Nayib Bukele
Reuters


Nayib Bukele se convertirá el próximo 1 de junio en el mandatario más joven de El Salvador tras ganar en primera vuelta las elecciones presidenciales, rompiendo así con 30 años de bipartidismo en los que el izquierdista FMLN y el conservador ARENA se han turnado en el poder.

Bukele ha sumado un 53,83 por ciento de los votos, superando el umbral del 51 por ciento que le permite evitar una segunda vuelta que estaba prevista para el 10 de marzo. Por detrás, han quedado Carlos Calleja, de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), y Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), con un 31,59 y un 13,76 por ciento, respectivamente.

“Hoy ganamos en primera vuelta y hacemos historia”, dijo Bukele la noche electoral, destacando que ha sumado más votos que ARENA y FMLN juntos y que se ha impuesto en los catorce departamentos en los que se divide la nación centroamericana. “Hemos pasado la página de la posguerra”, proclamó.

ARENA y el FMLN son los dos partidos que han capitaneado la convivencia pacífica entre dos bloques que se enfrentaron durante doce años en una cruenta guerra civil. La alianza derechista gobernó ininterrumpidamente entre 1989 y 2009, año en el que la formación izquierdista le dio el relevo hasta ahora.

Bukele procede del FMLN. Bajo estas siglas obtuvo su primer cargo público en 2012 como alcalde del pequeño municipio de Nuevo Cuscatlán, a apenas diez kilómetros de San Salvador. Tres años después, el mismo partido le colocaba en la Alcaldía de la capital, tras dos periodos consecutivos de ARENA.

RUPTURA CON EL FMLN

El idilio terminó cuando comenzaron sus críticas hacia el presidente saliente, Salvador Sánchez-Cerén, ex comandante del FMLN durante el conflicto armado, que abandonará el cargo como el jefe de Estado peor valorado del país en los últimos 30 años, de acuerdo con un sondeo de opinión elaborado por Gallup.

En 2017, Bukele fue expulsado del FMLN por lanzar una manzana y llamar “bruja” a Xótchil Marchelli, líder de una comuna capitalina, durante una sesión del concejo municipal de San Salvador. “Si no me aparto, me da en la cara”, contó ella en su momento.

El Tribunal de Ética del FMLN aplicó la máxima sanción a Bukele acusándole de “irrespetar los Derechos Humanos de la mujer, en clara violación de los principios y estatutos del partido”, aunque también le reprochó una “conducta personalista”, que difamara a compañeros y su excesivo criticismo a Sánchez-Cerén.

En respuesta, Bukele formó su propio partido, Nuevas Ideas. No le dio tiempo a registrarlo ante las autoridades electorales, por lo que se asoció con Cambio Democrático (CD) para poder competir el 3 de febrero, pero tampoco admitieron la inscripción de CD, entre otros partidos, por sus malos resultados en los comicios de 2015.

Bukele tuvo que buscar una alternativa. Así, acabó sumándose a la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), tan solo tres días antes de que celebrara elecciones primarias. Con ello dio un giro de 180º grados, ya que GANA se sitúa en el centro-derecha.

NI IZQUIERDA NI DERECHA

Desde su abrupta salida del FMLN, se ha esforzado por no desvelar sus ideas. Su discurso se basa casi por completo en la lucha contra la corrupción, mientras que en los demás temas –algunos de gran importancia, como el combate a la violencia criminal–, se mantiene en un limbo que le ha permitido sumar apoyos a ambos lados del espectro político.

Síntoma de su carácter apolítico es el modo en que ha dirigido la campaña electoral. Bukele ha optado por las redes sociales, donde publica todo tipo de vídeos y fotografías sobre su día a día, incluida una ecografía. Llegó a ausentarse del tradicional debate televisado entre los candidatos para hacer su propia transmisión en Facebook.

Su mensaje parece enfocado a los jóvenes, en quienes centró muchas de sus políticas en la Alcaldía de San Salvador, por ejemplo, con programas culturales para alejarlos de las pandillas. “El ‘Diario de Hoy’ dice que los mayores de 40 años decidirán la elección. Eso es lo que ellos quieren, que los jóvenes no voten”, escribió en Instagram.

Acompaña sus apariciones en redes sociales con un ‘look’ poco habitual entre los políticos salvadoreños. Suele lucir pantalones vaqueros y chaqueta de cuero y es habitual verle con gorras y gafas de sol.

HARTAZGO CON LA POLÍTICA TRADICIONAL

La tercera vía que propone Bukele es un fenómeno extraño en la política salvadoreña que los expertos explican por el creciente descontento con los partidos tradicionales, que en todos estos años no han sabido dar respuesta a los problemas estructurales del país: la violencia y la pobreza.

La gota que ha colmado el vaso han sido los escándalos de corrupción que han azotado al FMLN y a ARENA y a sus ex presidentes. Aunque la GANA también ha protagonizado los suyos, parece que el tirón del ex alcalde capitalino es más fuerte. “El dinero alcanza cuando nadie roba”, ha sido su lema.

Más allá de su tema estrella, ahora tendrá que posicionarse en asuntos clave para El Salvador como la violencia, que sigue siendo una de las más altas del mundo con una media de 51 muertes por cada 100.000 habitantes, y la pobreza, que afecta al 30 por ciento de los hogares salvadoreños, según datos oficiales relativos a 2017.

También tendrá que lidiar con el éxodo que este tándem de violencia y pobreza ha provocado. Desde octubre miles de centroamericanos, entre ellos salvadoreños, han partido rumbo a Estados Unidos. Donald Trump ha amenazado con retirar la ayuda estadounidense a los gobiernos de la región por no vigilar sus fronteras.

En el ámbito internacional, parece claro que Bukele sacará a El Salvador del eje bolivariano encabezado por Venezuela. El presidente electo ha calificado a Nicolás Maduro de “dictador” y se ha mostrado dispuesto a colaborar para que el país vecino “comience de cero y restablezca su democracia”.

Sea cual sea su ‘hoja de ruta’, este político de 37 años y origen palestino tendrá que granjearse la simpatía de un Congreso opositor donde GANA solo cuenta con once de los 84 escaños que lo componen, siendo ARENA la formación mayoritaria.

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