Bad Gyal:
La cantante Bad Gyal durante una actuación. EFE


El de la barcelonesa Bad Gyal, cuyo nuevo tema «Alocao» le ha dado su primer número 1 en España, es uno de los ejemplos más vivos de esos artistas urbanos que, desde los sótanos de la sociedad musical, sin medios ni formación pero con ganas y olfato, están subvirtiendo el viejo mundo con nuevas formas y cadencias para conquistar la cima de las listas de ventas.

«Iba a ciegas. Aprendí yo sola a grabar con los programas que tenía en casa, en la habitación con más abrigos para amortiguar los sonidos, y la fama me la han dado Internet y las redes. Por eso no es fácil que se te respete igual o llegar a las masas. Es la principal batalla de artistas como yo, que se nos tome en serio», cuenta esta mujer nacida Alba Farelo (Vilassar de Mar, 1997).

Después de haberse hecho escuchar cada vez con más fuerza gracias a discos como «Slow wine» (2016) y, sobre todo, «Worldwide Angel» (2018), llega  un nuevo tema, «Alocao«, que esta semana le ha proporcionado su primera canción número 1 en España y es fruto de su colaboración con el rapero Omar Montes, célebre por ganar un conocido «show» de telerrealidad.

«No lo conocí por la televisión, sino por su música. A mí me da igual si él ha ganado ‘Supervivientes’ o si era basurero. A mí lo que me gusta es la gente real, la que tiene algo de verdad y no horchata en las venas. Omar venía a verme cuando yo pinchaba en Madrid ‘dancehall’ y él hacía flamenco, y es lo que me flipa, que los dos nos encontremos y nos aceptemos», destaca.

Su amor por ese estilo jamaicano comenzó a los 8 años con el primer álbum del género que se hizo pop y obtuvo éxito comercial en el mundo, «The Trinity» (2005) de Sean Paul, para derivar de allí a artistas más fieros como Ñejo y Dálmata y «lo más underground de Puerto Rico».

«Esa música se me metía por dentro por el ritmo. Escuchaba pila de barbaridades pero no las entendía, cosas muy fuertes de armas y drogas que yo no toco. Al escucharlo ahora, flipo», reconoce, antes de confesar que «seguramente» es la misma reacción que provoca en los padres de los niños que se han prendado de su música.

Panadera y estudiante de Diseño de Moda antes de asumir las riendas de su carrera musical como Bad Gyal (que en el argot caribeño significa «chica mala»), Farelo pasó de ser «la rara» que escuchaba una música sin mucho predicamento en España a ponerse en el centro del huracán a partir de 2016 con temas como «Pai», versión en catalán del «Work» de Rihanna y Drake.

«Ese tema fue el primer aviso de que el ‘dancehall’ iba a ser algo global. Fue cuando supe que tenía que versionarlo, porque yo ya escuchaba a todos los que inspiraron a Rihanna a hacerlo», afirma esta música que prospera con una singular combinación de ese género, «de reguetón de calle» y de trap.

Recién fichada por una multinacional, afirma que sigue imponiendo su visión. «En mi música no hay ningún ejecutivo metiendo el hocico y se me está respetando bastante mi carácter», dice, tras definirse como «del otro lado del abanico, de las que vienen duro y no tienen problema en hablar claro».

Artista transfronteriza que ha cantado en catalán, en español y en inglés, sí se muestra cauta al pronunciarse sobre el conflicto del «procés» hasta tener «una opinión política formada».

«Lo que sí me parece horrible es que uno no se pueda manifestar en paz, sea en Cataluña o en Chile. En Barcelona se ha creado más violencia porque es muy fuerte que llegue la Policía y empiece a pegar a alguien por estar sentado en el suelo. Yo he escuchado los disparos de pelotas de goma y he tenido que correr, aunque no estuviese en la manifestación», denuncia.

En la música urbana, a los que practican su estilo hay quien les llama «pachangueros»; a ellas, en un género en el que abundan las palabras gruesas, «más cosas». «No me siento a gusto con el término ‘puta’, no va con mi personalidad», opina quien respondió a esos calificativos con el tema «Zorra» y que se ha empoderado con una forma de feminismo muy sexual.

«Me hace sentir bien verme y sentirme sexy, me da sensación de poder y de control. Además, desde que he experimentado con el baile, me ha sacado algo sensual», cuenta Farelo, quien no descarta seguir haciendo «twerking» a los 60 años, «como las ‘vedettes’ que siguen en activo a esa edad» y que ve «como unas jefas».

Con los laureles de «Alocao» tan frescos, Bad Gyal sigue «muy enfocada» en trabajar y seguir grabando, por ejemplo «con mucha gente del otro lado del charco», pero tras más de 40 «previews» subidas a Internet, no hay fecha cerrada para su próxima «mixtape».

Sí hay un abultado calendario de conciertos con su gira «SoundSystem» que, con todas las entradas agotadas, la llevará a Barcelona (30 de noviembre y 1 de diciembre, Razzmatazz) y Madrid (5 de diciembre, La Riviera).

En marzo pasará además por Valencia (día 3, Oh!), Alicante (día 7, The One), Pamplona (13, Zentral), Bilbao (14, Santana 27), Sevilla (20, Custom), Granada (21, Industrial Copera), Gijón (27, Teatro Albéniz) y A Coruña (28, sala Pelícano).

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