Foto: Reuters

Jady conocía perfectamente al hombre que la esperaba aquella noche en los alrededores de su casa. Meses antes había intentado casarse con ella. Fue violada y encarcelada conforme a la ley mauritana, que pena las relaciones sexuales fuera del matrimonio, incluso si no son consentidas, y es aún más severa con la mujer.

Jady, de 26 años, acudió a la Policía. “Pensé que si les contaba lo que había pasado le detendrían (…) pero me dijeron que era culpable, no sé por qué”, ha contado a Thomson Reuters Foundation desde un centro para víctimas de violación en Nuakchot.

Pasó cinco meses en una cárcel que solo abandonó para ir a un hospital y dar a la luz a una niña fruto de la violación. En su caso, logró salir de prisión gracias a los esfuerzos legales de la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia.

La ley mauritana castiga la zina –las relaciones sexuales fuera del matrimonio– y la violación, aunque en lo tocante a este último delito no se recoge la noción de consentimiento y se presupone que el sexo entre adultos siempre es consentido, lo que hace muy difícil que las mujeres adultas puedan probar una violación.

El delito de zina se sanciona con la lapidación –sin llegar a la muerte– y latigazos, pero los castigos físicos rara vez se aplican en Mauritania, de modo que se solventan con penas de cárcel que son mayores para los mujeres que para los hombres.

De acuerdo con la directora de la Asociación Mauritana para la Salud de la Mujer y del Niño, Zeinabou Taleb Musa, una mujer puede estar encarcelada de forma indefinida por zina. Según datos de la ONG, la mayoría de las presas mauritanas –el 40 por ciento– han sido condenadas por este delito.

Musa ha explicado que la probabilidad de que las víctimas de violación sean encarceladas es tan alta que cuando acuden a la Asociación les recomiendan no denunciar. “Les decimos: ‘Desafortunadamente la ley no te protege. Si denuncias, él será encarcelado pero tú también'”, ha indicado.

PEQUEÑOS PASOS

La activista mauritana ha destacado que en los últimos años se han conseguido algunos progresos en este campo. Así, por ejemplo, la ley de protección a la infancia promulgada en 2005 hace más difícil que las niñas sean condenadas por zina.

También se ha avanzado en el tratamiento a las víctimas de violación. “Antes, todas las mujeres que comparecían ante un juez y decían que habían sido violadas eran acusadas. Ahora, hay investigaciones, hay testimonios, se atiende a la mujer”, ha valorado.

Sin embargo, no es suficiente. Duante la visita de Thomson Reuters Foundation a la sede de la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia había una niña de 16 años violada por su jefe que fue condenada por zina, aunque la batalla legal le permitió suspender la condena. Otra niña de 15 años no tuvo tanta suerte y tras ser violada estuvo un mes presa.

“La respuesta no está a la altura de lo que queremos, pero al menos hemos comenzado” a hacer algo, ha justificado Saleck Jeireb, del Ministerio de Asuntos Sociales, que asegura que el Gobierno tiene un plan para combatir la violencia de género que incluye formar a los profesionales de la salud en apoyo psicosocial para las víctimas.

NUEVA LEY

El mayor logro hasta la fecha fue una ley contra la violencia de género que definía claramente la violación y contemplaba medidas de apoyo a las víctimas y que fue aprobada por el Gobierno y el Senado en 2016 pero rechazada por los diputados mauritanos.

“Hubo debate, pero desafortunadamente estuvo basado en errores”, ha lamentado Jeireb. Sus detractores alertaron de que la ley atentaba contra la ‘sharia’ –ley islámica–.

Las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres han retomado la lucha de cara a la constitución del nuevo Parlamento. “Han prometido que lo van a estudiar, aunque no sabemos cuándo”, ha señalado Aminetu Mint Ely, de la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia.

Hasta entonces, el sistema legal de Mauritania seguirá siendo una fuente de incertidumbre para las víctimas de violación, que se debaten entre denunciar y ser encarceladas o callar. “Yo solo dije la verdad”, subraya Jady.

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