La violencia y la adversidad en la infancia pueden modificar el cerebro

La violencia de género que se produce en una casa ocasiona otro tipo de víctimas, los niños. Las medidas que se toman al respecto para procurar erradicar las conductas que llevan a esas trágicas cifras a largo del año no son suficientes. Por lo tanto, es necesaria una mayor implicación y trabajo por parte de la sociedad en general y de los organismos competentes en la materia.

Según estadísticas oficiales, aproximadamente 45 niños se han quedado huérfanos en 2019 y al menos tres menores han muerto a manos de uno de sus padres. Es relevante la elevada cifra de mujeres asesinadas cada año, lo que no añade menos valor a otro tipo de violencia como ejercida al hombre, a los ancianos, o a miembros de parejas homosexuales. Pese a esto la ley actual se refiere a violencia de género exclusivamente cuando se refiere a la mujer y a sus hijos menores.

La violencia de género

Este mes de diciembre, el porcentaje de víctimas ocurrido por violencia de género en Baleares ha incrementado sus datos. Es la segunda tasa más alta de víctimas, con 33,7 casos por cada 10.000 mujeres. La violencia a los niños y a sus madres supone una vulneración de sus derechos primordiales. Los hombres que ejercen violencia sobre sus mujeres las consideran carentes de derechos y libertades.

Aunque el niño no sea víctima o testigo directo del maltrato físico y/o psicológico que se produce en su casa, sí sufre determinados trastornos a raíz de una situación que se evidencia en el ambiente. Puede padecer trastornos emocionales, cognitivos y conductuales y dudar sobre lo que realmente está bien y lo que no. Frecuentemente son niños manipulados psicológicamente y se juega con los sentimientos que puedan tener hacia ambos progenitores.

En la actualidad, y amparado por la Ley Orgánica 8/2015 que entró en vigor hace cuatro años, se reconoce a los niños como perjudicados principales de esta lacra social. Son víctimas directas y merecen protección. El menor, si uno de sus progenitores es asesinado por el otro, llegará a percibir una pensión de orfandad del 100% de la base reguladora.

Baleares es una de las Comunidades que ha iniciado un programa para apoyar a menores y sus familias. Muchas asociaciones demandan ayuda psicológica y que se facilite a los huérfanos la cuantía que les corresponde sin traba alguna o tiempo de espera. Las familias perjudicadas por la violencia de género necesitan programas de inserción socio-laboral para las madres maltratadas y más casas de acogida o centros para niños cuando no tengan otros familiares que se hagan cargo. Y es que en algunos casos la otra víctima, el niño, es el gran olvidado.

Es necesaria mayor formación

La educación es la base principal para desterrar ciertas conductas a edades tempranas. Aprender normas y valores debe ocurrir en casa, con los padres en primer lugar, y a continuación en la escuela. Los niños necesitan ver conductas positivas entre sus padres y saber identificar términos de igualdad, respeto y cooperación entre ambos.

Las tareas domésticas, el cuidado del hijo y el valorarse personal y profesionalmente, son requisitos esenciales para que el hijo comprenda que hombre y mujer no deben diferenciarse por cuestión de sexo. Podrán evitarse entonces conductas sexistas. Los programas de prevención de violencia de género deben extenderse en los centros educativos para no llegar a situaciones de acoso.

La ley debe velar por la seguridad e integridad del menor y un padre agresor no puede convivir con su hijo. Es necesario que se agilicen los procesos en este sentido y se determinen pautas para mejorar todo lo que hoy en día parece incoherente. La justicia debe tener sobre la mesa los informes sobre los daños que la persona agresora ha causado tanto a la mujer como a los hijos, y actuar. La violencia de género es un asunto demasiado urgente como para relegarse a un último puesto. Hay demasiadas víctimas a las que se les destruye la vida.

Los niños indefensos

Ante situaciones de tal gravedad, los niños necesitan tratamiento con profesionales especializados. En Mallorca existen programas de atención a mujeres y niños que han sufrido la violencia de género. Es muy necesario un protocolo de actuación para estos difíciles casos. Los niños no pueden quedar desamparados. Entre ellos destaca el “Programa de atención para hijos e hijas de víctimas de mujeres víctimas de violencia de género” ofrecido por el Ayuntamiento de Palma.

Este programa pretende la prevención e interiorización para que los niños logren nuevas formas de relación positiva sin el uso de la violencia y la repetición de patrones negativos, pero sí la igualdad. Ofrecen apoyo y acompañamiento al niño y trabajo en sesiones individuales e interfamiliares de madres e hijos o grupales con otros niños víctimas de la violencia de género.

Aunque el niño no sea maltratado físicamente, sí lo es a nivel psicológico. La depresión, los trastornos de sueño, la ansiedad o el fracaso escolar, son algunas de las severas secuelas que sufren los niños. Los daños alteran su normal desarrollo y les vuelven agresivos, desobedientes y violentos.

Los pequeños se vuelven personas retraídas, desconfiadas, con baja autoestima y retraso escolar. Muchos niños no saben a quién recurrir y para protegerse componen una coraza llegando a justificar determinados actos. Resulta muy necesario apoyarles, ofrecerles patrones adecuados de conducta y orientarles sobre determinados malos hábitos y comportamientos.

Consecuencias a largo plazo

Los niños sufren, comprenden y perciben la amenaza real, sienten miedo y temen por la vida de su madre y por la suya propia. El niño está siempre alerta, tiene un desasosiego constante que limita su actividad diaria. El niño no logra ser una persona despreocupada porque no es feliz. Asimismo, se siente poco válido por no poder hacer más y ayudar a su madre, e incluso por no lograr discernir al culpable de la situación.

El niño puede volverse una persona inestable e incapaz de socializar y mantener relaciones positivas y fluidas con su entorno cercano y social. Le será difícil empatizar con otros y tener actitudes adecuadas con otras personas, sobre todo en el aspecto afectivo. La delincuencia, drogodependencias o hábitos de salud poco adecuados también pueden ser algo frecuente en su vida.

¿Qué hacer por el niño?

Los niños que viven la violencia de género y el maltrato a sus madres, necesitan ayuda y asesoramiento. El niño debe saber que los conflictos se resuelven con otro tipo de estrategias que no son la violencia. Su entorno debe ser el adecuado y sentirse seguro en él. Las rutinas en la vida del niño resultan de especial necesidad, y todo lo que suponga cambios drásticos no permitirá una base emocional sólida a corto plazo.

El niño está en edad de desarrollo madurativo e interioriza roles de comportamiento erróneos por lo que sucede en su círculo más cercano. La ley tiene que proteger a la infancia y velar por su bienestar. UNICEF asegura que el simple hecho de que el niño presencie actuaciones violentas ya le hacen víctima de la violencia de género. Estos niños son personas que desgraciadamente, no viven una infancia agradable sino que viven continuamente en la más injustificada violencia.

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