La edad de jubilación, llave de la crisis de las pensiones en Francia
Integrantes del sindicato Confederación General del Trabajo (CGT), en representación del sector transportista, encienden bengalas durante una manifestación contra las reformas de las pensiones, este jueves en París (Francia). EFE

Subir o no la edad de jubilación a 64 años como pretende el Gobierno aparece como la llave para convencer a los sindicatos reformistas, y así salir de la crisis que vive Francia por las huelgas contra la reforma de las pensiones que amenaza con prolongarse a las vacaciones de Navidad.

La Confederación Francesa de Trabajadores (CFDT) y en particular su líder, Laurent Berger, se perfila como el personaje principal en la operación de persuasión a la que se ha lanzado el Ejecutivo para sacar adelante la principal reforma del presidente, Emmanuel Macron, que por ahora tiene a la opinión pública mayoritariamente en contra.

Berger (51 años) aprueba la filosofía general del proyecto pero ha hecho de la llamada “edad de equilibrio” de 64 años una “línea roja” que no está dispuesto a aceptar la CFDT, primera central de Francia, y en eso coinciden los otros sindicatos reformistas dispuestos a negociar: CFTC, UNSA y La Fage.

Todos ellos consideran que aunque formalmente se mantenga la edad mínima de jubilación en 62 años, en la práctica se va a forzar a los trabajadores a seguir dos años más en activo para evitar sufrir penalizaciones en su pensión, y eso es “injusto e injustificado”.

Sobre todo porque esa “edad de equilibrio” que el primer ministro, Édouard Philippe, anunció este miércoles que se aplicaría a todo el mundo desde 2022, afectaría también a los que empezaron a trabajar muy jóvenes ya que, por ejemplo, los que empezaron antes de los 20 estarían cotizando más que los 42 años necesarios ahora para una pensión completa.

El primer ministro ha dicho que esos 64 años son su propuesta para garantizar que el sistema de pensiones pueda alcanzar el equilibrio financiero en 2027, el horizonte de entrada en vigor progresiva del nuevo sistema por puntos, pero que está abierto a otras opciones si se acuerdan entre sindicatos y patronal.

A comienzos de la semana próxima tiene previsto recibir a unos y otros. Berger ha advertido de que la CFDT estará el martes en las manifestaciones contra la reforma, aunque no compartirá consignas ni pancartas con las centrales que exigen su retirada, en cabeza de las cuales la Confederación General del Trabajo (CGT).

La CFDT se distingue claramente de la CGT, a la que el pasado año superó como primer sindicato del país, porque tiene una larga tradición de pactos, que su actual secretario general confirmó en 2015 con un compromiso para evitar el fracaso financiero de los regímenes complementarios de pensión.

Además, ha sido la gran promotora del sistema de pensiones por puntos, muchos años antes de que lo incorporara Emmanuel Macron en su programa de campaña para las elecciones presidenciales que le llevaron al Elíseo en mayo de 2017.

Ese sistema por puntos debe servir para unificar los 42 regímenes diferentes que hay ahora en Francia y, sobre todo, acabar con los privilegios de algunos regímenes especiales como los de los de la compañía ferroviaria SNCF y la entidad del transportes metropolitanos RATP, baluartes de la protesta con una huelga ininterrumpida desde el 5 de diciembre que afecta a millones de personas.

Pero los sindicatos reformistas rechazan que el paso a un sistema universal quede ocultado por una elevación de la edad de jubilación para conseguir el equilibrio financiero. A su parecer, ese no es un problema urgente, no figuraba en el programa de Macron y se podría abordar con otras medidas sobre la cotización o el fondo de reserva.

De ahí la firmeza de Berger cuando se le pregunta sobre su disposición a moverse en la cuestión de los 64 años: “Si la pregunta es cómo se aplica la edad de equilibrio, la respuesta es no”.

Más margen de maniobra se intuye en otros puntos que también quieren mejorar esos sindicatos en el proyecto de Philippe, como la pensión mínima, la jubilación progresiva o el reconocimiento de factores laborales penosos (tareas repetitivas, horarios nocturnos) que darían derecho a más puntos de cara a la jubilación.

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