La gripe mató a 6.300 personas el año pasado, pero la cifra real es superior


La gripe mató a 6.300 personas la temporada pasada, aunque «parte de las muertes atribuibles» a esta enfermedad vírica «no se registran como tal», por lo que «probablemente» el número real «esté por encima de esas cifras», según la directora de Salud Pública, Pilar Aparicio.

En una entrevista con motivo del inicio de la campaña de vacunación, Aparicio ha lamentado las bajas tasas de cobertura frente a este virus y ha admitido que «todavía estamos pagando las consecuencias de cómo se manejó el tema de la gripe A que provocó cierto desprendimiento» de la población hacia la vacuna.

Al Ministerio le interesa «mucho» revertir esa situación «porque somos conscientes de que con la vacuna se están evitando, fundamentalmente, las complicaciones» derivadas de la gripe, como la neumonía, que puede llegar a ser grave.

«El año pasado las coberturas globales no fueron todo lo buenas que nos gustaría; estamos todavía lejos de nuestros objetivos», ha insistido.

Así, en los mayores de 65 años, uno de los colectivos prioritarios de la campaña, la tasa la pasada temporada fue del 54 % (4.761.626) y el objetivo esta temporada es llegar al 65 %, mientras que para las embarazadas y el personal sanitario se pretende alcanzar el 40 % de cobertura.

Las tasas, además, varían en función de las comunidades, tanto en población general, donde «tiene que ver con la demografía», como en relación al personal sanitario, un colectivo en el que las diferencias «son muy grandes», y, según Aparicio, se debe a que algunas autonomías han sido «muy activas en promover la vacunación y se nota».

Por ello, la representante del Ministerio de Sanidad considera que «haría falta que las comunidades menos activas se implicasen más».

Aparicio ha explicado que la Comisión de Salud Pública, en la que están representados el Ministerio y las autonomías, ha planteado realizar un estudio sobre las causas del rechazo a la vacunación.

A su juicio, los profesionales sanitarios «no tienen percepción del riesgo y, a veces, no son conscientes de la capacidad de difusión del virus que tienen» al estar en contacto con personas con riesgo de sufrir complicaciones.

En la población general, «hay un porcentaje que piensa que ‘es lo de todos los años'» y que cree que las vacunas «son cosa de los niños», ha asegurado Aparicio.

«Tenemos un calendario de vacunación a lo largo de toda la vida y una de las que más se recomienda, tanto a personas mayores como grupos de riesgo, es la vacuna de la gripe», ha precisado.

Para que sea eficaz es preciso utilizar siempre la vacuna correspondiente a la temporada en curso, ya que su composición puede ser distinta cada año (se diseña en función de los virus que circularon la pasada temporada), y repetir la vacunación todos los años en el cuarto trimestre.

De momento no hay ninguna indicación que haga prever que esta temporada vaya a haber «algún cambio sustancial» respecto a la pasada, que aunque no fue virulenta provocó que cerca de medio millón de personas fueran atendidas por gripe leve, 35.000 hospitalizaciones, más de 2.500 ingresos en UCI y «un número no descartable de fallecimientos».

La campaña va dirigida fundamentalmente a evitar las complicaciones derivadas de la gripe, por lo que la prioridad son los mayores de 65 años, los adultos con enfermedades crónicas como diabetes, obesidad mórbida, patologías renales, cáncer, etc, y los bebés de entre 6 meses y dos años.

Un objetivo «también importantísimo», ha apuntado Aparicio, son las mujeres embarazadas en cualquier mes de gestación. «La vacuna las protege a ellas y también a sus bebés».

Y luego están aquellos que pueden transmitir la gripe a personas con alto riesgo de sufrir complicaciones como los profesionales que trabajan en centros sanitarios y en instituciones geriátricas, estudiantes de medicina, cuidadores a domicilio, fuerzas del orden público y bomberos.

Además de la vacunación, la otra herramienta de prevención de la gripe son las medidas higiénicas tales como taparse la boca al toser o al estornudar, preferiblemente con pañuelos desechables, lavarse con frecuencia las manos, sobre todo después de haber tosido o estornudado, y procurar no reutilizar los pañuelos empleados al estornudar o limpiar las secreciones nasales.

A partir de ahora, las comunidades autónomas tienen libertad para empezar la vacunación «siempre dentro de un margen» de dos o tres semanas, «que no afecta para nada a la evolución de la enfermedad», ha indicado Aparicio.

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