MIT


Nuevos conocimientos sobre el papel del vapor de agua pueden ayudar a los investigadores a predecir cómo responderá el planeta al calentamiento global, alterando incluso el proceso de expulsión de calor al espacio.

Desde la década de 1950, los científicos han observado una relación lineal que se traduce en que la Tierra arroja más calor al espacio conforme su superficie se calienta.

Pero dado que la Tierra es un sistema increíblemente desordenado, con muchas partes complicadas e interactivas que pueden afectar en este proceso, los investigadores han encontrado difícil explicar por qué esta relación entre la temperatura superficial y el calor saliente es tan simple y lineal, por lo que hallar una explicación podría ayudar a los científicos climáticos a modelar los efectos del cambio climático.

Ahora, científicos del Departamento de Ciencias Terrestres, Atmosféricas y Planetarias (EAPS) del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, han encontrado la respuesta, junto con una predicción de cuándo se romperá esta relación lineal.

Observaron que la Tierra emite calor al espacio desde la superficie del planeta y desde la atmósfera. A medida que ambos se calientan, por ejemplo, mediante la adición de dióxido de carbono, el aire retiene más vapor de agua, que a su vez actúa atrapando más calor en la atmósfera. Este fortalecimiento del efecto invernadero de la Tierra se conoce como retroalimentación del vapor de agua. Crucialmente, el equipo descubrió que la retroalimentación del vapor de agua es suficiente para cancelar la velocidad a la que la atmósfera más cálida emite más calor al espacio.

Sus hallazgos, que se publican este lunes en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, también pueden ayudar a explicar cómo se desarrollaron los climas extremos y de efecto invernadero en el antiguo pasado de la Tierra.

UNA VENTANA PARA EL CALOR

En su búsqueda de una explicación, el equipo construyó un código de radiación, esencialmente, un modelo de la Tierra y cómo emite calor, o radiación infrarroja, en el espacio. El código simula a la Tierra como una columna vertical, comenzando desde el suelo, a través de la atmósfera y finalmente al espacio. Así, se puede anotar una temperatura superficial en la columna y el código calcula la cantidad de radiación que escapa a través de toda la columna y hacia el espacio.

El equipo pudo entonces girar el picaporte de la temperatura hacia arriba y hacia abajo para ver cómo las diferentes temperaturas de la superficie afectarían el calor de salida. Cuando trazaron sus datos, observaron una línea recta: una relación lineal entre la temperatura de la superficie y el calor saliente, en línea con muchos trabajos previos, y en un rango de 60 grados Kelvin, o 108 grados Fahrenheit.

«Así que el código de radiación nos dio lo que la Tierra realmente hace –subraya en un comunicado el postdoctorado y autor principal Daniel Koll–. Luego, comenzamos a profundizar en este código, que es una masa física destrozada, para ver cuál de estas físicas es realmente responsable de esta relación». Para ello, el equipo programó en su código varios efectos en la atmósfera, como la convección, la humedad o el vapor de agua, y giró estos picaportes hacia arriba y hacia abajo para ver cómo afectarían a la radiación infrarroja saliente de la Tierra.

«Necesitábamos dividir todo el espectro de radiación infrarroja en aproximadamente 350.000 intervalos espectrales, porque no todos los infrarrojos son iguales», afirma Koll. Este investigador explica que, aunque el vapor de agua absorbe calor o radiación infrarroja, no lo absorbe indiscriminadamente, sino a longitudes de onda que son increíblemente específicas, tanto que el equipo tuvo que dividir el espectro infrarrojo en 350.000 longitudes de onda solo para ver exactamente qué longitudes de onda fueron absorbidas por el vapor de agua.

EL PAPEL DEL VAPOR DE AGUA

Al final, los investigadores observaron que a medida que la temperatura de la superficie de la Tierra se calienta, esencialmente quiere arrojar más calor al espacio. Pero al mismo tiempo, el vapor de agua se acumula y actúa para absorber y atrapar el calor en ciertas longitudes de onda, creando un efecto invernadero que evita que una fracción de calor se escape.

«Es como si hubiera una ventana a través de la cual un río de radiación puede fluir al espacio –dice Koll–. El río fluye cada vez más rápido a medida que se ponen las cosas más calientes, pero la ventana se reduce, porque el efecto invernadero está atrapando mucha de esa radiación y evitando que se escape».

Koll dice que este efecto invernadero explica por qué el calor que escapa al espacio está directamente relacionado con la temperatura de la superficie, ya que el incremento en el calor emitido por la atmósfera se cancela por la mayor absorción del vapor de agua.

El equipo descubrió que esta relación lineal se rompe cuando las temperaturas superficiales promedio globales de la Tierra van mucho más allá de 300 Kelvin (26,85 grados Centígrados). En tal escenario, sería mucho más difícil para la Tierra arrojar calor a aproximadamente la misma velocidad que su superficie se calienta. Por ahora, ese número ronda los 285 Kelvin (11,85 Centígrados).

«Significa que todavía estamos bien ahora, pero si la Tierra se vuelve mucho más caliente, entonces podríamos estar en un mundo no lineal, donde las cosas pueden complicarse mucho más», advierte Koll. Para dar una idea de cómo sería un mundo tan no lineal, invoca a Venus, un planeta que muchos científicos creen que comenzó como un mundo similar a la Tierra, aunque mucho más cerca del sol.

«En algún momento del pasado, pensamos que su atmósfera tenía una gran cantidad de vapor de agua, y el efecto invernadero se habría vuelto tan fuerte que esta ventana se cerró, y nada pudo salir más, y entonces el calor se descontroló», plantea Koll. «En ese caso, todo el planeta se calienta tanto que los océanos comienzan a evaporarse, cosas desagradables comienzan a suceder, y se pasa de un mundo parecido a la Tierra a lo que Venus es hoy», añade.

Para la Tierra, Koll calcula que ese efecto de desbocamiento no se produciría hasta que las temperaturas promedio mundiales alcancen unos 340 Kelvin (66,85ºC). El calentamiento global por sí solo es insuficiente para provocar tal calentamiento, pero otros cambios climáticos, como el calentamiento de la Tierra durante miles de millones de años debido a la evolución natural, podría empujar a la Tierra hacia este límite. «En ese punto, nos convertiríamos en Venus», afirma.

Koll cree que los resultados del equipo pueden ayudar a mejorar las predicciones del modelo climático, además de que pueden ser útiles para comprender cómo se desarrollaron los climas cálidos antiguos en la Tierra. «Si vivías en la Tierra hace 60 millones de años, era un mundo mucho más caliente y loco, sin hielo en los polos, y palmeras y cocodrilos en lo que ahora es Wyoming –plantea Koll–. Una de las cosas que mostramos es que, una vez que se impulsa a climas realmente cálidos como ese, que sabemos que sucedieron en el pasado, las cosas se vuelven mucho más complicadas».

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