El parto respetado la mujer quiere decidir

No existe cosa más íntima que afecte a la mujer que el momento de su parto. Llega un antes y un después de ese día. La mujer ha recorrido ya un camino y asentado una identidad, no solo personal sino también profesional, hasta tomar la decisión de ser madre. Tras ese día, para ella, nada volverá a ser igual.

El parto respetado implica tener en consideración a la mujer

Para hablar de parto respetado no solamente se debe hacer alusión al buen trato facilitado a la madre en el momento del alumbramiento. Cabe también incidir en el respeto dirigido al bebé, en la consideración hacia las necesidades y sentimientos de la mujer. Y por supuesto, en la capacidad de permitir a la mujer ser la conductora del proceso que va a tener lugar, que tenga información y se cumplan sus derechos, según la Ley de autonomía del paciente, y que se le ofrezcan alternativas en cada acontecimiento que ocurra. La Organización Mundial para la Salud (OMS) alude a la idea de que si el parto no requiere una intervención sanitaria ésta no se haga.

Convertirse en madres es para muchas mujeres algo exponencialmente gratificante que en ocasiones, por unos u otros motivos, no resulta tan sencillo como puede parecer. Poner todas las ilusiones y generar unas expectativas, bien por los datos facilitados por profesionales sanitarios que sigan el embarazo hasta el parto como por lo que se lee o escucha, provoca que si concurren elementos que alteren lo idealizado o programado el shock emocional para la mujer sea más difícil de sanar.

Expectativas hasta llegar al día del parto

El camino recorrido para tener un hijo, el embarazo, la espera, las esperanzas, los miedos, las inseguridades…, conforman un conglomerado de sensaciones que en ocasiones causan desequilibrio y confusión en la mujer. Los nueve meses de embarazo no significan alegría incondicional, también representan cambios hormonales (causados por la progesterona o los estrógenos entre otras) imprevisibles y complicados de controlar.

Previo parto, la mujer sopesa diversos temas: sobre todo desea vivir ese día del mejor modo posible y encontrarse cómoda ante el comprensible nerviosismo. Sea o no así, en muchos casos existe la información justa, quizás incompleta, o no logra darse del modo esperado porque concurren diversos aspectos. Una mujer puede elaborar el solicitado ideal de su plan de parto pero dar un giro todo en el último momento. Del mismo modo, el contenido del mismo puede no llegar a tener la profundidad requerida para lo que conlleva.

El papel del profesional sanitario

En un parto respetado el profesional que atiende el parto debe saber escuchar, no obligar, censurar o trastocar las peticiones de la madre. Esto no quiere decir que exista un parto base con el que medir otros. Cada caso es único, pero sí es importante tener presentes varios puntos clave. Deben tenerse presentes el bienestar de la madre y del hijo sobre todas las cosas y, ante las circunstancias que vayan ocurriendo, hablar, dialogar y actuar. Ante todo, en el plan de parto solicitado a la madre deberían exponerse más cuestiones o deseos de la mujer, y por ende, hacer lo posible para cumplirlos.

No se habla de una “no intervención” del personal sanitario en el parto respetado. Los profesionales pueden y deben intervenir convenientemente si el proceso así lo requiere, o bien acompañar, no obstante, siendo la mujer consciente, conocedora y consentidora del proceso a seguir. El poder exponer y decidir la hace parte esencial de todo, y esto causará en ella un sentimiento de control, conexión, confianza con el equipo, y comprensión totalmente estabilizadores.

Aspectos esenciales del parto respetado

Generalmente se le pide a la mujer que permanezca tumbada en la cama del hospital para dar a luz a su hijo, algo contraproducente para la óptima y natural salida del bebé, ya que interfiere en la llegada del oxígeno. Si la mujer decide no estar en esa posición no se la debe obligar o convencer. Ella debe estar informada por el profesional, con potestad para opinar, y para cambiar de pensamiento si se encuentra a disgusto. Tanto es así que incluso la OMS apoya el hecho de tener la opción de decidir si desea, y en qué momento, la epidural.

En un parto que no presente complicaciones y previo al cual el embarazo no se haya considerado de riesgo se le debería permitir estar acompañada y arropada por sus seres queridos, un estímulo esencial para lograr dar lo mejor de sí y tener las fuerzas y el arrojo necesarios para sacar adelante la situación. El instante en que el bebé nace es crucial, y ahí se fortalece y afianza el vínculo madre-hijo. Ambos deben permanecer juntos, tocarse, olerse, escucharse o sentirse, y no separarse. También es tiempo para iniciar su lactancia (si es el deseo de la madre), algo recomendado durante la primera hora tras el nacimiento del bebé, ya que es ahí donde el agarre al pezón por el neonato se produce de un modo innato.

Cuando existen acciones que enturbian el momento

Cuando no se tiene en cuenta a la mujer, no se le va informando de los pasos a seguir, se la tiene sufriendo, al bebé padeciendo con ella, se incumplen sus deseos, la mujer se sentirá asustada, afrentada, incluso maltratada psicológicamente, algo que le afectará a corto plazo. Se dan incluso casos donde el instrumental utilizado para sacar al bebé, los enemas o la episiotomía, causan más que daños físicos en la madre, y sus perjuicios están en debate público. Todo ello hay que exponerlo y hablarlo cuando existan casos en los que no sea necesario su uso y la madre no esté de acuerdo en utilizarlos.

Con todo esto cabe concluir que el personal que atiende el parto, el ginecólogo, la matrona…, deben dar paso a las figuras principales, que son madre e hijo, y que el ambiente se prepare propicio para ambos. Muchas madres exigen con ímpetu que no se las relegue a un plano secundario y que su parto, si está confluyendo adecuadamente, pueda tener un término natural, apenas intervenido o con apoyo, pero muy respetado.

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