Foto: Reuters

Unas 2.500 personas de la caravana de migrantes centroamericanos se han quedado varadas en Tucún Umán en una situación “absolutamente desesperada”. Con unas pocas pertenencias en una bolsa de plástico y bajo un sol abrasador, aguardan a cruzar de Guatemala a México para seguir su avance hacia Estados Unidos, donde se toparán con una frontera militarizada.

El grupo se desgajó de la caravana el pasado viernes cuando los 1.300 migrantes que habían partido el 13 de octubre de la ciudad hondureña de San Pedro Sula alcanzaron, sumando ya muchos más, Tucún Umán. Se encontraron con el puente internacional Rodolfo Robles cerrado y con un cordón policial en el lado mexicano. Unas 7.000 personas cruzaron de forma ordenada pero no se sabe cuántas se lanzaron al río Suchiate, frontera natural, para evadir los controles.

“Están esperando el trámite migratorio que les permita pasar. Cada día pasan unas 300 personas”, ha dicho a Europa Press Iván Aguilar, coordinador humanitario de Oxfam en Guatemala. “Son familias enteras con niños que se ve que salieron con lo puesto y un par de cosas en una bolsa de plástico o en una mochila”. “Los que tienen suerte” han conseguido plásticos o lonas para cubrirse. Los demás soportan hasta 35 grados a pleno sol durante horas, ha relatado.

Aguilar ha advertido de que la situación podría empeorar porque en estos momentos hay por lo menos otras dos caravanas que siguen la misma ruta y en El Salvador se ha convocado por redes sociales otra gran marcha hacia Estados Unidos cuya salida está prevista para el domingo. México, ha valorado, parece que no va a adoptar la “política de embudo” que aplicó el pasado viernes, sino que les va a dar un permiso de tránsito de 45 días.

Los problemas se prevén en la frontera con Estados Unidos. El presidente, Donald Trump, ha puesto en “alerta” a la Guardia Fronteriza y a las Fuerzas Armadas para que frenen el avance de la caravana. Según el magnate neoyorquino, hay personas “infiltradas” de Oriente Próximo. “Eso es falso”, ha asegurado Aguilar. “Son civiles en una situación extrema que no tienen más remedio que salir para buscar algo mejor”, ha subrayado.

Las cifras son confusas pero, de acuerdo con la Casa del Migrante de Ciudad de Guatemala, una ONG que es parada habitual de los centroamericanos que tratan de llegar a Estados Unidos porque es uno de los pocos puntos a lo largo del camino en el que reciben ayuda, por su sede han pasado unas 11.000 personas en la última semana y eso sin contar los que se sumen en los próximos días.

UNA NUEVA FORMA DE EMIGRAR

Aguilar ha recordado que esta no es la primera caravana de migrantes centroamericanos, aunque sí la más mediática. “Ya hubo un par de caravanas anteriores. Puede que sea una nueva dinámica migratoria”, ha señalado. Viajan en masa para protegerse de los peligros del camino, entre los que destacan las organizaciones criminales.

Hasta ahora, las personas que partían del Triángulo Norte –formado por El Salvador, Honduras y Guatemala– pagaban 10.000 dólares o más para ponerse en manos de los ‘coyotes’, como se conoce popularmente a las mafias de tráfico de migrantes. “Esto lo hacía la gente de cierto nivel económico, que tenía un pequeño terreno para vender o un familiar en Estados Unidos que le costeara el viaje”, ha comentado Aguilar.

“Hay una gran cantidad de gente que no puede hacer eso” pero que tiene la misma necesidad de abandonar su país. “Van a seguir llegando migrantes. Posiblemente, va a ser mucho más habitual ver este tipo de grupos atravesando Centroamérica y México para llegar a Estados Unidos en unas condiciones precarias que les dejan en un nivel de vulnerabilidad muy alto”, ha augurado.

Aguilar ha enfatizado que se trata de un éxodo forzado por la dura realidad de estos países. En contra de lo que algunos han sugerido, “cuando la gente sale con niños en los brazos no es una decisión que se tome a la ligera”. “Nadie lo deja todo por 500 pesos”, ha recalcado, respondiendo así a quienes sostienen que la caravana está financiada.

“Las historias son similares”, ha contado el cooperante. Hablan de violencia y pobreza y, cada vez más, de hambre, así como de la “incapacidad estatal” para revertir la situación. Karen, que ha caminado más de 700 kilómetros desde Honduras con su hija de 7 años y ha dejado atrás a otros dos hijos en un refugio, explica que no pueden regresar: “Estamos amenazados de muerte”.

EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO

El coordinador humanitario de Oxfam en Guatemala ha alertado de que el cambio climático añade si cabe más presión a las familias. El creciente deterioro de los cultivos está provocando que un alimento básico en la dieta guatemalteca como es el frijol se convierta casi en un producto de lujo.

De acuerdo con los estudios realizados por la ONG en el país, “el frijol, que es una de las pocas fuentes de proteínas que tienen, está desapareciendo de la dieta guatemalteca porque no pueden comprarlo”. Esto coincide con los análisis del Ministerio de Agricultura, según los cuales los mayoristas de frijol se quejan de que ya no se vende tanto, ha apostillado.

Así, uno de cada dos niños menores de 5 años en Guatemala sufre desnutrición crónica, “una de las más altas del mundo”. “No es la desnutrición que mata, la aguda, pero supone una dieta mala durante toda la vida” que impide que los niños tengan un desarrollo físico e intelectual normal. “Es un dato dramático”, ha lamentado.

EMPATÍA E INVERSIÓN

Para Aguilar, “esto no es sostenible”, por lo que es normal “que la gente tome alguna medida para salir de ahí”. “Hay que entender que son gente que está huyendo de una situación muy complicada y que necesitan que se les proteja, no que se les criminalice. Deben ser tratados como migrantes, no como delincuentes”, ha defendido.

Oxfam, desplegada en Tucún Umán, ha distribuido 3.500 kits de higiene personal y planea instalar 60 letrinas químicas, duchas y puntos de agua potable. “Hay que dar asistencia en tránsito porque van con diez dólares o menos”, ha reclamado a las autoridades de los países a los que van llegando.

A largo plazo, Aguilar ha sostenido que “queda mucho por hacer”. “Hay un rezagón enorme en materia de inversión social y de oportunidades económicas” y más de la mitad de las ayudas públicas van a parar a familias que no son las más vulnerables. No se trata solo de invertir, sino de saber cómo y dónde hacerlo, ha destacado.

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