Los miembros de Blanqueo omitían pruebas "por miedo" a Penalva y Subirán

Esther Ballesteros | 26/12/2019

Uno de los miembros del grupo de Blanqueo de la Policía Nacional que durante varios años se hicieron cargo del caso Cursach manifestó en dependencias policiales que cualquier aspecto que, en el marco de estas pesquisas, se vertiera contra el empresario del ocio nocturno “era tomado como palabra de Dios”. Y reveló que algunas de las prácticas que los agentes llevaron a cabo respondían al “miedo” que les provocaban el entonces instructor de la causa, Manuel Penalva, y el fiscal Miguel Ángel Subirán.

“Cualquiera que pasase por la calle y dijera algo negativo de Cursach o de cualquier persona que interesase en la causa era creíble al cien por cien, sin cotejar su credibilidad ni comprobar mínimamente los datos que aportaba”, relata el agente en la declaración voluntaria que, “en su ánimo de colaborar con la justicia”, prestó en la Jefatura Superior de Policía, a cuyo contenido ha tenido acceso Crónica Balear.

La comparecencia, fechada el pasado mes de mayo, acaba de ser incorporada a la causa que indaga la presunta trama de instrumentalización de testigos y falseamiento de pruebas urdida con el objetivo de allanar las condenas en el caso Cursach.

Unas investigaciones que han llevado a Penalva y a Subirán -ambos apartados del procedimiento judicial- a denunciar una supuesta confabulación dirigida a echar por tierra sus pesquisas así como la vulneración de su intimidad tras la difusión de parte de las conversaciones que ambos mantuvieron con los integrantes del grupo de Blanqueo.

En su declaración, cuya transcripción se extiende a lo largo de una treintena de páginas, el subinspector relata de forma pormenorizada diversos episodios presuntamente irregulares en los que los antiguos investigadores habrían sustentado la mayor parte del caso Cursach. Y en este sentido hace especial hincapié en cómo por parte de Penalva y Subirán “había desesperación por encontrar testigos” que apuntalasen sus acusaciones.

“A mí me lo pidieron personalmente en numerosas ocasiones, siendo especialmente reiterativo el juez Manuel Penalva”, narra el agente. El declarante llega a aseverar cómo, por lo que supo tras incorporarse al grupo policial, un testigo protegido ayudaba a uno de sus propios compañeros de Blanqueo “a buscar prostitutas que fuesen testigos de los hechos”.

Fotos de Rodríguez y Gijón

El subinspector recuerda, en este contexto, que entre las prostitutas se encontraba una mujer a quien ese mismo compañero le había tomado declaración manuscrita “en un bar de la calle Aragón”, en Palma, enseñándole en la misma varias fotos del exdirigente del PP José María Rodríguez y del exdiputado Álvaro Gijón. “El objeto de esta declaración era que ella los reconociera en unas fiestas de Sa Bassa”, recalca el mando policial.

En el caso de otro de los testigos, el declarante asegura que “lo primero” que no le gustó de él fue “su excesiva cercanía con el juez. Este señor iba al despacho del juez con mucha frecuencia”. Al parecer -según el subinspector-, este testigo instó a otro a manifestar en sede judicial que el que Bartolomé Sbert, mano derecha de Cursach, “y esta gente nos persiguen por Magaluf, porque los investigadores se lo creen todo y van a hacer lo que digamos”.

Ante la intranquilidad que tal situación provocó en el agente, éste decidió comentarlo con Penalva y Subirán tras una cena de Navidad en un bar. Sin embargo, el subinspector asegura en su declaración que tanto juez como fiscal, en un instante en el que los tres se quedaron solos, se limitaron a responder: “esto es lo que hay”.

“Miedo al juez y al fiscal”

Según asegura tras poner en conocimiento de la Policía Nacional varios episodios más de este calibre, llegó un momento en el que “ya no aguantaba más”. “Me sentía entre la espada y la pared. Me sentía entre unos locos (juez y fiscal)” y “solo” frente a dos de sus compañeros de Blanqueo “sin saber cómo parar toda esta locura”.

Así sucedió en el instante en que les llegó una denuncia que hacía constar que otro de los testigos protegidos del caso había sufrido un arañazo en la cara a pesar de que, por lo que pudo averiguar, este hecho nada tenía que ver con la realidad.

Tras dirigirse a uno de sus compañeros de Blanqueo para decirle que “iba a explotar” ante “toda esta locura”, aquél le respondió que se iba a encargar de llevar adelante las investigaciones “a su manera, es decir, sin imputar a nadie gravemente pero sin investigar que lo denunciado era mentira”. Y uno de los motivos "para no investigar a fondo era el miedo al juez y al fiscal”.

La Policía Nacional ha aportado ante el Juzgado la comparecencia del subinspector junto a los dos últimos atestados elaborados por el cuerpo. En ellos, sus autores profundizan en los métodos presuntamente irregulares empleados por los antiguos investigadores para construir a la carta las investigaciones del caso Cursach.

En un anterior informe, la Policía señalaba que los integrantes de Blanqueo planificaron que los imputados de la causa “se vendieran” unos a otros con el objetivo de obtener incriminaciones sin tan siquiera disponer de pruebas sólidas para ello. Los investigadores pretendían, de este modo, sustentar sus tesis y llegar hasta la cúspide política de la que, a su juicio, emanaban las órdenes de las actuaciones que investigaban.

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