vaca

Existe un incremento documentado de la prevalencia de la alergia a la leche de vaca y un aumento de la gravedad de las reacciones producidas por dicha alergia, ha indicado el miembro de la unidad de Alergia y Neumología Pediátrica del Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés (Madrid), el doctor Luis Echeverría, en un simposio-taller de Nutribén durante la I Jornada de Salud y Nutrición Infantil de la cátedra en Salud y Nutrición Infantil Nutrinfant.

Sin embargo, a largo plazo, existe un buen pronóstico de la alergia a la leche de vaca que alcanza el 90 por ciento de tolerancia de forma natural. “La inmunoterapia oral con proteínas de leche de vaca es una opción proactiva de tratamiento para niños con alergia mediada por lgE a la leche de vaca”, ha indicado el doctor Echeverría.

Esta inmunoterapia, ha agregado, “consigue altas tasas de desensibilización, pero con frecuentes efectos adversos durante el procedimiento, siendo la mayoría de ellos de leve gravedad”. El tratamiento permite a los niños alérgicos llevar una vida prácticamente normal, aunque precisa entrenamiento de la familia y del paciente en el reconocimiento y tratamiento de las reacciones adversas, según se ha puesto de manifiesto.

El objetivo del tratamiento en la alergia a las proteínas de leche de vaca es “conseguir la tolerancia”, ha incidido el codirector del departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra (Madrid), el doctor José Manuel Moreno.

Las fórmulas sustitutivas han de ser seguras y eficaces para conseguir una nutrición adecuada y crecimiento. Las opciones son los hidrolizados extensos, las fórmulas de soja en niños mayores de seis años y sin enteropatía y las fórmulas elementales.

Las más utilizadas son las extensamente hidrolizadas, que consisten en “fórmulas infantiles con la proteína digerida en pequeñas porciones que no desencadenan una respuesta inmunológica o alergia”, ha indicado el doctor Moreno. Ni las bebidas vegetales ni la leches de otros mamíferos constituyen una alternativa válida.

ENTEROCOLITIS INDUCIDA POR PROTEÍNAS DE LOS ALIMENTOS

Las proteínas de la leche de vaca, junto a la soja y los cereales como el maíz y la avena, son los principales implicados en la enterocolitis inducida por proteínas de los alimentos, una alergia alimentaria no mediada por lgE potencialmente grave cuyo síntoma cardinal es el vómito y a la que la miembro del servicio de Pediatría y Gastroenterología Pediátrica del Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid), la doctora Josefa Barrio, ha dedicado su intervención.

Es un cuadro que hasta épocas recientes estaba infradiagnosticado. Su prevalencia real se desconocía, ya que no existían unos criterios diagnósticos bien establecidos. La aparición de los síntomas con la ingesta del alimento y su desaparición tras la retirada del mismo son claves para el diagnóstico.

Se puede presentar de dos maneras, agudo y grave. El agudo se produce por la exposición intermitente al alimento causal y se caracteriza por la aparición de vómitos repetidos que comienzan entre una y cuatro horas después de la ingesta del alimento implicado. A menudo asocian palidez y decaimiento, y pueden acompañarse de diarrea en ocasiones sanguinolenta.

Hasta un 15 por ciento de pacientes pueden tener un cuadro potencialmente grave con hipotensión y shock. Se diferencia de la anafilaxia, donde también puede haber estos síntomas graves, en que en la enterocolitis las reacciones no son inmediatas a la ingesta y por la ausencia de síntomas respiratorios ni cutáneos.

El crónico se caracteriza por una clínica más insidiosa que se produce en relación con la ingesta diaria del alimento causal. Los síntomas son vómitos, diarrea crónica y retraso del crecimiento.

En muchos casos es necesario realizar una provocación oral al alimento sospechoso para confirmar el diagnóstico. Debe realizarse en medio hospitalario, monitorizando al paciente y cateterizando una vía intravenosa, ya que puede ser precisa la administración de sueroterapia casi en el 50 por ciento de los casos.

La adquisición de tolerancia al alimento implicado es más tardía que en otros tipos de alergia no IgE mediada, dependiendo del país de origen y los alimentos implicados. La tolerancia a las proteínas de la leche de vaca se adquiere en torno a los dos o tres años, pero la tolerancia a sólidos no se adquiere hasta los cuatro o cinco.

La provocación oral al alimento excluido se debe realizar al igual que la provocación diagnóstica en medio hospitalario. Es necesario realizar previamente un ‘prick’ a IGE ya que muchos pacientes desarrollan en la evolución una alergia IgE mediada al mismo alimento, en cuyo caso se retrasará la edad de adquisición de tolerancia.

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