Crucero, verano, personas


Desde enero a julio de este año un total de 23.199.952 personas han pasado por los aeropuertos de Baleares, este sábado alrededor de 13.369 cruceristas recorren las calles de Palma y un número desconocido de personas con agorafobia piensa “no puedo escapar, no tengo a nadie que me ayude y tengo miedo de hacer el ridículo”.

Elisabeth Rigo, psicóloga general sanitaria en el centro Mentalment, explica que el verano puede agravar los síntomas físicos de la ansiedad, lo que repercute negativamente en las personas que sufren agorafobia, un trastorno psicológico en el que la persona tiene miedo a lugares de los que sería difícil escapar o en los que podría sentirse avergonzada o no disponer de ayuda.

“Al pasear por la calle hay muchísima más gente, el autobús está a tope, cualquier evento al que vas está lleno”, señala Rigo, quien precisa que el calor y la humedad del verano provocan que la gente se agobie más y que tenga una mayor probabilidad de marearse.

“A una persona con agorafobia esos síntomas le generan mucha ansiedad”, señala.

Por este motivo, alega que la mayoría de personas agorafóbicas tendrá más dificultades para salir a la calle y evitará hacerlo durante algunas horas del día.

“Esto lo hacen todo el año pero más en verano”, indica, ya que “es más agobiante y estresante para ellos porque no llevan bien las aglomeraciones”.

La psicóloga destaca que el verano es una época “claramente” más difícil en Mallorca “porque hay gente por todos lados”.

Rigo precisa que para diagnosticar este trastorno se debe analizar si la persona tiene miedo durante más de seis meses a dos o más situaciones relacionadas con desmayarse en público, sufrir ataques de ansiedad, salir solos de casa, conducir, viajar en transporte público e ir a lugares con aglomeraciones, entre otras.

Sin embargo, recalca que es importante dejar claro que la agorafobia no es lo contrario de la claustrofobia. “No es solo miedo a espacios abiertos, sino también a espacios cerrados en los que veo que no voy a poder escapar o que va a haber mucha gente y me voy a agobiar”, indica.

Los síntomas de este trastorno suelen aparecer en la adolescencia tardía o entre los 25 y los 30 años, aunque pueden hacerlo en cualquier momento, según comenta.

«Suele darse más en mujeres, más o menos la proporción de personas que tienen agorafobia es 2 a 1, cada dos mujeres un hombre», sostiene.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 2 de cada 3 personas con un trastorno mental no piden ayuda.

“Hay mucha gente que no sabe lo que tiene, no sabe que le pueden ayudar y aparte de esto está el estigma”, subraya Rigo, que concreta que muchas personas normalizan la agorafobia como si fuera un estilo de vida más.

El tratamiento psicológico que se emplea para la agorafobia es el cognitivo conductual.

En una primera fase se enseña a tolerar los síntomas de la ansiedad y a reducirlos con técnicas de relajación y de respiración. Luego se trabaja el tema de los pensamientos: se les instruye para que aprendan a no anticipar y a no tener una visión tan catastrófica.

“La parte más importante del tratamiento es la exposición”, especifica y explica que consiste en exponer gradualmente a estas personas a las situaciones que temen para que se den cuenta de que no son tan graves.

“Sin tratamiento es muy difícil, porque la inercia que tenemos es a seguir evitando y es como un pez que se muerde la cola”, lamenta.

Por su parte, la presidenta de la Asociación de agorafobia de Mallorca y psicóloga, Isabel Llauradó, sostiene que lo que mueve a las personas a contactar con ella es la “desesperación”.

Según explica, la gente que llama a la asociación lleva muchos años con este trastorno y ya no sabe cómo gestionar su vida. “Es muy importante que cuando la gente llama desesperada tenga a alguien que le escuche”, asegura.

No obstante, confiesa que en muy pocas ocasiones ha conseguido quedar con las personas que le llaman y que generalmente trata con ellas por teléfono.

“En algunos casos la gente se cierra a salir”, lamenta y añade que lleva la asociación a nivel personal para ayudar a las personas que lo necesitan, ya que los agorafóbicos «tienen miedo al miedo».

“Para mí lo importante es que nosotros nos entendemos, el contacto y la empatía”, destaca.

“No se acaba todo por tener un trastorno de ansiedad”, insiste y da esperanzas a las personas que lo sufren.

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