Pedro Sánchez
EP


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha defendido este miércoles que España «ha estado a la altura» en la crisis institucional que vive Venezuela, pero ha recibido duras críticas tanto de PP y Ciudadanos, que le han acusado de tibieza, como de Podemos y ERC, que le tildan de «irresponsable» por reconocer a un presidente no electo, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

Tanto el presidente del PP, Pablo Casado, como el de Ciudadanos, Albert Rivera, creen que Sánchez peca de falta de compromiso con Guaidó y lo han achacado a que «sus socios comunistas no le dejan atacar a (Nicolás) Maduro», en palabras de Casado. «Los que le mantienen en el poder llevan una camiseta que pone ‘Yo con Maduro'», le ha espetado Albert Rivera, en alusión a una prenda que llevó en la Cámara el diputado de Podemos Diego Cañamero.

Sin embargo, cuando le ha llegado el turno a Podemos, su portavoz de Exteriores, Pablo Bustinduy, también ha cargado duramente contra Sánchez, tachándole de «irresponsable» por reconocer «a un presidente no electo en un país al borde de la guerra civil y bajo amenaza militar explícita de Estados Unidos».

Bustinduy, que ha preguntado a Ciudadanos y PP si apoyarían un golpe militar en Venezuela, ha avisado a Sánchez de que no se trata de decidir si Nicolás Maduro es o no de izquierdas, sino de respetar el Derecho Internacional y no politizar la ayuda humanitaria. Sin un acuerdo entre ambas partes, ha dicho, no habrá elecciones democráticas.

Sánchez solo ha encontrado cierta comprensión en los portavoces del PNV, Aitor Esteban, y el PDeCAT, Carles Campuzano. Esteban ha coincidido explícitamente con Sánchez en que «una invasión no es aceptable» pero tampoco lo es «el inmovilismo del presidente Maduro» ni que su Gobierno esté armando a grupos paramilitares. A su juicio, la oposición venezolana «no acertaría si va de la mano solo de Estados Unidos» y «la única solución es política».

Pese a que Sánchez ha insistido en que su Gobierno no quiere «mediar» en Venezuela, sino propiciar elecciones libres cuanto antes, PP y Ciudadanos creen que se está «poniendo de lado». Así, Casado le ha reprochado que España no se haya sumado al Grupo de Lima –formado por países iberoamericanos y Canadá–.

CASADO: SÁNCHEZ «NO SABE DÓNDE VA»

A su modo de ver, el verdadero problema de Sánchez, tanto en política exterior como interna, es que «no sabe dónde va» y quiénes son sus aliados. El PP, ha dicho, sí está con la democracia en Venezuela y en contra de que haya «cientos de presos políticos y de torturas documentadas».

De paso, ha acusado al ministro de Exteriores, Josep Borrell, de «tener la desfachatez» comparar el viaje de varios eurodiputados del PP a Venezuela para «apoyar un canal humanitario» –fueron expulsdos– con los del expresidente catalán Carles Puigdemont por Europa «de turismo».

CIUDADANOS: IR AL TPI E IMPONER SANCIONES

Por su parte, Rivera ha remarcado que «la comunidad internacional no puede mirar para otro lado cuando se queman medicinas y alimentos» y ha reprochado tanto a Sánchez como al anterior Gobierno, del PP, que no hayan impuesto más sanciones (España, como toda la UE, tiene impuestas sanciones contra una veintena de dirigentes).

Así, ha aprovechado para decir que, si llega a ser presidente del Gobierno, se compromete a hacer como Estados Unidos, Canadá o Argentina e impondrá sanciones a «dirigentes del chavismo» para que no se instalen «en las calles de Madrid comprando pisos» con dinero que, además, procede «del narco».

También se ha comprometido a sumar a España a la denuncia contra Maduro y su régimen ante el Tribunal Penal Internacional a cargo de seis países americanos. Y ha aprovechado para preguntar «cuánto cobra» el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por culpar a Estados Unidos y Canadá, «dos países democráticos», del éxodo de venezolanos.

TARDÀ: ESPAÑA DEBIÓ APOSTAR POR LA MEDIACIÓN

En sentido contrario ha intervenido Joan Tardà, que ha empezado por afear que «una persona tan icónica» como el expresidente Felipe González llegase a decir que en el Chile de Augusto Pinochet se respetasen más los derechos humanos que en la Venezuela de Maduro. «No creo que se pueda comparar el problema de la Venezuela actual con una dictadura fascista», le ha dicho a González.

A su juicio, dado que España fue un país capaz de reconciliarse «después de un millón de muertos», el Gobierno debería haber optado por un «mensaje de intermediación y de compromiso por la paz» y no «allanar el camino» a los que apuestan por una guerra, y menos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que «no le preocupan los derechos humanos». Para Tardà, está claro que Venezuela tiene problemas, pero su Gobierno es «democrático» y, además, el chavismo «tiene apoyo», «les guste o no».

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