“Voy a por Sacri y luego a por ti, hoy os vais a enterar de quien soy yo”, estas fueron las palabras que Rafael Pantoja, el presunto asesino de su expareja en Conforama, Sacramento Roca, espetó a la que había sido su mujer antes de dirigirse al citado centro comercial y cometer el asesinato.

Según ha explicado a Crónica Balear un familiar cercano, el presunto asesino se plantó en la vivienda de la que había sido la esposa de Rafael durante más de veinte años, y con la que tiene dos hijas, y rogó varias veces a la mujer que le abriera la puerta, a lo que aquella se negó.

Rafael abandonó entonces el lugar tras proferir la referida amenaza y en apenas media hora se plantó en Conforama donde acabó con la vida de Sacri (con la que mantenía una relación sentimental desde hacía unos meses y que ella había dado ya por finalizada).

A su llegada al centro comerical, los vigilantes de seguridad no le permitieron acceder al interior porque ya sabían del carácter conflictivo de Rafael pero la propia víctima les pidió que le dejaran entrar porque, si no, “iba a ser peor”.

Acorde a la versión del familiar, Rafael “tomaba medicamentos antidepresivos desde hacía tiempo. Quien le conoce sabe que no está bien de la cabeza, tiene cambios constantes de humor”.

Igualmente, esta persona ha referido a Crónica Balear el calvario al que ambas mujeres han estado sometidas desde hace tiempo. Las amenazas hacia las dos eran constantes, en el caso de su exmujer “la humilló durante muchísimos años y por miedo jamás denunció”, afirma, y en el de Sacri: “En cuanto la pobre chica se dio cuenta de como era se alejó de él y se fue a casa de sus padres. Su pobre padre tenia que acompañarla al trabajo por miedo porque él la perseguía, la amenazaba”.

Al parecer, tras verse rechazado por Sacri, el presunto asesino quiso volver a vivir con su exmujer aunque esta se negó, “por lo que volvieron las amenazas de muerte”.

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