¿Es posible volver a ser feliz tras la pérdida de un ser querido?
El ser humano ha de aprender a vivir con la falta del ser querido, hay una ruptura emocional aunque sí hay aliento para continuar.

La pérdida de un ser querido, un amigo o un familiar, es uno de los momentos más duros a los que debe hacer frente el ser humano. El dolor, desesperación y soledad que se sienten parecen no tener límite. No solo llegan esos sentimientos. La impotencia parece cebarse con la mente y no deja discernir lo negativo de la culpa para vislumbrar algo bueno. Probablemente resulte imposible pensar en volver a ser feliz.

En ese tiempo (días, incluso meses después del triste suceso) no se percibe la existencia de una superación y vista al frente, sino todo lo contrario. No obstante, sí es posible afrontar el momento y volver a encontrar el camino, el que lleva a la felicidad.

La pérdida de un ser querido

Tras el duro golpe llega la confusión. Nada parece tener sentido. Alguien que hasta hacía poco estaba ahí, desaparece. El sentimiento profundo de tristeza y nostalgia es insuperable. La casa donde vivía, los lugares visitados con esa persona, el perfume de su ropa, sus pertenencias más especiales…, se quedan.

El ser humano tiene una gran capacidad de resiliencia, lo que no implica que para algunos les suponga una ruptura total de su actividad cotidiana y se sientan desanimados para afrontar un nuevo día. Cuando esto sucede y el entorno no puede ayudar convenientemente o no tiene las estrategias necesarias, es recomendable pedir ayuda profesional para poder hablar sin censura.

El momento del duelo y los recuerdos

No hay estipulado un tiempo coherente para el duelo. Depende de cada persona. Es necesario sentirse arropado por el entorno más próximo y poder llamar a horas intempestivas. Probablemente lleguen días en los que se necesite tiempo para estar a solas, pensar o gritar y llorar hasta que no queden fuerzas. Pese a esto, que es algo muy normal, uno debe dejarse mimar, cuidar y proteger para no llegar a una depresión.

Aceptar la pérdida de alguien a quien se amaba tanto es demasiado difícil. Decir adiós lo es más. Lo recomendable es proporcionarse tiempo y espacio. Se dice que “el tiempo lo cura todo”, igualmente es duro y no debe forzarse. Cada persona afrontará la pérdida de un modo distinto. Unas personas presentan más entereza y quieren guardarse su pesar para sí mismos sin exteriorizarlo. Otros lloran hasta que se quedan dormidos y se sienten aliviados.

Los rituales de duelo deben realizarse si hacen bien. Hay personas que quieren despedir a su ser querido de un modo determinado y para tenerle siempre presente revisan fotografías, vídeos o solicitan alguna pieza de joyería que contengan algo de él. Pueden hacerse colgantes o pulseras de cenizas de cremación o de pelo del ser amado. Algo que siempre puede ir con uno y tocarse con fuerza cuando embargue la pena.

El otro lado de la muerte

Sigue existiendo en la sociedad actual la aterradora idea de la llegada de la muerte. Pese a que es un hecho que todo el mundo conoce y que muchos aceptan con normalidad, hay miedo, a lo desconocido y al dolor. Las personas miran al futuro con incertidumbre y esperan vivir lo máximo posible, haciendo deporte, comiendo lo que cada año y temporada se pone de moda… Pero sobre todo aparece el miedo a perder a alguien amado o a no poder estar siempre con él.

No resulta sencillo hablar de ello. Hoy en día no hay libertad para referirse a la muerte y el dolor. Aterra el sufrimiento, la soledad y la incapacidad para lidiar con ciertas situaciones. Pensar en perder a alguien que siempre ha estado ahí, que protegía, cuidaba, escuchaba…, que parecía inmortal, provoca cerrarse en banda y no exteriorizarlo. Pasar un momento tan duro ayuda a avanzar, a fortalecerse emocionalmente y a seguir viviendo. No obstante, esto no ocurre de un día para otro. No hay que “superar”, hay que seguir caminando paso a paso y al ritmo que cada uno necesite.

Seguir viviendo y llegar a ser feliz

Lograr comprender, interiorizar y hallar sentido a la vida tras la pérdida de un ser querido es un paso enorme y un complicado combate ganado. Después de un trance de estas características la persona ve la vida de otro modo y da valor a cosas que antes prácticamente ignoraba.

Se piensa erróneamente que, si no se habla de algo que causa daño, desaparecerá. Recordar al ser amado es positivo. Pensar en momentos agradables, de risas…, con otros amigos o familiares permite comprender el momento por el que se pasa y, con tranquilidad, pasar página, que no olvidarle. No hay que tener miedo a sentir, menos emociones poco agradables como la ira o el miedo. Es normal que ocurra internamente un batiburrillo de sentimientos y sensaciones. Esto permite descubrir cuánto se sentía por esa persona y el vacío que deja.

Llevar una vida sana: comer adecuadamente y hacer deporte facilitará salir del pozo. Compartir momentos con otras personas, hacer actividades al aire libre, enfocar el pensamiento en tareas diarias o el trabajo permite que la mente se libere y relaje. Está bien pensar en quien ha fallecido. Sin embargo, conviene permitirse descansar y hacer algo que distraiga y produzca satisfacción.

Vivir con la pérdida

Siempre se espera algo de cada persona. En ocasiones se coarta el modo de actuar por la influencia ejercida consciente o inconscientemente. Para pasar la pérdida de un ser querido primero hay que vivir un tiempo de pena y esto es necesario para poder asumir la situación y el nuevo momento que llegará.

Cuando llegue el día indicado cada persona sabrá que de lo malo vivido se ha construido algo nuevo y ahí comienza otra etapa. Uno se vuelve a dar permisos para hacer lo que quiera en cada momento. Han cambiado cosas, la persona que ha sufrido ya no es quien era y se mostrará al mundo. Aceptar la pérdida es un objetivo muy importante. Cuando se consigue, el dolor se minimiza y se da paso a otras vivencias que causan paz, incluso alegría.

El ser humano debe aprender a vivir con la falta del ser querido. Hay una ruptura emocional aunque sí hay aliento para continuar. Los recuerdos serán la sombra que le persigan y le completen. A esto se añadirán buenos momentos, gente nueva, sorpresas de la vida y llegarán las sonrisas y el bienestar emocional y psicológico. La culpa por volver a ser feliz desaparecerá y se comprenderá que el ser amado siempre desearía ver una sonrisa en el rostro de quien tanto ha sufrido ya.

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