Foto: Reuters

Decenas de miles de afganos viven en tiendas de campaña y campamentos improvisados tras huir de la grave sequía que está causando estragos en Afganistán, principalmente en el oeste del país, sin apenas ayuda y con el invierno a la vuelta de la esquina, lo que genera preocupación entre las organizaciones humanitarias que tratan de ofrecerles asistencia.

Según los últimos datos de la ONU, más de 260.000 personas se han visto desplazadas por la sequía en las provincias de Herat, Badghis, Daykundi y Ghor. La mayoría de los desplazados se han trasladado hacia las ciudades de Herat, capital de la provincia del mismo nombre, y Qala-i-Naw, la capital de Badghis.

“La sequía ha obligado a más de 250.000 personas a abandonar sus tierras y, para los desplazados, la necesidad de refugio es crítica a medida que se acerca el invierno”, subraya el coordinador humanitario de la ONU para Afganistán, Toby Lanzer, dada la crudeza de las condiciones en la que ya residen muchas de las familias desplazadas.

Pese a que las agencias de la ONU han dado ayuda en forma de alimentos o de dinero en efectivo a las familias que han llegado a Herat durante el mes de septiembre, estas ya se han quedado sin comida. En el caso de aquellas que recibieron dinero, muchas tuvieron que destinarlo a pagar deudas contraídas para poder huir de sus hogares, para servicios sanitarios o para comprar material para sus improvisados refugios.

La falta de oportunidades con la que se están encontrando los desplazados para ganarse la vida en sus nuevos lugares de residencia está empujando a muchas familias a optar por métodos desesperados de supervivencia, como poner a sus hijos a trabajar, mendigar o recoger basura, mientras que algunas mujeres se dedican a limpiar y fregar para los residentes de la ciudad, según indica la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) en su último informe.

El matrimonio infantil también es visto como una opción válida ante lo desesperado de la situación. Badro y su familia se han trasladado a la ciudad de Herat tras perder una cosecha fallida, la muerte de sus animales y la falta de agua en los pozos.

Allí, la mujer ha contado a World Vision que está pensando en casar a su nieta Anisa, de 13 años. “He encontrado un buen hombre y la casaré con él”, señala. “Si no recibo ninguna ayuda no tendré otra elección. Eso sería mejor para ella y para nosotros”, defiende.

SITUACIÓN DESESPERADA

“La vida nunca ha sido fácil para estas personas en algunas de las zonas más remotas e inseguras de Afganistán, pero tenían lo suficiente para sobrevivir. Debido a esta sequía, eso ya no sucede. Lo que antes eran preocupaciones normales se han convertido ahora en desesperación”, subraya el director de World Vision Afganistán, Jim Alexander.

“Tememos que los niños hambrientos y con frío se verán golpeados por enfermedades invernales que lleven a muertes totalmente prevenibles”, advierte por su parte el director para el país del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), Chris Nyamandi.

Sultana, de 24 años, ya sabe lo que es perder a un hijo. “Llegamos a Badghis y dormimos a la intemperie sin nada más que una luna sobre nuestra cabeza”, explica a NRC. “Mi hija de tres meses primero cogió neumonía y luego murió”, precisa.

“Las temperaturas ya han caído casi hasta los cero grados durante la noche y las próximas semanas serán realmente una prueba para las familias con la llegada de temperaturas gélidas”, subraya el responsable del NRC en Afganistán.

Nazoo, de 36 años, y sus cinco hijos se han trasladado a Qala-i-Naw huyendo de la sequía, mientras que su marido se ha ido a Irán en busca de trabajo. “Solo pudimos traer unas mantas, platos y teteras con nosotros y el resto de nuestras cosas se quedaron almacenadas en casa”, explica al NRC.

“Estoy sola aquí y no tengo ningún techo sobre mi cabeza”, se queja, subrayando que lleva dos años viviendo “en este desierto sin ningún cobijo y solo hemos recibido una bolsa de harina” con la que cocina panes para sus hijos. “No hay ninguna tienda por aquí para comprar verduras o arroz, pero si la hubiera no podríamos comprar porque se nos está agotando el dinero”, añade.

NRC incide en que los campamentos improvisados en que viven los desplazados no están preparados para la llegada del crudo invierno afgano. Además, alerta, las cuencas secas de los ríos en las que muchas familias desplazadas se han instalado podrían ser escenario de inundaciones repentinas y de crecidas de agua durante el invierno, lo que complicaría aún más la situación.

“No podemos abandonar Afganistán en este momento crítico. Hay que construir mejores refugios y poner en marcha reservas de alimento, para que las familias puedan sobrevivir a los gélidos meses que tienen por delante”, sostiene Nyamandi. “Tenemos que garantizar que los afganos sobreviven este invierno pese a las probabilidades”, reclama.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.