupa, no quiere o no sabe alimentar sus intereses y deseo de conocimiento, el hijo acabará por desligarse emocionalmente de él.

Compartir con el hijo en la convivencia

Las mejores formas de compartir el padre con el hijo ocurren en la rutina de cada día. Los momentos que hacen al niño son aquellos en los que tiene que responsabilizarse de determinadas actividades y regirse por un control. El niño aprende con la repetición y da valor a pequeños detalles en lo que tiene la presencia pero también el interés de participación del padre.

En los momentos de vestirse, desayunar, en el juego, en el aseo…, el niño pide ayuda y quiere compañía. Hay padres que consideran que el mero hecho de estar físicamente en la vivienda añaden un aspecto positivo en la educación y la consiguiente sociabilidad del hijo. No obstante, es algo erróneo e incompleto.

El niño quiere compartir con su hijo y sentir que se le escucha, quiere, educa y pone límites. Contrariamente a lo que puede parecer, el niño necesita y desea que se le indique y corrija porque ahí ve la inclinación del padre hacia él y el deseo de inculcarle valores y normas de convivencia que le permitirán moverse en el futuro social.

Los padres ausentes no logran conectar con el hijo

Hay padres con otras responsabilidades a los que les resulta casi imposible conectar con su hijo y dejar a un lado otros pensamientos. El trabajo es importante y desgraciadamente para algunos es difícil no dejarlo en la oficina hasta el día siguiente. Llegar a casa y tener que hacer frente a otras tareas domésticas también implica que el niño pase tiempo solo o frente al televisor y se enfade por una situación que le disgusta.

Sí es importante el tiempo, aunque no sea muy extenso, con el hijo. Pero ese tiempo, esos momentos de compartir deben ser óptimos para ambos. Uno debe conectar con el otro y desconectar de otras tareas que también tienen su franja horaria. Hay padres que con rapidez y esperando una respuesta satisfactoria hacen regalos a sus hijos. Sin embargo, evitan o no demuestran su afecto con una bonita frase como “estoy orgulloso de ti” o un abrazo cargado de sentimiento.

Con el paso de los años y llegada la adolescencia, se evidenciarán problemas más serios si no ha llegado a asentarse una base y conexión emocionales donde poder comunicarse y entenderse. El hijo se separará cada vez más de un padre al que asume como poco pendiente de él e incluso con carencia de feeling.

El dolor de la ausencia emocional del padre

Hijos con padres ausentes se sienten solos y rechazados por ellos. Pretenderán destacar y hacer las cosas conforme a los gustos del padre para recibir un reconocimiento positivo. Aunque no lograrán acertar y pensarán que hacen algo mal. Los niños necesitan la aprobación, el contacto y la escucha. Cuando esto no es así solo les queda sentirse poco válidos y traicionados por la persona que más quieren.

Ahí les sobrevendrá una baja autoestima y una confusión anímica sobre lo que sienten por el padre y la razón les indica. Pasarán por un conflicto donde deseen ser ellos mismos y no desvincularse de su figura de autoridad pero a la vez mostrarán sentimientos de autodefensión y comportamientos agresivos.

Un niño buscará incansablemente la aceptación del padre/madre sin valorarse y con miedo a que otros le rechacen también. Como padres no hay que sentirse culpables por cumplir con las responsabilidades. No obstante, el tiempo con el hijo debe ser exclusivo para él y entregarse en mente y corazón a sus peticiones y cuestiones. Con intención verdadera puede existir un equilibrio real sin renunciar a nadie ni a nada.

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