Descubre la terrible historia de por qué San Sebastián es el patrón de Palma

Llega la Revetla de Sant Sebastià y, con ella, la fiesta y la celebración. Aunque vale la pena parar para recordar quién fue ese personaje, que vemos representado en pinturas y esculturas y que se pone de moda en Palma una vez al año.

San Sebastián (Narbona, año 256 – Roma, año 288) fue un feroz guerrero, que llegó a ser capitán de la milicia del Imperio Romano, y jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana imperial. Fue, por lo tanto, un hombre exitoso y reconocido en su época. Pero había una tacha en su comportamiento, que le hizo caer en desgracia cuando fue descubierta: había abrazado la fe cristiana.

Los cristianos, que vivían su fe en la clandestinidad, eran perseguidos por no adorar a las divinidades romanas y la mayoría acababan lapidados salvajemente, o morían devorados por las fieras, como parte del espectáculo en el circo romano. El castigo a Sebastián fue  ser atado a un poste, para recibir las flechas de los soldados romanos, que lo dieron por muerto. Sin embargo sobrevivió, y se repuso en la clandestinidad ayudado por una familia noble cristiana. Duraría poco: al verse con fuerzas, se presentó de nuevo frente al emperador Maximiliano, quien, esta vez sí, mandó azotarle hasta morir.

Una reliquia de San Sebastián llegó a Palma en mitad de una epidemia de peste.

Los puertos de Mallorca, gracias a su enclave privilegiado en el Mediterráneo, siempre fueron destinos importantes para los barcos que comerciaban con todo tipo de productos. Aunque, de la misma forma que llegaban mercaderías, cultura y nuevas formas de vida, también nos llegaron las enfermedades más terribles que los pasajeros que traían a bordo podían transmitir, como es el caso de la peste.

Con las escasas medidas de la época para combatirla, era inevitable su propagación. La falta de higiene, de conocimientos y de tratamientos eficaces, hacían que plagas como la peste se cebaran con una población que luchaba contra un enemigo rápido y letal. Así ocurrió en las islas durante la Edad Media y buena parte del Renacimiento. Parece ser que, en el siglo XVI, un pasajero enfermo desembarcó en Palma, e inició la masacre.

Cuando la epidemia se encontraba en su punto más álgido, llegó a puerto un barco con caballeros de la orden de San Juan de Rodas. Hacían una parada de abastecimiento en su camino hacia Tierra Santa.

Éstos llevaban consigo, como reliquia, el brazo del malogrado San Sebastián. Y su llegada a la isla coincidió, curiosamente, con un descenso en el número de personas afectadas por la terrible enfermedad. El pueblo, inculto y devoto, pronto lo atribuyó a un milagro.

Coincidió, además, que el barco de los caballeros de San Juan de Rodas no pudo zarpar según su deseo, porque un gran temporal se lo impidió durante días. A la vez, los casos de peste siguieron disminuyendo, lo que afianzó la creencia popular sobre la influencia del brazo del santo en la mejoría. Sin duda, había sucedido un milagro.

Por ese motivo, años más tarde fue propuesto como patrón de Palma, sustituyendo así al Ángel Custodio, que la había estado protegiendo hasta entonces. A esas alturas, todo el mundo estaba convencido de que, gracias a él, la peste había desaparecido.

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