El trauma del genocidio de Ruanda persigue a los supervivientes 25 años después
Reuters


Cien días de matanzas de tutsis y hutus moderados dejaron unos 800.000 muertos en Ruanda en 1994 y provocaron un trauma entre quienes sobrevivieron pero fueron testigos del asesinato de seres queridos, resultaron heridos o fueron víctimas de violación, en el caso de muchas mujeres. Veinticinco años después muchos de los supervivientes aún no han conseguido superarlo.

Uno de cada tres supervivientes del genocidio presenta depresión. Así se desprende del estudio realizado recientemente por el Centro Biomédico de Ruanda, la Universidad de Ruanda, el Ministerio de Justicia y las autoridades locales.

«Tomamos una muestra de ruandeses en general pero también incluimos a supervivientes del genocidio de 1994 contra los tutsis. La prevalencia es del 11,9 por ciento en la población en general y del 35,6 por ciento en los supervivientes del genocidio», ha explicado el doctor Jean-Damascene Iyamuremye, director de la unidad de atención psiquiátrica del Centro Biomédico de Ruanda. «Esto significa que uno de cada tres supervivientes del genocidio se enfrenta a un trauma», ha destacado.

Según la ONG Handicap International, que trabaja desde 1994 con las víctimas del genocidio, alrededor del 29 por ciento de la población de Ruanda presenta aún problemas de estrés postraumático relacionados con los hechos que se sucedieron desde el 6 de abril de ese año con la muerte del presidente del país, Juvenal Habyarimana, tras ser derribado su avión por un misil. Además, uno de cada cinco presenta episodios de depresión.

«En la vida cotidiana, el trauma relacionado con el genocidio es enterrado y rechazado», explica la psicóloga Chantal Umurungi, que coordina los proyectos de salud mental de la ONG en el país africano.

Con la proximidad del aniversario, y con él los actos en memoria de las víctimas, «en muchos supervivientes los recuerdos de lo vivido regresan y con ello crisis de pánico, de pérdida de sus seres queridos… El apoyo mutuo en este periodo de sufrimiento es esencial y, compartir las sensaciones, muy liberador», subraya.

EFECTOS DEVASTADORES EN LA SALUD MENTAL

«El genocidio ha tenido efectos devastadores en la salud mental de la población y que conllevan hoy en día otras consecuencias indirectas: el consumo de drogas, prácticas sexuales de riesgo, violencia, conflictos de pareja…», explica Umurungi. «Este contexto empobrece a las familias y debilita el vínculo social», subraya la psicóloga.

Los grupos de apoyo, en los que los supervivientes comparten su experiencia y sus sentimientos, han constituido una importante herramienta que ha ayudado a muchos de ellos, incluidas las hasta 200.000 mujeres que fueron violadas durante el genocidio, a mirar la vida con mayor optimismo y tratar de pasar página a ese capítulo tan oscuro de sus historias.

La terapia psicosocial de grupo basada en un enfoque de construcción de la paz entre las distintas comunidades ha sido un éxito, según se desprende de un estudio de cuatro años al respecto realizado por Interpeace y Never Again Rwanda, con la financiación del Gobierno sueco.

Entre los 265 participantes de un total de 400 encuestados al inicio y al final del programa, el impacto del trauma se redujo en todos los participantes, que terminaron con un mayor autoestima y un menor sentimiento de culpa, además de sentirse más dispuestos a interactuar con otros grupos sociales.

LA TERAPIA DE GRUPO REDUCE LAS INTENCIONES SUICIDAS

Por otra parte, el número de participantes que pensaban a menudo en el suicidio pasó del 15 por ciento al 5 por ciento, es decir, hubo una reducción del 66 por ciento, según el estudio. También se redujeron las personas que se sentían deprimidas o tristes, que pasaron del 44,5 por ciento al 23,4 por ciento (casi un 50 por ciento menos). Las mejoras fueron ligeramente superiores entre los hombres que entre las mujeres.

En lo que se refiere al estrés postraumático, los síntomas se redujeron del 4,2 al 2,7 por ciento, un 35 por ciento menos, al tiempo que también mejoró la resiliencia psicológica. Igualmente mejoraron los niveles de confianza entre los participantes y la sociedad y su disposición a mantener interacciones

Por otra parte, el programa midió los cambios de actitud y conducta como la frecuencia de contacto con otros grupos étnicos o sociales, la disposición a casarse con personas de otros grupos o a asistir a actos sociales, entre otras cosas. Según el estudio, el cambio fue más marcado entre los autores del genocidio que en otros grupos.

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