NASA

El telescopio Hubble ha observado en una enana roja una superllamarada, una violenta explosión de radiación más poderosa que cualquier explosión de este tipo provocada por el Sol.

Este tipo de fenómenos probablemente afectaría a la capacidad de habitabilidad de los planetas que la orbitan, según los científicos del programa HAZMAT centrado en este tipo de estrellas –también conocidas como enanas M–, observadas en luz ultravioleta, donde muestran la mayor actividad. Los resultados se publican en ‘Astrophysical Journal’.

“Las estrellas enanas rojas son las estrellas más pequeñas, más comunes y de más larga vida en la galaxia”, indica la profesora asistente en la Escuela de Exploración de la Tierra y el Espacio de la ASU, Evgenya Shkolnik, investigadora principal del programa HAZMAT. “Además, creemos que la mayoría de las estrellas enanas rojas tienen sistemas de planetas que las orbitan”, añade.

Se cree que las llamaradas están alimentadas por intensos campos magnéticos que se enredan con los movimientos turbulentos de la atmósfera estelar. Cuando el enredo se vuelve demasiado intenso, los campos se rompen y se vuelven a conectar, liberando enormes cantidades de energía.

Alrededor de tres cuartos de las estrellas en la Vía Láctea son enanas rojas. La mayoría de los planetas de la “zona habitable” de la galaxia (planetas que orbitan sus estrellas a una distancia donde las temperaturas son lo suficientemente moderadas para que exista agua líquida en su superficie) orbitan enanas rojas. De hecho, la estrella más cercana al Sol, una enana roja llamada ‘Proxima Centauri’, tiene un planeta del tamaño de la Tierra en su zona habitable.

Sin embargo, las enanas rojas, especialmente las jóvenes, son estrellas activas, que producen bengalas que pueden explotar tanta energía que interrumpe y, posiblemente, despoja las atmósferas de estos planetas en ciernes.

“El objetivo del programa HAZMAT es comprender la habitabilidad de los planetas alrededor de estrellas de baja masa –explica Shkolnik–. Estas estrellas de baja masa son de importancia crítica para comprender las atmósferas planetarias”. La radiación ultravioleta puede modificar la química en la atmósfera de un planeta, o potencialmente eliminar esa atmósfera.

Las observaciones reportadas en el ‘Astrophysical Journal’ examinaron la frecuencia de los brotes de 12 enanas rojas jóvenes (40 millones de años), que representan solo la primera parte del programa HAZMAT. Estas estrellas muestran que las estrellas jóvenes de poca masa se inflaman con mayor frecuencia y con más energía que las estrellas viejas y de mediana edad como el Sol, como demuestra la superllamarada.

“Con el Sol, tenemos cien años de buenas observaciones, y en ese tiempo hemos visto una, tal vez dos, llamaradas que tienen una energía que se acerca a la de la superllamarada”, comenta el investigador postdoctoral de la ASU, Parke Loyd, primer autor del artículo.

Sin embargo, asegura que en poco menos de un día de observaciones de estas estrellas jóvenes con el Hubble, se captó esta superllamarada, lo que significa que estos grandes estallidos ocurren todos los días o incluso algunas veces al día.

RIESGO DE ACABAR CON LA HABITABILIDAD

El hallazgo plantea una pregunta: ¿Podrían los destellos de tal frecuencia e intensidad bañar a los planetas jóvenes con tanta radiación ultravioleta como para que se descarte cualquier posibilidad de habitabilidad?.

Según Loyd, las llamaradas como las observadas por los científicos tienen la capacidad de separar la atmósfera de un planeta. Pero eso no significa necesariamente que no pueda haber vida en el planeta. “Puede que sea una vida diferente a la que imaginamos. O podría haber otros procesos que podrían reponer la atmósfera del planeta. Sin duda, es un entorno hostil, pero dudaría en llamarlo un ambiente estéril”, considera.

La siguiente parte del estudio HAZMAT será estudiar enanas rojas de edad intermedia que tienen 650 millones de años. Luego se analizarán las enanas rojas más antiguas y se compararán con las estrellas jóvenes e intermedias para comprender la evolución del entorno de radiación de alta energía para los planetas alrededor de estas estrellas de baja masa.

Las enanas rojas, que se estima que arden durante un billón de años, tienen una vasta cantidad de tiempo disponible para albergar eventualmente planetas habitables y en evolución.

“Simplemente tienen muchas más oportunidades para que la vida evolucione, dada su longevidad –dice Shkolnik–. No creo que estemos seguros de una manera u otra acerca de si los planetas que orbitan las enanas rojas todavía son habitables, pero creo que el tiempo lo dirá”.

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