chica anorexica botella de agua
KATARZYNABIALASIEWICZ


Científicos suecos han desarrollado una aplicación móvil que ayuda a los anoréxicos a volver a aprender a comer adecuadamente y a disminuir los riesgos de su trastorno, que estos investigadores no ven como «mental, sino como alimentario».

«Los pacientes comen comida de un plato que se encuentra en una balanza conectada a su teléfono inteligente. La báscula registra la pérdida de peso del plato durante la comida y, a través de la aplicación, crea una curva de ingesta de alimentos, duración de la comida y velocidad de la misma. A intervalos regulares, aparece una puntuación en la pantalla y se le pide que califique su sensación de saciedad», explican los investigadores en un artículo en la revista ‘Frontiers in Neuroscience’.

En la pantalla del ‘smartphone’ también se muestran una curva de referencia para la tasa de alimentación y una curva de referencia para la sensación de saciedad. El paciente puede así adaptar sus propias curvas en tiempo real a las curvas de referencia, que se basan en comportamientos alimentarios registrados en controles sanos. A través de esta retroalimentación, aprenden a visualizar cómo son las porciones normales de alimentos y cómo comer a un ritmo normal.

El método se ha utilizado ya para tratar a más de 1.500 pacientes. La tasa de remisión es del 75 por ciento en un promedio de un año de tratamiento, la tasa de recaída es del 10 por ciento en cinco años de seguimiento y ningún paciente ha muerto. «Esto parece ser una gran mejoría en comparación con el mejor tratamiento estándar actual de trastorno por conducta alimentaria. Más aún si se tiene en cuenta que en general los pacientes de este estudio empezaron más enfermos que la media», aseguran.

El enfoque se basa en la teoría de que la lentitud en la alimentación y el esfuerzo físico excesivo, dos características distintivas de la anorexia, son respuestas conservadas evolutivamente a la escasez de alimentos que pueden desencadenarse por la dieta, y que se pueden revertir mediante la práctica de una alimentación normal.

«Propusimos por primera vez enseñar a los anoréxicos a comer en 1996. En ese momento, se pensaba que esto estaba fuera de lugar e incluso era peligroso; hoy en día, nadie puede tratar a pacientes con trastornos alimentarios en la región de Estocolmo sin un programa para restaurar su comportamiento alimentario», concluyen.

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