JUICIO EN LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE BALEARES A UNA MUJER POR ASESINAR A SU MARIDO Y DÁRSELO DE COMER A SUS PERROS EN SANT LLORENÇ
EP


Los expertos en criminalística de la Guardia Civil creen que la víctima de Cala Millor fue asesinada sobre la cama del dormitorio en la casa donde convivía con la acusada, su esposa, una mujer rusa de 49 años que se enfrenta a una petición de condena de 25 años de cárcel por un presunto delito de asesinato.

Los tres agentes que elaboraron un informe sobre los indicios hallados en la casa y en el cuerpo de la víctima han comparecido este lunes como peritos en el juicio que celebra un Tribunal del Jurado en la Audiencia Provincial.

Durante su declaración ante el Jurado el primer día del juicio, la acusada defendió su inocencia y sostuvo que su marido, un alemán de unos 70 años, murió atacado por uno de sus perros -el macho, un pitbull llamado Lord-.

Los guardias civiles consideran que la víctima fue sedada y que, sobre la cama, se le practicaron unos «primeros cortes» para desangrarlo y «debilitarlo», para posteriormente descarnarle los brazos con un «cuchillo de sierra».

El brigada que ha expuesto los detalles del informe ha apuntado que posiblemente el cuchillo utilizado fuera el que se encontró entre dos colchones en la cama, que tenía manchas de sangre de la víctima. Se encontraron varios trozos de carne de pequeño tamaño en el dormitorio, en el baño y en la cocina.

Se encontró otro cuchillo sobre la encimera de la cocina, donde había una importante acumulación de sangre, «algo que se ha puesto allí impregnado», según el experto. Sin embargo, en la casa no encontraron «gotas gravitatorias» que indicaran que la víctima se hubiera desplazado mientras sangraba.

En ninguno de los cuchillos intervenidos se encontraron huellas que pudieran estudiarse, ni ADN de la acusada, que tenía sangre de la víctima en la ropa y en sus manos.

Sobre la mesa del salón, en un vaso de café de plástico, había una sustancia blanca en polvo. El análisis determinó que era diazepam. Por eso, los guardias civiles creen que la víctima fue sedada para poder desangrarla. Consideran que fue sobre la cama por la acumulación de sangre en el colchón y las sábanas, y por las manchas de arrastre piensan que después se bajó el cuerpo al suelo.

PROYECCIONES EN EL BAÑO

Además, en el baño de la casa, en muebles y la mampara de la ducha, identificaron proyecciones que «no son compatibles con ninguna herida», sino que son propias «de un objeto manchado de sangre en movimiento». Así, las atribuyen a un lanzamiento de carne impregnada.

En la basura encontraron una botella de vodka vacía y envoltorios de diazepam. También examinaron una fregona para investigar si se usó para limpiar la escena, pero no encontraron restos de sangre.

Los expertos de la científica también han resaltado la existencia de heridas en el cuerpo de la víctima que implican la intervención de una herramienta cortante. En particular, han resaltado la presencia de cortes que son «perfectamente rectos». «Eso es imposible que lo haga un perro. Un perro presiona y estira, lo más lógico es que deje la mordedura marcada», ha argumentado el brigada.

Igualmente, se encontraron huellas de perro en las manchas de sangre alrededor del cadáver y mordeduras en el cuerpo, y los perros tenían sangre en la cara, el pecho y las patas. La Guardia Civil cree que los perros sí mordieron a la víctima, aunque han afirmado «contundentemente» que la muerte del hombre «no fue a consecuencia de los perros».

LA DEFENSA PIDE DEDUCIR TESTIMONIO CONTRA UN TESTIGO

Durante la vista, el letrado de la defensa ha pedido deducir testimonio contra un taxista que ha declarado como testigo. El hombre ha contado que transportó a la mujer y a la víctima en su taxi el día antes de los hechos, y que la acusada estaba muy alterada y gritaba a su esposo. Sin embargo, también ha dicho que la llevó el día después de los hechos, pero según ha apuntado la defensa, en ese momento ella ya estaba detenida, por lo que el letrado le ha acusado de mentir.

En la sesión de este lunes también ha comparecido como testigo la veterinaria que acudió para medir la dentadura de los canes. Según ha explicado, ‘Linda’ -así se llamaba la stafford americana del matrimonio- «era más miedosa» y «por seguridad» decidieron sedarla.

No hizo falta sedar al otro perro, el pitbull, y la veterinaria le tomó las medidas ayudada por otra persona que le sostuvo la boca al can, que no hizo «ningún amago» de atacarla. Este perro -al que la acusada culpa de la muerte de su esposo- tenía uno de los dientes astillados. La veterinaria no le tomó un molde porque carecía de los medios necesarios.

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