Una madre con dos hijos, desesperada: "No encuentro piso y pronto me echarán del mío"

Redacción | 26/02/2018

Los altos precios de los alquileres se están cebando con algunas de las familias con más problemas económicos en Baleares. María Cortés es una de estas víctimas que están padeciendo sus efectos. A sus 33 años, está separada y tiene dos hijos a su cargo. Es inquilina de un piso y ahora se tiene que marchar. Su drama: no encuentra nada asequible y el tiempo para buscar otra vivienda se le acaba.

Esta madre vive desde hace tres años en un piso de Sa Pobla, pero pronto tendrá que emprender una mudanza. “Mi casero me comentó que quería alquilar la casa por 600 euros, que tenía una persona que le adelantaba un año y medio -en el pago del arrendamiento- y me preguntó cómo lo tenía para dejar la casa”, relata con resignación. En un mes debía encontrar un nuevo cobijo.

Cortés aceptó su situación y empezó una ardua búsqueda de piso. Si antes pagaba 400 euros mensuales en concepto de alquiler, ahora las 'gangas' están en torno a los 600 euros. Esto sin contar otros gastos como la luz o el agua. Para encontrar su futuro hogar se ha centrado en el norte de Mallorca, pero ha tenido que evitar zonas turísticas como Alcúdia o Can Picafort. En esta segunda población “me están pidiendo 1.200 euros por un piso con dos cuartos”. Incluso se ha planteado la posibilidad de vivir en una habitación, pero le resulta imposible teniendo a sus dos hijos de ocho años.

Lo que María Cortés desea es abonar lo mismo que ha tenido de alquiler habitualmente, unos 400 euros. Sin embargo, le resulta imposible dado el aumento de los precios. En 2017 se dispararon un 20,32%, según un informe de pisos.com, lo que colocó a Baleares como la región donde más aumentaron las mensualidades de un arrendamiento. Además, la renta media se situó en los 989 euros. “Es desesperante, no encuentras nada”, admite esta afectada.

Con su sueldo actual tampoco se podría permitir abonar un alquiler mayor. Con los cerca de 1.100 euros que entran en su casa ya van justos para costear los gastos habituales como son el coche, las actividades de los dos niños o la comida. A esto se suma que muchas veces debe apoyar económicamente a sus padres.

La sensación que se le queda es de impotencia. Tanto es así que incluso admite que en algún momento de la entrevista le han entrado ganas de llorar. No obstante, las dificultades por las que pasa no le hacen perder el optimismo y cree que “algo saldrá”.

Por suerte para ella, son muchos los usuarios en las redes sociales que se han volcado difundiendo su caso. Sus jefes también le apoyan y van preguntando a la gente que conocen por si se diera la sorpresa y alguien ofreciera una estancia a un precio razonable.

Dada esta situación, Cortés no se cierra la puerta a volver a casa de sus padres. Sería su última baza en el caso de no encontrar dónde dormir, pero tiene sus defectos. “Es una finca que no tiene luz”, remarca. Sus progenitores tiran de placas solares y de un motor para iluminar el interior y mantener algunos electrodomésticos básicos. Para más inri, solo hay dos habitaciones y los tres tendrían que dormir apretados. “Puedo quedarme 15 días, un mes, no hay problema -señala-, pero no es una opción para quedarme allí”.

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