Las manifestaciones en Argelia, uno de los mayores desafíos de Buteflika en sus 20 años en el poder
Reuters


Miles de personas han salido a las calles de Argelia durante las últimas semanas para protestar contra el presidente, Abdelaziz Buteflika, y su intención de presentarse a un quinto mandato, en uno de sus mayores desafíos en sus cerca de 20 años en el poder y signo de una resistencia ante un ‘establishment’ que se ha escudado tras el mandatario para mantener sus privilegios.

Buteflika, que prácticamente no ha aparecido en público desde que sufriera un infarto en 2013 y del que se duda que tenga sus capacidades intactas, ya se presentó incapacitado a las elecciones de 2014, pero este nuevo intento de mantenerse en el poder ha sido recibido como una burla por parte de la población, aquejada desde hace años por la mala situación económica y la falta de oportunidades.

Las protestas, que se han ido expandiendo a numerosos sectores de la población y han provocado fisuras en el gubernamental Frente de Liberación Nacional (FLN) y el principal sindicato, la Unión General de Trabajadores de Argelia (UGTA), han tenido un carácter pacífico y se han saldado por el momento sin disturbios.

Pese a ello, figuras de Gobierno y el Ejército han lanzado un doble mensaje de aplauso y reconocimiento a este carácter pacífico, si bien azuzando el arraigado temor a un enfrentamiento civil –tras el cruento conflicto en los años noventa– con veladas advertencias a la posibilidad de que las protestas deriven en violencia.

En este sentido, el primer ministro, Ahmed Uyahia, indicó el 28 de febrero que “los ciudadanos han ofrecido rosas a los policías, y es bonito, pero recuerdo que en Siria (la guerra) empezó también con rosas”, mientras que el propio Buteflika aplaudió esta semana en un comunicado el carácter pacífico de las protestas, si bien previno del riesgo de que haya infiltrados que puedan desencadenar el “caos”.

En esta misma línea se expresó el jefe de Estado Mayor del Ejército de Argelia, Gaed Salá, quien aseguró que los militares garantizarán la seguridad del país y censuró a quienes, a su juicio, quieren que vuelvan “los años del dolor extremo”.

Mientras tanto, y en un intento de aplacar las protestas, la Presidencia publicó una carta firmada por Buteflika en la que ofreció una conferencia nacional y elecciones anticipadas en un año en las que no sería candidato, en caso de lograr la reelección, lo que ha sido recibido como un nuevo intento de ganar tiempo para mantener el ‘statu quo’ por parte de la cúpula política y empresarial del país.

Yahya Zoubir, profesor de Relaciones Internacionales en la Kedge Business School de Francia, ha señalado que “la ruptura del contrato social es ya visible” y que el anuncio de Buteflika de concurrir a las elecciones fue “un insulto a la dignidad” de los argelinos.

“Entendieron que los compinches de Buteflika querían un quinto mandato para mantener sus hábitos depredadores”, ha agregado, según ha publicado el Carnegie Middle East Center en su página web.

EL MALESTAR SOCIAL

Argelia, considerada la tercera potencia económica en la región de Oriente Próximo y Norte de África, ha sufrido desde 2017 una desaceleración de su economía debido en parte a un descenso de la producción de hidrocarburos, su principal fuente de ingresos.

Según los datos del Banco Mundial, el crecimiento del PIB fue de un 2,1 en 2017, respecto al 3,3 de 2016, una situación que ha provocado que los amplios programas sociales y subsidios sean difíciles de cubrir y el impacto haya sido notado por la sociedad, cansada además del inmovilismo político y la falta de desarrollo.

Esta situación es especialmente palpable en los últimos años debido a la mayor interconexión, el nivel de formación de parte de la población –especialmente en zonas urbanas– y las lecciones aprendidas de la llamada ‘Primavera Árabe’ que sacudió la región y provocó la caída de varios regímenes autocráticos desde 2011.

Por ello, la intención de Buteflika –y principalmente de su círculo cercano, dado que no está claro hasta qué punto el presidente actúa de forma autónoma– de intentar permanecer en el poder cuando está incapacitado ha sido recibido como un golpe que ha provocado las mayores movilizaciones sociales del país.

El mandatario, antiguo combatiente contra la Francia colonial y una de las caras más visibles del proceso de descolonización y el Movimiento de los Países No Alineados, se ve así en el ocaso de su vida y su carrera política ante un desafío que excede sus capacidades. De hecho, en la actualidad se encuentra en Suiza, donde lleva más de una semana sometiéndose a pruebas médicas.

Estas manifestaciones tienen además una relevancia especial dado al consenso ‘de facto’ existente en el país desde el fin de la guerra civil –impulsado por Buteflika tras su llegada al poder en 1999– para evitar las movilizaciones contra el régimen que azuzaran los fantasmas del conflicto, que devastó el país y dejó cerca de 200.000 muertos, según algunas estimaciones.

EXPANSIÓN DE LAS PROTESTAS

Uno de los motores detrás de las movilizaciones es la población joven, en un país en el que el 70 por ciento de los ciudadanos tiene menos de 30 años, un sector poblacional que supone además el 72 por ciento de los desempleados, según las cifras de YouthPolicy.org.

Las protestas, a las que se han ido sumando sectores como los profesores o los abogados, se han expandido por gran parte del territorio nacional, especialmente la franja costera del norte del país, donde se concentra la mayoría de la población.

Ante esta situación, las fuerzas de seguridad han ido escalonando la respuesta y han empleado gases lacrimógenos en varias ocasiones, mientras que las autoridades han restringido de manera puntual el uso de Internet para intentar alterar la organización de las movilizaciones.

La principal demanda de los manifestantes es la retirada de la vida política de Buteflika y que éste no se presente a las elecciones, así como una reforma general del sistema político y económico, algo que encontrará con una gran resistencia por parte de ‘Le Pouvoir’, integrado por militares, políticos y empresarios de alto rango y muy establecidos en el país.

LUCHAS INTESTINAS

Las protestas, más estructuradas que las de los últimos años –que eran principalmente encabezadas por sectores de trabajadores concretos que reclamaban mejoras salariales o de las condiciones laborales–, tienen lugar además en un momento en el que el ‘establishment’ atraviesa por sus propias luchas intestinas.

Entre estas figuras que se mueven entre bambalinas y a las que muchos apuntan ahora como uno de los más influyentes en la lucha por el poder está Said Buteflika, hermano y consejero especial del mandatario. Por ello, entre los eslóganes más coreados en las movilizaciones está ‘No queremos a Buteflika ni a Said’.

Esta situación se vio reflejada en el gran número de generales arrestados o cesados durante 2018, en lo que se interpretó como una lucha por avanzar en la carrera hacia la sucesión de Buteflika, o al menos de lograr posiciones ventajosas en el nuevo contexto tras su salida del poder.

“Para el público, la decisión de ir a por un quinto mandato ha sido adoptada por el Ejército que se está aprovechando de un presidente débil”, ha sostenido Lahouari Addi, profesor emérito de Sociología en el Instituto de Estudios Políticos de la Sciences Po.

Por ello, ha resaltado que “es la idiosincrasia del sistema argelino tener el poder formal representado en el presidente y el Gobierno, mientras el poder real está en manos de la cúpula militar”, antes de manifestar que “la calle se rebela contra el control es las instituciones por parte del Ejército” y que “el futuro de la democracia y el Estado de Derecho está en juego”.

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