Sanitarias relatan el sufrimiento extremo de la mujer quemada por su expareja


Una médica, una enfermera y una técnica de emergencias sanitarias que atendieron en primera instancia a la mujer rociada con gasolina por su expareja en 2016 en Alcúdia han relatado este martes ante el jurado que juzga el caso el sufrimiento extremo de la víctima, «quemada de la cabeza a los pies».

«Solo decía que le quitásemos el dolor», ha testificado la técnica que prestó la primera asistencia tras llegar en ambulancia con dos sanitarios del centro de salud más próximo hasta la casa de los padres de la víctima, que había llegado hasta allí conduciendo un turismo junto a su hijo tras ser quemada en una vivienda próxima por el hombre que había sido su pareja sentimental.

El acusado, que en la primera sesión del juicio en la Audiencia de Palma admitió el asesinato tras pactar con las acusaciones una condena de 30 años y 8 meses de cárcel, se ha sentado por segundo día en el banquillo para escuchar los testimonios de algunas de las personas que atendieron a la mujer que quemó, tuvieron algún tipo de intervención o investigaron los hechos.

La médica del servicio de emergencias 061 que anestesió, sedó y relajó a la víctima para intubarla antes de su traslado en UVI móvil hasta el hospital Son Espases de Palma ha explicado que cuando llegó a la casa de los padres de la quemada, que falleció días después con 34 años, la mujer estaba tumbada sobre la cama con quemaduras de segundo grado (con ampollas y piel desprendida) en el tórax.

Estaba consciente y le contó que su expareja le había tirado un combustible por encima y le había prendido fuego, ha indicado la doctora, que la tranquilizó prometiéndole que le iba a quitar el dolor con la anestesia que le aplicó.

Tras la médica, para quien esta intervención fue «muy impactante», ha testificado la enfermera que le acompañó en la asistencia, quien ha abundado en que la víctima tenía «mucho dolor» y para quien también resultó «impactante» saber por la propia aquejada que había conducido desde su casa hasta la de sus padres en aquel estado.

Ha detallado que las quemaduras del torso habían levantado la piel y que supuraba, lo que hizo difícil fijarle los electrodos necesarios para el control de su estado durante el traslado en ambulancia.

Antes de las sanitarias han declarado dos empleados de la gasolinera donde el autor confeso del asesinato, de 41 años, compró la gasolina que empleó para cometer su crimen y con la que, según declaró el lunes, no quería matar a su expareja sino «marcarla» porque había roto la relación con él, con quien tenía un hijo que entonces tenía 22 meses y que también sufrió heridas leves.

También ha declarado una vecina que vio salir humo de la vivienda que compartían el agresor, su víctima y el bebé, y que fue quien dio el aviso a los servicios de emergencias.

Esta mujer vio como la víctima pedía auxilio con su hijo en brazos desde el exterior de la casa. «Le vi la cara negra; no me di cuenta de que estaba quemada», ha indicado la testigo.

Cuando salió a la carretera para indicar el acceso a las viviendas a la policía, la vecina escuchó al acusado gritando «que le mataran» y le vio «con los brazos en alto y un cerveza en la mano». «Lo único que decía era ‘matadme, por favor, matadme, no quiero vivir'», ha insistido sobre la actitud del procesado cuando llegó la policía.

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