“En Venezuela existe un problema humanitario muy real”. Con estas palabras comenzó su reciente intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU el coordinador de ayuda de emergencia de Naciones Unidas, Mark Lowcock, en un momento en que el Gobierno de Nicolás Maduro parece haber cedido ante lo innegable y que las organizaciones humanitarias parecen decididas a embarcarse en un incremento de la asistencia al país.

La crisis política en que lleva inmersa Venezuela desde 2014 ha venido acompañada de una crisis económica que ha terminado por traducirse en una dramática situación humanitaria, negada en todo momento por Maduro, que denuncia una “guerra económica” contra el país, que cuenta con la mayor reserva de petróleo del mundo.

Frente a ello, el autoproclamado presidente interino del país, Juan Guaidó, ha hecho de la entrada de ayuda humanitaria en el país su principal caballo de batalla, si bien hasta la fecha sus esfuerzos, apoyados desde el principio por Estados Unidos, no han sido fructíferos y la ayuda ha quedado varada en la frontera con Venezuela.

Sin embargo, el mandatario parece haber claudicado y dado luz verde a que tanto la ONU como la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) intensifiquen su asistencia en el interior del país donde, en palabras de Lowcock, “la escala de las necesidades es significativa y creciente”.

Uno de los resultados tangibles de la falta de alimentos, medicamentos y otros bienes de primera necesidad en el país ha sido el éxodo de millones de venezolanos. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), unos 3,4 millones de venezolanos han salido del país en los últimos años, la gran mayoría en el último año, y las previsiones son de que la cifra supere los 5 millones para finales de 2019.

A continuación, repasamos la situación humanitaria en Venezuela en cinco datos:

1. Siete millones necesitan asistencia humanitaria, lo cual representa al 25 por ciento de la población, según las estimaciones de la ONU, que alerta de que los más vulnerables son los niños menores de 5 años, mujeres embarazadas y lactantes, las personas con enfermedades crónicas y con discapacidad, los indígenas y las personas que se encuentran en movimiento.

2. Alrededor de 3,7 millones de personas presentaban malnutrición en 2018, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ante la imposibilidad de garantizarse una alimentación adecuada. Esta cifra supone el 11,7 por ciento de la población, frente a menos del 5 por ciento en esta misma situación entre 2008 y 2013.

Venezuela ha importado tradicionalmente el 75 por ciento de los alimentos que consume y unos 6 millones de personas se benefician de los suministros subsidiados que ofrece el Gobierno, los cuales se han visto reducidos por la crisis económica. La elevada inflación en el país y la caída en las importaciones han hecho que muchos venezolanos no puedan permitirse adquirir productos básicos para su buena alimentación.

A falta de datos oficiales, Cáritas Venezuela denunció que en Caracas y otros estados en los que ofrece asistencia se detectó en marzo de 2018 niveles del 17 por ciento de desnutrición aguda, tanto moderada como severa en menores, por encima de los umbrales de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como “crisis”.

Ante esta situación, la ONU estima que unos 1,9 millones de personas necesitan asistencia alimentaria, entre ellos 1,3 millones de niños menores de 5 años.

3. La falta de acceso a medicamentos adecuados, incluidos los necesarios para tratar enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, el cáncer o el VIH, ha tenido un fuerte impacto en la salud de los venezolanos. Según la ONU, unos 2,8 millones de personas necesitan asistencia sanitaria, incluidos 1,1 millones de niños menores de 5 años.

El país experimenta en la actualidad brotes de enfermedades prevenibles y que se consideraban erradicadas. Así, mientras que entre 2008 y 2015 solo hubo un caso de sarampión, desde junio de 2017 se han contabilizado más de 9.300 casos, de los que más de 6.200 han sido confirmados, según la OMS.

Lo mismo ha ocurrido con la difteria: entre 2006 y 2015 no hubo ningún caso mientras que desde julio de 2016 ha habido más de 2.500 casos, más de 1.500 de ellos confirmados. Además, los casos de malaria se multiplican en el país. Así, se pasó de menos de 36.000 en 2009 a más de 414.000 en 2017 y un 70 por ciento más que el año anterior, lo que según la OMS supuso el mayor incremento en ningún país.

Por otra parte, la mortalidad infantil y materna también ha aumentado. Según los últimos datos oficiales publicados por el Ministerio de Salud venezolanos, en 2016 la mortalidad materna aumentó un 65 por ciento y la mortalidad infantil lo hizo en un 30 por ciento en un año.

4. Unos 4,3 millones de venezolanos necesitan asistencia en materia de agua y saneamiento. De acuerdo con las estimaciones, el 17 por ciento de quienes viven bajo el umbral de la pobreza en el país no tienen acceso a agua potable o si lo tienen es de manera poco frecuente. Los recientes apagones afectaron al ya maltrecho sistema de agua y saneamiento, con el impacto que esto acarrea a su vez en las condiciones de salubridad e higiene de la población.

5. Más de un millón de niños han visto interrumpida su educación como resultado de la crisis, ya que muchas familias no pueden permitirse el coste del transporte, de la ropa o del calzado que sus hijos necesitan para ir a clase.

La crisis también afecta al personal docente, que en algunos de los casos ha optado por abandonar sus puestos de trabajo para buscar otras vías para subsistir o incluso ha abandonado el país. Como resultado, también hay cientos de niños que cruzan hacia los países vecinos, como es el caso de Colombia, para poder continuar yendo a la escuela.

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