Foto: Reuters

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, ha ordenado el despliegue de más policías y militares en las zonas afectadas por los terremotos y el tsunami en la isla Célebes, donde ya se han localizado a 1.234 personas con vida, según el último balance de víctimas difundido ese martes.

“Hay algunas prioridades que debemos afrontar y la primera es evacuar, localizar y salvar a las víctimas que todavía no han sido localizadas”, ha declarado Widodo durante un encuentro del Gobierno para coordinar las tareas de rescate.

La agencia de gestión de emergencias (BPND) ha confirmado la muerte de al menos 1.234 personas como consecuencia de los seísmos –el más fuerte de una magnitud de 7,5– y por un tsunami que arrasó la costa de la ciudad de Palu con olas de hasta seis metros.

Las autoridades aún no han podido acceder a algunas de las áreas afectadas, por lo que a estas alturas todos dan por hecho que la cifra seguirá subiendo incluso durante días. La tragedia ha destruido carreteras y puentes y también ha provocado numerosos corrimientos de tierra en una serie de distritos que suman una población de 1,4 millones de habitantes.

Cruz Roja ha descrito la situación como “catastrófica”, después de que un equipo haya llegado a la zona de Dongala, cercana al epicentro, y haya confirmado considerables niveles de destrucción. Entre los fallecidos figuran 34 niños que estaban de convivencias cristianas, según un portavoz de la organización.

EN BUSCA DE SUPERVIVIENTES

Unas 50 personas estarían sepultadas en el interior del Hotel Roa Roa de Palu, completamente destruido. Una docena de víctimas ya han sido rescatadas de entre los escombros, una de ellas este mismo martes, pero el jefe de uno de los equipos, Agus Haryono, aún confía en que “hay más supervivientes atrapados”.

“Tenemos que tener mucho cuidado para no dañar a los posibles supervivientes cuando movemos los escombros”, ha explicado Haryono, que analiza con los planos posibles huecos en los que buscar.

Las autoridades se afanan también en enterrar a los fallecidos, en un ambiente en el que comienza a cundir el olor de cuerpos en proceso de descomposición. A las afueras de Palu, un grupo de camiones ha trasladado más de medio centenar de cadáveres hasta un fosa común.

La mayoría de los cuerpos no han sido reclamados por nadie, pero algunos familiares de han acercado hasta la fosa para dar su último adiós. “Está bien que sea enterrado en una fosa común, es mejor que lo enterremos cuanto antes”, ha declarado Rosmawati Binti Yahya, que perdió a su marido y busca a una hija desaparecida.

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