El asesino propino once puñaladas a Sakari asesinato conforama


El asesino de Sacramento Roca (Sacri), Rafael Pantoja, no aceptaba la ruptura y acosó y persiguió a su víctima hasta que el pasado viernes acabó con su vida de once puñaladas, dos de las cuales fueron mortales.

Pantoja entró en el centro comercial Conforama sobre las 16:45 horas del viernes después de que la propia Sacramento pidiera a los guardias de seguridad que le dejaran entrar «porque si no, iba a ser peor».

Una vez dentro, Rafael Pantoja aseguró que había ido para devolverle una fotografía: «Te dejaste esto en casa, vengo a devolvértelo» pero, acto seguido, se abalanzó sobre ella armado con un puñal tipo machete y le asestó hasta once puñaladas.

Una de esas puñaladas atravesó el corazón de Sacri hasta la columna vertebral y otra le alcanzó un pulmón, ocasionándole lesiones mortales.

Después, el agresor se dio a la fuga aunque acabó por ser interceptado por tres personas en la calle Lledoners.

EL AGRESOR NO ACEPTABA LA RUPTURA CON SACRI

Al parecer, el agresor no había aceptado la ruptura con Sacri y desde entonces la acosaba de diversas maneras: mediante mensajes a través del móvil, siguiéndola o incluso presentándose como un cliente más en Conforama.

El sábado anterior Sacramento encontró las cuatro ruedas de su vehículo pinchadas y el martes, tras lograr superar su miedo inicial, decidió presentar denuncia ante lo que estaba viviendo y que personas que la conocían, aseguran era de «maltrato psicológico continuo».

La policía investiga ahora si la agresión podría haberse desencadenado a raíz de que Rafael hubiera recibido la notificación de que había sido denunciado.

MINUTOS ANTES HABÍA AMENAZADO A SU EXMUJER

«Voy a por Sacri y luego a por ti, hoy os vais a enterar de quien soy yo», estas fueron las palabras que Pantoja espetó a la que había sido su mujer antes de dirigirse hasta el lugar donde Sacri trabajaba y donde la atacó.

Según explicó a Crónica Balear un familiar cercano, Pantoja se plantó en la vivienda de la que había sido su esposa durante más de veinte años, y con la que tiene dos hijas, y rogó varias veces a la mujer que le abriera la puerta, a lo que aquella se negó.

Rafael abandonó entonces el lugar tras proferir la referida amenaza y en apenas media hora se plantó en Conforama donde acabó con la vida de Sacri (con la que mantenía una relación sentimental desde hacía unos meses y que ella había dado ya por finalizada).

A su llegada al centro comercial, los vigilantes de seguridad no le permitieron acceder al interior porque ya sabían del carácter conflictivo de Rafael pero, como ya se ha indicado más arriba, la propia víctima les pidió que le dejaran entrar porque, si no, «iba a ser peor».

Acorde a la versión del familiar, Rafael «tomaba medicamentos antidepresivos desde hacía tiempo. Quien le conoce sabe que no está bien de la cabeza, tiene cambios constantes de humor».

Igualmente, esta persona ha referido a Crónica Balear el calvario al que ambas mujeres han estado sometidas desde hace tiempo. Las amenazas hacia las dos eran constantes, en el caso de su exmujer «la humilló durante muchísimos años y por miedo jamás denunció», afirma, y en el de Sacri: «En cuanto la pobre chica se dio cuenta de como era se alejó de él y se fue a casa de sus padres. Su pobre padre tenia que acompañarla al trabajo por miedo porque él la perseguía, la amenazaba».

Al parecer, tras verse rechazado por Sacri, el presunto asesino quiso volver a vivir con su exmujer aunque esta se negó, «por lo que volvieron las amenazas de muerte».

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