La suerte acompañó la noche del sábado a unos agentes de la Policía Local de Llucmajor que fueron llamados para un servicio que podría haber finalizado en una autentica masacre.

Los hechos comenzaron sobre las 23:30 horas cuando los policías, que participaban en un control de urbanizaciones debido al incremento de robos que se han producido últimamente en chalets, fueron requeridos para que se dirigieran a una finca de Bahía Grande, donde una mujer solicitaba auxilio para localizar a su marido.

A su llegada, la mujer les explicó que su pareja había ingerido al menos treinta pastillas de Trankimazin y que había abandonado la vivienda “muy nervioso y fuera de sí”. Igualmente, les informó de que el hombre (un austríaco de 41 años) era exmilitar y excampeón olímpico de tiro K-1 y que podría ir armado.

Dos patrullas comenzaron entonces a dar batidas por la zona y localizaron el vehículo del marido en las proximidades del mirador que hay en la urbanización. Los agentes se apearon de sus vehículos y prosiguieron la búsqueda a pie, iluminando con sus linternas los matorrales hasta que, en un momento dado, el individuo se abalanzó sobre ellos armado con una botella rota y un cuchillo.

Los agentes pudieron repeler la agresión y entre los cuatro lograron reducirlo aunque con muchas dificultades debido a su gran envergadura y a la fuerza que presentaba ya que, tal y como había dicho su mujer, se hallaba fuera de sí.

Cuando procedieron a registrarlo, a los agentes se les debió helar el corazón al comprobar que el individuo portaba encima una pistola cargada y lista para disparar con un total de 15 balas blindadas y que tan solo la suerte quiso que no llegara a utilizar.

Finalmente, se procedió a su detención por resistencia a la autoridad.

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