Un manto negro de ceniza cubre el corazón de Gran Canaria
Zonas afectadas por el fuego del incendio forestal, vistas desde la cruz de Tejeda, con el Teide (Tenerife) al fondo. EFE/


Un intenso olor a quemado, un manto de cenizas y el color negro se han adueñado de la cumbre de la isla de Gran Canaria, que comienza a respirar tras el incendio que ha calcinado 12.000 hectáreas y ha obligado a la evacuación de más de 9.000 vecinos.

La zona de origen del incendio, Cueva Corcho, en Valleseco, se encuentra desolada y desierta, con una capa de cenizas que se extiende por la ladera. Es el epicentro de las llamas que han arrasado el interior de la isla en cuatro días y que, aunque contenido, sigue sin declararse extinguido.

El Barranco de los Pajaritos, punto clave del inicio del fuego se presenta totalmente desierto y sin signo de vida, con un humo débil que sobrepasa la capa de ceniza que lo cubre en varios puntos aún calientes.

Esta será la zona donde se centren las investigaciones que esclarezcan la causa del incendio forestal, una vez esté extinguido el fuego por completo.

La misma imagen presenta el Cruce de Las Pereras, con vallas calcinadas y una lengua negra que es testigo de la voracidad de las llamas, que llegaron a alcanzar los 50 metros de altura. A pesar de que ya en el día de hoy vecinos evacuados de diez barrios de Gran Canaria han podido regresar a sus hogares, el subsuelo en las zonas más atacadas por el fuego sigue desprendiendo calor y humo.

En la zona de la Cruz de Tejeda, el paisaje también se ha teñido de negro, uniendo las zonas quemadas y en periodo de regeneración del incendio del pasado 2017 con el que se originaba a las cuatro de la tarde del pasado sábado.

El Parador Nacional de Cruz de Tejeda, reabierto hace unos meses tras una reforma completa y una inversión de 2 millones de euros, a pesar de haber sido testigo de la intensidad de las llamas se mantiene intacto, bordeado por cenizas y por un paisaje desolador de árboles calcinados.

Un grupo de medios de comunicación se han adentrado junto a la Policía Canaria en zona quemada, una visión del área afectada que ardía con intensidad el sábado y domingo y ya no tiene llamas visibles, aunque sigue siendo refrescada por los equipos aéreos de extinción de incendios, a los que sí es posible visualizar en el horizonte.

Los operativos siguen blindando la zona y apagando el calor que aún existe bajo la superficie, descargando agua, un total de seis toneladas por viaje en el caso de los cuatro hidroaviones que están trabajando, además de nueve helicópteros y tres air tractor.

El olor a humo y a quemado es penetrante en toda la zona de cumbre, aún con el acceso cerrado y donde solo transitan actualmente las brigadas contra incendios forestales, trasladadas de las bases de Punta Gorda (Santa Cruz de Tenerife),Tabuyo (León), Pinofranqueado (Cáceres) y Daroca (Zaragoza), con 389 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y un total de casi 1.000 personas que trabajan en diferentes turnos para acabar con el fuego.

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