El 45,7 por ciento de las personas hospitalizadas que padecen disfagia orofaríngea o dificultad para tragar alimentos y líquidos padecían problemas de desnutrición, cifra que se eleva hasta el 55 por ciento en los pacientes de edad avanzada, según los datos del estudio PREDyCES, tratados durante una sesión científica respecto a esta afección, organizada por Nestlé Health Science, durante el 40 Congreso ESPEN de nutrición clínica y metabolismo.

La condición disfágica, que multiplica por tres el riesgo de desnutrición, es frecuente en ancianos, pacientes con enfermedades neurodegenerativas, supervivientes de ictus y personas con cáncer de cabeza o cuello. La comida se desvía de su recorrido natural y llega hacia las vías respiratorias, lo que puede provocar una bronconeumonía a veces mortal.

En este sentido, el miembro del Seminario de Investigación en Economía y Salud (SIES) de la Universidad de Castilla-La Mancha, el doctor Juan Oliva Moreno ha mostrado durante el citado congreso que los desnutridos con disfagia permanecían 2,7 días más hospitalizados en comparación con los disfágicos bien nutridos.

Sin embargo, según los datos de PREDyCES, en España sólo uno de cada cuatro personas con disfagia recibe algún tipo de soporte nutricional, como espesantes o triturado de dieta, y apenas uno de cada tres que además está desnutrido recibe algún sopoerte nutricional, como nutrición enteral o suplementos.

La disfagia también aumenta el coste económico de la estancia hospitalaria. Según el doctor Oliva, los días adicionales que están hospitalizados los disfágicos desnutridos suponen un sobrecoste de 1.037 euros por paciente y estancia. Los datos se incrementan de manera exponencial en personas mayores.

No obstante, no hay muchos estudios económicos acerca de la disfagia en entornos hospitalarios. Los escasos estudios que hay muestran que los pacientes con disfagia implican un sobrecoste que alcanza el 40 por ciento. En pacientes de 60 o más años, según un estudio realizado en centros geriátricos de Dinamarca, el incremento del gasto en residentes con disfagia es de casi 4.000 euros, que alcanzan los 6.000 si se suman los costes de servicios sociales.

El doctor Oliva también ha hecho referencia a otro dato que se desprende de estos estudios y es que las personas que padecen disfagia ingresan con mayor frecuencia en residencias al salir del hospital.

“Pero cuando se habla de coste no todo es dinero. Al coste económico hay que añadir el coste emocional y de tiempo del cuidador de un paciente con disfagia y del paciente mismo: los costes intangibles relacionados con el dolor o sufrimiento, la pérdida de trabajo o cambios en la capacidad productiva del individuo”, ha indicado el experto.

La disfagia lleva aparejada depresión, ansiedad, cambios en el estilo de vida y sobrecarga de cuidados. Además, produce sentimiento de miedo a la hora de comer y beber. El paciente limita su ingesta de alimento produciendo desnutrición, además de deshidratación, neumonías por aspiración, pérdida de calidad de vida y mayor riesgo de complicaciones y morbilidad.

ABORDAJE INTEGRAL

La Comunidad de Madrid cuenta con la primera unidad multidisciplinar para trastornos de la deglución, la Unidad Funcional de Disfagia Orofaríngea. Coliderada por la jefe de sección de Endcrinología y Nutrición del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, la doctora Julia Álvarez Fernández, realiza un abordaje integral de los paceintes con disfagia atendidos en consultas externas y en hospitalización.

“Las Unidades Funcionales de Disfagia Orofaríngea son una solución viable para dar respuesta a las necesidades de los pacientes. Deben ser multidisciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares y abordar la problemática del paciente con una visión holística para poder aportar las soluciones más integradoras, multi e interdisciplinares, que permitan mejorar la seguridad del paciente y su calidad de vida”, ha explicado la doctora Álvarez.

La doctora Álvarez ha añadido que “los profesionales tenemos que trabajar en equipo: logopedas, neurólogos, otorrinolaringólogos, dietistas, enfermeras, cocineros, pacientes, cuidadores, etc. para mejorar la seguridad y calidad de vida del paciente”.

Los protocolos para mejorar la tención de pacientes con disfagia deben contemplar, según la experta, “sensibilizar a los profesionales, gestores y población en general, identificar a los sujetos en riesgo, establecer un plan de Atención Nutricional Individualizado, integrar a los profesionales implicados e innovar, registrar nuestras intervenciones diagnósticas y terapéuticas y evaluar”.

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