Fotos: Isabelle Sleijpen

El violinista libanés de ascendencia armenia, Ara Malikian (Beirut, 1968), volvió a pasar anoche como un ciclón por la isla de Mallorca. El músico que rompió todas las normas de la música clásica, vive inmerso en una constante gira mundial.

La programación musical de Port Adriano empieza a consolidarse como uno de los eventos musicales más importantes del Mediterráneo. Anoche fue el escenario escogido por el músico libanés para reunir a casi dos mil personas entre las cuales se pudo ver a una parte de la familia Real que se encuentra pasando unos días en la isla, y que no quisieron perderse uno de los espectáculos más importantes del año en Mallorca.

El violín de Ara Malikian, su fuerza y su manera de interpretar con igual virtuosismo a clásicos y a figuras del pop, ha convertido a este ciudadano del mundo residente en Madrid en el más deslumbrante violinista de su generación.

El espectáculo.

Música, luces y numerosos músicos sobre el escenario acompañaron a Malikian y consiguieron convertir una noche cualquiera de verano en un acontecimiento inolvidable.

El elenco de músicos sobre el escenario, estuvo formado por una banda de gran formato integrada por batería, guitarra, viola, violoncelo, contrabajo y percusiones indias.

Nada se parece a Ara Malikian.

Teatral, excesivo y dramático, este hijo de la diáspora armenia, este libanés por accidente es el poseedor de un físico contundente que mezcla pasión y virtuosismo a partes iguales.

Combina a la perfección los clásicos con las estrellas del pop. Chopin, Paganini o Mozart conviven perfectamente con David Bowie, Led Zeppelin o Jimmy Hendrix.

Malikian no es solo el mejor violinista del mundo. Él es, en sí, un fenómeno de la estética y de la naturaleza que ha conseguido contarnos que la música clásica no es algo encorsetado y que el talento no se esconde en exclusiva detrás de ningún estilo determinado.

Totalmente alejado del divismo y la pedantería, ha querido siempre demostrar que para disfrutar de la música clásica no hay que conocerla sino sentirla. Y ponerle sentido del humor, mucho sentido del humor.

No conoce límites.

Ha ganado todos los premios a los que puede optar un violinista en nuestro planeta, y además, al genio le acompaña una capacidad de trabajo fuera de lo normal. Ha grabado más de 40 discos, ha actuado en casi 50 países y su agenda está repleta de actuaciones a lo largo de todo el año.

Este libanés de pelo incontrolable y mirada penetrante ha tenido a bien demostrarnos que un violinista no es esa figura estática que estamos acostumbrados a ver en las orquestas. Él salta y baila alrededor de su violín mientras que el resto de su cuerpo nos habla de la pasión contagiosa que se le escapa por cada poro de la piel.

Lo de anoche no fue solo un concierto; lo de anoche fue una de esas experiencias en las que uno lamenta estar sentado porque pocas ocasiones tendrá el público de contemplar un montaje a medio camino entre el teatro, el corral de comedias y el más puro circo con la música más clásica como protagonista.

Sus raíces.

Aprendió a tocar el violín a la sombra de un padre tan exigente que lo llevó al límite, en un Beirut de los años ochenta, donde el sonido de las bombas se mezclaba con Chopin.

Ara Malikian es fruto de la más feliz de las casualidades. Se formó con los clásicos de la música europea para empezar, y muy pronto comenzó a volar por su cuenta. Con una curiosidad insaciable, enseguida empezó a indagar en sus propias raíces armenias, para seguir empapándose de toda la música árabe y judía de Oriente Medio, la gitana de Centro Europa, el tango o el flamenco.

De vitalidad incombustible, danza, salta, hace piruetas y sigue, de manera impecable los vaivenes de su pelo negro y poderoso que con el tiempo se ha convertido en una parte fundamental del espectáculo. Una se pregunta de dónde saca tanta fuerza porque incluso detrás de un genio, se necesita una forma física a prueba de conciertos.

El mejor violinista del mundo nos regaló anoche la banda sonora de su vida, dejando bien claro que nada volverá a ser igual después de Ara Malikian.

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