Foto: Reuters

Casi tres años después de que un brote de zika provocara miles de casos de microcefalia en recién nacidos en Brasil, las madres de bebés afectados por el virus se enfrentan a la pobreza y la desesperación.

En el noreste del país cientos de madres contrajeron el virus, que es transmitido por mosquitos, durante el embarazo. La mayoría fueron abandonadas por sus maridos, por lo que tienen que cuidar solas de sus hijos, según han explicado a la agencia de noticias Reuters.

Muchas de las mujeres se han adaptado en gran medida al impacto inicial de la discapacidad de sus respectivos hijos, pero muchas tienen problemas para salir adelante dado que únicamente cuentan con un cheque mensual de ayuda por discapacidad de poco más de 954 reales (unos 250 dólares), que debe cubrir alojamiento, alimentos, medicamentos y transporte para las frecuentes visitas al médico.

La mayoría ha confesado que sienten desesperación y sufren depresión, y que incluso han considerado la posibilidad de suicidarse dado que no pueden hacerse cargo de la situación.

Gabriela Alves de Azevedo, de 22 años, vive a las afueras del municipio de Olinda, en el este del país, con su hija, Ana Sophia, que ahora tiene tres años y sufre microcefalia. “Entré en depresión y mi familia me ayudó”, ha indicado. “Si no fuera por ellos, me habría vuelto loca”, ha añadido la joven.

Gleyse Kelly da Silva, por su parte, ha denunciado que la población no respeta los derechos de su hija, también afectada por el virus.

Otras mujeres no cuentan con el apoyo familiar y han alertado de la imposibilidad de hacerse con determinados objetivos necesarios para facilitar la vida de sus hijos, como una silla de ruedas. Muchas de ellas apenas pueden pagar los medicamentos.

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