Fotos: Isabelle Sleijpen

La sensualidad y la elegancia de Melody Gardot pasó anoche por Mallorca para demostrarnos que las divas del jazz no son cosa del pasado.

La voz de la cantante, nacida en Filadelfia, cumple todas las normas del género. Es intimista, intemporal, y canta así, como sin querer, como solo saben hacerlo las grandes.

Port Adriano continua con su programación de conciertos y ofreció anoche a un público afortunado la posibilidad de asistir a la sofisticación de lo simple con la presencia de esta polifacética artista norteamericana.

Cercana y distante a la vez, observándolo todo siempre tras sus gafas oscuras, salió al escenario sobre las nueve y media para ser recibida por un público impaciente que sabía exactamente a qué había venido.

Melody Gardot compone y canta sus propios temas con la misma soltura con la que toca el piano o la guitarra. Su camino pasa por revisitar y hacer suyos grandes temas del jazz o de la canción francesa, llegando a atreverse, sin problemas, con la música en portugués.

Se ve que puede con todo.

El terrible accidente que la llevó a convertirse en artista

A los 19 años sufrió un terrible traumatismo craneal tras ser atropellada por un coche cuando circulaba en bicicleta. Su médico, preocupado por las secuelas que podía sufrir tras el accidente, le aconsejó la música como terapia.

Tras el dramático suceso, tuvo que aprender a vivir de nuevo sin ni siquiera poder caminar.

De modo que fue así, desde una cama, cómo la música la rescató y la ayudó a salir de una vida rota y de un cuerpo destrozado con numerosos daños neuronales.

Este proceso no fue ni rápido ni estuvo exento de exento de dolor.

La parte hermosa de esto es que tras un accidente que casi le mata, Melody Gardot comenzó una segunda vida sustentada por la música.

El resto, empieza a tocar con los dedos la leyenda.

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