Al Bashir
Foto: Reuters


Semanas de protestas se han convertido en uno de los mayores retos a los 30 años en el cargo del presidente de Sudán, Omar Hasán al Bashir, en un momento en que su partido se dispone a cambiar la Constitución para permitirle un nuevo mandato.

Las protestas comenzaron el 19 de diciembre por la subida de los precios del pan, uno de los resultados de la aguda crisis económica que comenzó cuando el sur del país se independizó tras un referéndum en 2011, llevándose consigo la riqueza petrolera.

La contundente represión por parte de las autoridades ha contribuido a enfurecer aún más a los manifestantes. Al menos 24 personas han muerto, según las autoridades, y cientos más han resultado heridas, si bien los grupos de defensa de los Derechos Humanos sitúan el balance de víctimas en al menos 40.

Aunque las protestas son pequeñas, no muestran signos de acabar y muchos reclaman un cambio de régimen. Por su parte, Al Bashir se mantiene desafiante. El mandatario, de 75 años, ha responsabilizado de las protestas a “agentes” extranjeros y retado a sus oponentes a buscar el poder a través de las urnas.

¿POR QUÉ COMENZARON LAS PROTESTAS?

Las protestas comenzaron en Atbara, una ciudad en el noreste del país conocida como bastión de la actividad antigubernamental. Varios miles de personas se echaron a las calles después de que el Gobierno intentara acabar con la falta de pan.

Como resultado de las medidas, el precio de algunos tipos de pan se triplicó y aunque lleva meses habiendo largas colas para el pan, a la población le molestó la subida del precio. Las autoridades cambiaron rápidamente la política y intentaron aplastar las protestas, declarando el estado de emergencia en Atbara e imponiendo el toque de queda entre las 18.00 y las 6.00 horas.

Pero estas ya se habían extendido a la ciudad de Port Sudán, a orillas del mar Rojo, y a Al Qadarif, en el sureste, antes de llegar a Jartum, la capital.

“Ya no son protestas, es casi una revolución completamente desarrollada”, sostiene Mohamad Osman, un analista político sudanés. Según él, la escala de las protestas no tiene precedentes. “Muchos electores están uniendo fuerzas contra el régimen de Al Bashir para lograr un cambio radical”, destaca.

Los manifestantes están también enfadados por la falta de dinero en efectivo debido a las restricciones en la retirada en los cajeros con vistas a mantener el dinero en los bancos, que también tienen problemas para encontrar efectivo.

Pero lo que comenzó como una protesta por las condiciones de vida se ha convertido en una en contra del régimen. Como ya ocurriera en 2011 en la ‘Primavera árabe’ que vivieron países como Túnez, Egipto o Siria, su grito es: “El pueblo quiere la caída del régimen”.

Otrora considerada como el granero del mundo árabe, los manifestantes denuncian que años de mala gestión han convertido a Sudán en un Estado fallido. Acusan a Al Bashir de la secesión de Sudán del Sur y de que Sudán figure en la lista de patrocinadores del terrorismo de Estados Unidos.

¿CÓMO DE GRAVES SON?

Las cifras en Atbara han variado desde los miles iniciales a unos cientos en la actualidad que participan en las protestas casi diarias en otras ciudades en todo Sudán, pese a la represión. Además, son las más sostenidas bajo el mandato de Al Bashir.

En septiembre de 2013, decenas de personas murieron en pocos días de protestas desencadenadas por un recorte en los subsidios a los combustibles. Las autoridades sitúan el número de muertos en 84 mientras que las organizaciones de Derechos Humanos aseguran que se produjeron hasta 200 muertos.

En enero de 2018, Sudán volvió a registrar protestas motivadas por los recortes en los subsidios al pan, pero duraron poco. “Con las protestas que siguen desde hace cuatro semanas (…) la situación está abierta a todas las posibilidades”, resalta Abd al Latif al Bony, profesor de ciencias políticas en la Universidad Nacional de Jartum. “Cada parte está intentando expulsar a la otra, lo cual es peligroso para la estabilidad del país”, añade.

¿CÓMO DE VULNERABLE ES AL BASHIR?

Al Bashir es desde hace tiempo líder sin contestación en Sudán. La oposición incluye a varios partidos políticos cuyos líderes están Sudán y a varios grupos armados liderados principalmente desde el extranjero o desde zonas en conflicto en el sur o el oeste del país.

Miembros de partidos opositores se han sumado a las protestas que están lideradas por un grupo poco conocido de sindicalistas llamado Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA). Con un programa semanal de protestas que difunde en las redes sociales, la SPA ha eclipsado a los partidos opositores tradicionales.

Al Bashir es el líder del partido Movimiento Islámico, que tiene una ideología similar a los Hermanos Musulmanes. También tiene un control directo sobre las fuerzas de seguridad, incluida la temida Fuerza de Apoyo Rápido que incluye a antiguas milicias leales al partido gobernante, a la que ha empleado con frecuencia para aplastar la disensión.

Pero su posición se ha visto erosionada por la crisis económica que ha hecho que la inflación se dispare a en torno el 70 por ciento. Los partidarios de Al Bashir temen que las protestas puedan envalentonar a pequeñas pero influyentes facciones dentro del partido gobernante que se oponen a enmendar la Constitución para permitir al presidente optar a un nuevo mandato en 2020.

¿QUIÉN PODRÍA ASUMIR EL PODER SI CAE AL BASHIR?

Desde la independencia en 1956, autócratas han gobernado los designios del país, mientras que el Ejército ha dado un paso al frente en dos ocasiones, en 1964 y 1985, para apoyar levantamientos populares por el cambio.

Pero en los últimos 30 años, Al Bashir ha buscado de colocar en los puestos militares clave y en los varios aparatos de seguridad a miembros de su partido. Aún así, los partidos de oposición ven al Ejército como un órgano aceptable para liderar un eventual periodo de transición hasta la celebración de nuevas elecciones.

Aunque los oficiales militares que trajeron cambios positivos a Sudán en el pasado no eran figuras públicas, el ‘número dos’ de Al Bashir, Bakri Hassan Salé, un antiguo general del Ejército podría ocupar el eventual vacío dejado por el presidente.

Expertos locales apuntan a que el jefe de la Inteligencia, Salá Abdalá Mohamed Salé, también conocido como Salah Gosh, un islamista con gran influencia, es otro candidato probable pero no tiene historial militar y eso podría limitar sus opciones.

El peor escenario, según los expertos, sería un motín o una división en las fuerzas armadas si se pide al Ejército aplastar las protestas. Consideran que Al Bashir, que es buscado por el Tribunal Penal Internacional (TPI) por crímenes contra la Humanidad en Darfur, probablemente se resistirá a cualquier intento de forzar su salida, lo que podría poner al país de nuevo en riesgo de una guerra civil.

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