Un exmiembro de Blanqueo admite que había una “obsesión” por investigar a Cursach


Uno de los miembros del Grupo de Blanqueo de la Policía Nacional que investigó el caso Cursach ha reconocido que, cuando se encontraban al frente de la causa, había una “obsesión”, principalmente por parte del jefe del grupo, por sacar adelante las pesquisas en torno a las actividades desplegadas por el empresario del ocio Bartolomé Cursach. Para ello, ha manifestado, llegaron a valerse de testigos maleables y de nula credibilidad en los que apoyarse.

El subinspector, que ha prestado declaración, esta mañana, en calidad de investigado en el marco de la causa que indaga la presunta instrumentalización de imputados y testigos dirigida a allanar las condenas del caso Cursach, ha manifestado que llegó a elevar un escrito interno a Jefatura en el que deploraba el cariz que estaban tomando las investigaciones, se enfrentó duramente a su jefe por ello y, en varias ocasiones, mostró su tajante desacuerdo con el modo con que el procedimiento se estaba instruyendo.

Según ha señalado, entre las prácticas supuestamente irregulares a las que se opuso se encuentran las coacciones a las que se vieron sometidos varios testigos protegidos, principalmente el 26, el 29 y el 31, entre otros, sobre quienes pivotaba buena parte de las investigaciones.

Y ha ido más allá. Durante su comparecencia, a lo largo de la cual únicamente ha respondido a las preguntas de su abogado, Pedro Horrach, el exintegrante de Blanqueo ha apuntado a la estrecha relación de los policías con el entonces juez instructor de la causa, Manuel Penalva, y el exfiscal anticorrupción Miguel Ángel Subirán.

Un aspecto que no solamente ha resaltado el subinspector sino también el resto de sus compañeros de Blanqueo que también han desfilado, esta mañana, ante la magistrada Carmen Abrines. La magistrada tomó las riendas de la causa centrada en las presuntas filtraciones y las presiones a las que los investigadores habrían sometido a determinados testigos para sustentar sus acusaciones.

La creación del chat, ordenada por Penalva

Durante cinco horas de interrogatorio, todos ellos han reconocido la existencia de un chat de whatsapp que los agentes mantenían abierto con Penalva y Subirán en paralelo a la instrucción del caso Cursach. Pero no sólo eso. Una exmiembro de Blanqueo ha apuntado que fue el propio Penalva quien ordenó la creación del chat puesto que quería estar en permanente contacto con los efectivos policiales, atento a cada uno de los pasos que estos efectuaban en sus investigaciones.

A preguntas de la fiscal Concepción Sabadell -quien se ha desplazado desde Madrid junto al también representante del Ministerio Público Tomás Herranz-, la agente ha subrayado que los integrantes de Blanqueo tenían abiertas una ficha por cada uno de los detenidos en una de las líneas de investigación del caso Cursach. En uno de los últimos informes aportados a esta causa, la Policía Nacional señala cómo en las fichas se planteaban un objetivo respecto a cada arrestado.

Las tácticas de Blanqueo contra los detenidos del caso Cursach

No en vano, en el caso de uno de los arrestados figura cómo los responsables de Blanqueo pretendían, como así lo exponen en su ficha, que éste “vendiese” a otro de los detenidos y “jugar con la libertad” de su mujer para presionarle.

Según la Policía Nacional que ahora investiga el papel del grupo de Blanqueo, éste planificó que los imputados de la causa “se vendieran” unos a otros con el objetivo de obtener incriminaciones sin tan siquiera disponer de pruebas sólidas para ello. Mediante este sistema, los investigadores pretendían apoyar su relato de acusaciones y llegar hasta la cúspide política de la que, a su juicio, emanaban las órdenes de las actuaciones que investigaban.

La propia agente ha aseverado, además, que tanto Penalva como Subirán conocían de antemano las detenciones que se iban a producir y cómo estas eran consensuadas por los investigadores. En esta misma línea, otro de los investigados ha señalado, además, que estuvo en varias ocasiones en casa de Penalva.

Finalmente, el jefe del grupo ha explicado que durante el tiempo en que las diligencias del caso Cursach estuvieron en sus manos, tenía el convencimiento de que en su despacho le movían las cosas de sitio e inspeccionaban su ordenador, lo que le llevó a comprar varias grabadoras para registrar las posibles conversaciones y movimientos que se produjeran durante su ausencia de las dependencias policiales.

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