Incendio de la catedral de Notre Dame
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El incendio iniciado el 15 de abril en la catedral parisina de Notre Dame generó una emoción compartida por la aparente fragilidad de un símbolo que trasciende fronteras. Dos meses después, Francia aún tiene pendiente la investigación que está llamada a esclarecer las causas de la tragedia y la ratificación de una ley que permita gestionar una reconstrucción a la que el Gobierno por ahora no se atreve a poner cifras.

Todo comenzó con unos trabajos de reconstrucción que las autoridades estimaron necesarios, habida cuenta de las «señales de debilidad» que ya mostraba la aguja. El levantamiento de un andamio en torno a esta pieza clave dio paso cinco días antes del incendio a unos trabajos de rehabilitación que comenzaron por retirar mediante helicópteros 16 estatuas ubicadas junto a la aguja –doce apóstoles y cuatro evangelistas–.

En torno a las 18.00 horas del 15 de mayo se desataron las primeras llamas. La Policía ha abierto una investigación al respecto para determinar exactamente el origen, pero el embajador encargado de la movilización internacional para Notre Dame, Stanislas de Laboulaye, ha reconocido que la principal hipótesis sitúa el origen del incendio en la zona de la aguja –«no estamos seguros al cien por cien», ha matizado–.

A las 19.00 horas, llegó «el momento más grave», porque las llamas subieron por la aguja y se propagaron por la carpintería de la cubierta, «extraordinariamente compleja y muy ligera». «El fuego se propagó a toda velocidad», ha admitido De Laboulaye, en un encuentro con periodistas en el que ha reconocido que hubo un momento en el que «no se sabía si iba a poder mantenerse en pie la catedral».

El embajador galo ha explicado que hubo 15 o 20 minutos críticos, en torno a las 23.00 horas, cuando el fuego comenzó a llegar a la torre norte. Si hubiese ardido la cubierta de madera que preserva toda la zona del campanario, la torre se habría terminado desmoronando y «probablemente toda la fachada habría caído».

El despliegue y la pericia de los 400 bomberos desplegados evitó este desplome. De Laboulaye ha alabado su «heroísmo» y ha afirmado que se centraron no en extinguir las llamas directamente, sino en preservar las piedras para evitar un calentamiento que habría sido letal para la estructura, al igual que lo habría sido arrojar agua desde el aire –como llegó a proponer Donald Trump en Twitter–, toda vez que «habría sido como un bombardeo».

EL DÍA DESPUÉS

Con todos los ojos puestos esa noche en París, el presidente galo, Emmanuel Macron, canceló el discurso político que tenía previsto pronunciar y se desplazó a los aledaños de la catedral para brindar un primer apoyo que ahora aspira a apuntalar con una ley sobre la cual pivotarán los trabajos de rehabilitación. Su objetivo: un «ambicioso» plan para reconstruir Notre Dame en cinco años.

A día de hoy se desconocen las «necesidades reales» en términos de financiación, a la espera de saber cuál es la magnitud exacta de los destrozos. Un primer análisis permitió al menos descartar daños en tesoros patrimoniales como el rosetón, el principal altar, el órgano y varias estatuas, pero las amenazas persisten, como ha apuntado De Laboulaye.

La caída de la aguja ha dejado tres grandes huecos en la bóveda y la ausencia del peso de la cubierta hace temer por la estabilidad de los arbotantes. Los efectos de la lluvia en el interior han quedado solventados con una lona, pero el embajador ha advertido también de que preocupa la posible entrada de viento y los efectos que pueda tener para la estructura.

Unas 150 personas trabajan en estas primeras tareas de análisis y desescombro, en los que se utilizan también robots que sacan trozos de madera y piedra. De Laboulaye ha apuntado que la mera retirada del amasijo al que ha quedado reducido el andamio construido para las obras –de unas 250 toneladas– va a durar cuatro meses.

Otra tarea pendiente es la de la descontaminación de la zona, afectada por el plomo consumido durante el incendio. «Hay que descontaminar la catedral y todo el barrio», ha aseverado De Laboulaye, que ha reconocido que por ahora no hay un plan confirmado sobre la mesa para recuperar los oficios religiosos, aunque sea en las inmediaciones.

DONACIONES

Hace un par de años, los expertos estimaban que serían necesarios unos 150 millones de euros para rehabilitar la catedral, pero ahora las autoridades no han puesto cifras a lo que puede costar recuperarla. El incendio generó una «emoción compartida en todo el mundo», traducida después en una ola de solidaridad que suma ya varios cientos de millones de euros en donaciones, «esencialmente» procedentes de Francia, según el responsable de coordinar dicha movilización.

El Gobierno ha planteado una ley para articular estas tareas que espera tener promulgada a mediados de julio y que plantea excepciones a la actual regulación en materia de medio ambiente y licitaciones públicas, así como cambios de índole fiscal. Las donaciones inferiores a 1.000 euros podrán beneficiarse de una exención del 75 por ciento –y no del 66 por ciento actual– y no se computarán en caso de que, sumadas a otras ayudas, se supere el umbral máximo establecido para tener derecho a deducciones.

De los 650 millones prometidos por particulares y empresas, las cuatro organizaciones que tienen el beneplácito del Gobierno para gestionar las donaciones han recibido únicamente 80 millones, menos del 10 por ciento del total, según un análisis publicado esta semana por Franceinfo.

De Laboulaye, que prevé realizar una gira europea en busca de posibles benefactores, ha afirmado que durante una reciente visita a Estados Unidos pudo conocer a un veterano de la Primera Guerra Mundial que participó en el Desembarco de Normandía. Notre Dame le dejó «una marca para siempre» tras recuperar París y, aunque no profesa el cristianismo, ha prometido 10 millones de dólares.

ENTRE LA IGLESIA Y EL SECTOR PRIVADO

El embajador galo ha asumido que el sector privado será clave para recuperar un templo con el que muchos tienen una «relación personal». «Todo el mundo está de acuerdo en que si no recurrimos al sector privado no podremos mantener el patrimonio», ha advertido, a pesar de reconocer que puede suponer un «choque cultural» para una sociedad que no está tan acostumbrada al mecenazgo como pueda ser la estadounidense.

El Estado galo es, conforme a la Ley de Separación de 1905, el dueño de Notre Dame y del resto de templos cristianos, pese a que su «uso absoluto» pueda estar cedido a la Iglesia. Aun así, el embajador ha asegurado que «obviamente la Iglesia estará asociada a cada etapa de reconstrucción» y ha dicho que se buscan alternativas para los 60 trabajadores dependientes directamente de la catedral parisina.

La Iglesia está llamada también a ser uno de los ejes del renacer de Notre Dame con una simbólica misa oficiada este sábado por el arzobispo de París al fondo de la catedral, en una zona que no se vio afectada por el fuego. Entrar en el templo sigue siendo «peligroso» –la veintena de asistentes deberá portar casco–, pero De Laboulaye está convencido de que el icono superará esta nueva «prueba» de la historia.

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