Alicia Sintes
UIB


La investigadora y doctora en Física Alicia Sintes considera que a nivel de I+D+i en Baleares hay “bastantes grupos” que hacen una “buena investigación” pero añade que en el ámbito político “hacen falta políticas valientes para potenciar y atraer talento”, como podría ser la implantación de un organismo similar a la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (Icrea) pero de ámbito balear. “Siempre se habla de implantarlo pero no se hace”, ha lamentado.

En una entrevista concedida a Europa Press, Sintes ha señalado que se necesitan “programas para atraer talento” y que este “empiece nuevas líneas de investigación” que estén involucradas en los “retos de la sociedad actual” de Baleares que, aunque es una comunidad que vive del “turismo”, necesita “diversificar su economía”. “No hay mejor manera de hacerlo que con ciencia, tecnología y sus aplicaciones”, ha dicho para luego añadir que la inversión también puede ser en “humanidades”.

Sintes, que junto al Grupo de Relatividad y Gravitación (GRG) de la UIB, participó en el descubrimiento de las ondas gravitacionales –hallazgo que supuso la obtención del Nobel de Física de 2017 a los científicos Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne–, ha detallado que en la actualidad se está trabajando la segunda generación de detectores terrestres y que también se está preparando la tercera.

Las ondas gravitacionales son ondulaciones del espacio-tiempo producidas por un cuerpo masivo acelerado que fueron predichas por Albert Einstein hace 100 años. Se observaron por primera vez el 14 de septiembre de 2015. Esta primera observación fue producida por una colisión entre dos agujeros negros, a 1.300 millones de años. De momento, la última detección tuvo lugar el 23 de agosto de 2017.

Según ha relatado Sintes, los detectores de ondas actuales –LIGO en Estados Unidos y Virgo en Europa– están apagados con el objetivo de ponerse en marcha en primavera una vez se les hayan incluido diferentes mejoras. Éstas permitirán “ver muchas más fusiones de agujeros negros y estrellas de neutrones” y, tal como ha dicho, “alguna sorpresa más”. En este sentido, espera poder llegar a encontrar las señales que emite un pulsar (un tipo de estrella de neutrones).

TODAVÍA CONTINÚA EL ANÁLISIS DE INFORMACIÓN TOMADA EN 2017

A pesar de que los detectores estén apagados, Sintes ha explicado que todavía se está analizando la información recogida hasta el 25 de agosto de 2017 por lo que podría haber nuevas detecciones antes de que los detectores se vuelvan a poner en funcionamiento.

De cara al futuro más lejano, Sintes dice que con el ‘Einstein Telescope’, que pertenece a la tercera generación de detectores, se podrán realizar “millones de detecciones al año”. “Podremos detectar fusiones de agujeros negros supermasivos o galaxias que se funden con otras galaxias”, ha asegurado.

Asimismo, ha dicho que con el proyecto LISA (Laser Interferometer Space Antenna) se podrán llegar a ver “agujeros supermasivos en los confines del universo y llegar a casi cuando se están formando las galaxias”. Con la tecnología actual, basada en detectores terrestres, solo se puede observar el universo cercano. “Estamos en el albor de una nueva forma de hacer astronomía”, dice.

Sobre las posibles aplicaciones prácticas de estos descubrimientos, Sintes explica que “la utilidad en sí es hacer las observaciones astronómicas” –que para empezar han confirmado la teoría de la relatividad de Einstein– y que “el desarrollo de la tecnología necesaria para hacerlas luego se puede aplicar a otros campos”.

Como ejemplo, explica que un algoritmo que ella desarrolló en 1997 para eliminar el ruido de la corriente eléctrica en unos prototipos creados en los inicios de su participación en LIGO se ha utilizado en tecnología de resurrección cardiopulmonar.

DIEZ FUSIONES DE AGUJEROS NEGROS Y UNA DE ESTRELLAS DE NEUTRONES

Hasta el momento, la colaboración científica entre LIGO y Virgo ha permitido detectar en total 10 fusiones de agujeros negros de masa estelar y una fusión de estrellas de neutrones, que son los restos densos y esféricos del colapso de estrellas.

Entre ellas destaca el evento GW170814, que fue la primera fusión binaria de agujeros negros y permitió las primeras pruebas de polarización de ondas gravitacionales (análoga a la polarización de la luz).

También destaca el evento GW170729, detectado el 29 de julio de 2017, pues es la fuente de ondas gravitacionales más masiva y distante jamás observada. La fusión ocurrió a aproximadamente 5.000 millones de años luz, generando una energía gravitacional equivalente a casi cinco masas solares.

En su momento, sus descubridores explicaron que estas ondas ofrecen una información diferente a la obtenida por la radiación electromagnética (luz), que es la que se usa habitualmente para observar el cosmos. Eso las convierte en una “herramienta única” para explorar algunos de los objetos más enigmáticos del Universo. Permitirán llegar a observar qué ocurrió tras el Big Bang, cuando el cosmos no tenía ni un segundo de edad.

En definitiva, Sintes asevera que “las ondas gravitacionales son las nuevas mensajeras del Universo”. “Son perturbaciones de los campos eléctricos y magnéticos que se propagan por el espacio tiempo” que ya nos “permiten observar fenómenos astrofísicos” que no se habían visto hasta la fecha y que, en el futuro, añade la científica, “nos permitirán descubrir otros que no podemos imaginar”.

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