David Zorrakino

La Crida Nacional per la República, el movimiento político que impulsa el expresidente Carles Puigdemont, ha presentado este sábado su ponencia política en la que se recogen los objetivos y la ‘hoja de ruta’, y donde se reivindica el diálogo con el Estado pero también la desobediencia para lograr una república catalana.

El documento, recogido por Europa Press y presentado en el acto fundacional de la Crida celebrado en Manresa (Barcelona), asegura que “la apuesta por el diálogo y el entendimiento para ejercer de manera efectiva las aspiraciones de autodeterminación de la ciudadanía de Cataluña es firme”.

Sin embargo, advierte también de que, si la vía del diálogo con el Estado no se produce o no avanza de manera significativa, la Crida en ningún caso renunciará “a el ejercicio efectivo de la soberanía cuando las condiciones sociales y políticas del país lo permitan”.

En este punto, la ponencia evita mencionar la vía unilateral hacia la independencia, pero defiende buscar la consecución de una república para Cataluña por “cualquier camino que responda a los principios de la no violencia y a un mandato democrático expresado mayoritariamente en las urnas”.

La Crida reivindica el resultado del 1-O y se fija dos objetivos fundamentales e inmediatos: la libertad y absolución de los presos soberanistas y el regreso de los líderes que están en el extranjero, y un referéndum de autodeterminación “efectivo y acordado”.

DESOBEDIENCIA

El documento defiende que la desobediencia de los representantes políticos “puede acabar siendo un acción necesaria ante la injusticia de la acción de los poderes del Estado” y la negativa de estos de aceptar el derecho de autodeterminación de Cataluña.

También contempla esta desobediencia no solo en los representantes políticos, sino desde la ciudadanía, siempre en términos pacíficos y como “protesta cívica como posible acelerador de una solución democrática al conflicto”.

“UNIDAD ELECTORAL” Y DISOLUCIÓN

La Crida se ha fundado este sábado con fecha de caducidad: afirma que se crea por un contexto de excepcionalidad y asegura que se disolverá como movimiento político “una vez conseguida la instauración de la república catalana”.

El documento también analiza que “la falta de unidad y sobre todo de confianza entre los partidos soberanistas está en el origen” de algunas decisiones estratégicas del proceso soberanista que no han acabado teniendo éxito.

Ante este escenario, la Crida plantea recuperar la unidad no solo en la decisiones estratégicas que tome el independentismo, sino también la “unidad electoral”, es decir, que el soberanismo se presente junto en las contiendas electorales.

“Los beneficios de la unidad electoral no los tenemos que apreciar solo en la obtención de votos el día de las elecciones, que también, sino en la acción política posterior en clave de confrontación democrática con el Estado”, zanja el documento.

La unidad electoral es una cuestión que ha enfrentado en varias ocasiones a los partidos independentistas, la última, en las catalanas de diciembre de 2017: ERC y la CUP la rechazaron y abogaron por presentarse en listas separadas.

ARTADI Y MASCARELL

La portavoz del Govern, Elsa Artadi, y el delegado de la Generalitat en Madrid, Ferran Mascarell, han sido los encargados de presentar esta ponencia política y han destacado que la Crida es un movimiento político que, “si es necesario podrá presentarse a elecciones”, pero no ha aclarado en qué futuros comicios estará.

Artadi ha asegurado que la Crida es un proyecto para una Cataluña integradora que no excluya a nadie por razón de procedencia o lengua, y ha insistido en que el movimiento desaparecerá si llega la independencia: “La disolución de la Crida será nuestro éxito”.

Mascarell ha expuesto que esta formación aboga por una independencia luchada desde “la unidad, las instituciones, las movilizaciones, el exilio y la cárcel”, y ha destacado que apuestan por el diálogo, pero sin renunciar nunca a la independencia.

“Forzaremos al Estado a negociar”, ha concluido Mascarell, mientras que Artadi ha criticado un exceso de rivalidad entre partidos independentistas que, en su opinión, perjudica para poder conseguir una república catalana.

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