Algunos de los problemas visuales de los niños, que inciden en su rendimiento escolar, no se relacionan con su agudeza visual, sino con la capacidad para mover los ojos rápido, según ha indicado la directora del centro de contactología avanzado Confort Visión, Olga Esteban.

Concretamente, “muchos menores, a pesar de contar con una muy buena agudeza visual de cerca y de lejos, como ver bien las letras, tienen dificultades para mover los ojos con la suficiente velocidad y precisión y esto incide directamente en su capacidad de lectura y su rendimiento escolar”, ha explicado Esteban.

La experta ha hablado de los movimientos “sacádicos, los que provocan que nuestra mirada salte de un lugar a otro, lo que impide que se realice una lectura fluida”, ha dicho, mientras ha recomendado que si los progenitores observan que “el menor se salta letras al leer o se salta palabras”, debería sospecharse “que hay algún desequilibrio en el funcionamiento de su sistema visual que dificulta que procese correctamente la información”.

El 30 por ciento de las dificultades de aprendizaje, sobre todo en edades tempranas, se debe a problemas de percepción y de eficacia visual, según Visión y Vida. Puesto que el 90 por ciento de la información que se recibe es a través de los ojos, cualquier fallo en su funcionamiento puede tener graves consecuencias en su aprendizaje y desarrollo académico.

Por lo tanto, Visión y Vida ha recalcado “la importancia de revisar periódicamente el estado de la salud visual de los menores” y pueden hacerlo mediante diferentes herramientas con las que cuentan los profesionales de la visión.

Visión y Vida ha destacado el entrenamiento visual, una especialidad optométrica en la que, por medio de ejercicios visuales, se diseña un plan de entrenamiento personalizado para cada niño que ejercita su capacidad de enfocar correctamente la imagen, alinear los ejes visuales al plano correcto y agilizar los “rápidos y precisos” movimientos de los ojos requeridos para la lectura. De este modo, se mejora la recepción y procesamiento de toda la información que se recibe a través de los ojos.

La especialista se ha referido a la variedad de pacientes que pueden beneficiarse de este tipo de técnica. “Personas con ojo vago que quieren recuperar la agudeza de ese ojo; menores falsamente diagnosticados como TDA por su falta de atención en el aula; recuperar la eficiencia visual de personas ante el ordenador en la oficina o de menores cuando estudian; mejorar estrabismos o, incluso, controlar el crecimiento de la miopía”, ha subrayado Esteban.

No obstante, “en muchos casos, el menor deja de prestar atención porque tiene un gran disconfort visual derivado de un problema de convergencia”, ha indicado la especialista. No obstante, “en cuanto se normalizan sus habilidades visuales comienzan a sentirse mejor y, como consecuencia, a prestar mayor atención y a mejorar su rendimiento académico”, ha completado la también colaboradora de Visión y Vida.

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