Atravesar la puerta de c’an Monroig (Inca) es casi como entrar en otro planeta, en otro tiempo. Absolutamente todo te sorprende, cada rincón, cada detalle te provoca un shock visual indescriptible. Todo es sutil y sorprendente. Hay magia.

Noelle Ginard y Robert López han hecho un increíble trabajo de restauración y decoración en este edificio del S XVI, visitarlo es una experiencia absolutamente recomendable, y no se me ocurre mejor lugar en el mundo para escuchar íntimamente a Psiconautas, el nuevo proyecto del incombustible Albert Vizcaíno.

Albert con su añorada banda “La Isla”, ganó el Pop Rock de Palma en 1986 y entre otros muchos, telonearon a “Gabinete Galigari”, “Danza Invisible”, “Rebeldes”…pero el abuso confeso de toda clase de drogas hundió la isla y Vizcaíno decidió cambiar de aires e iniciar una carrera en solitario.

Conoció a un tipo que había sido Productor de “Queen” y le propuso hacer cosas juntos en los EEUUU. Y una vez allí descubrió lo que ya sospechaba, que el Productor no estaba en su mejor momento, su afición a los Casinos, la Cocaína y las putas hicieron que todos le dieran la espalda…total que Albert se quedó en L.A. durante casi una década bebiendo de todo tipo de fuentes musicales y sin parar de cantar y componer.

Vuelve a Madrid, y allí telonea a menudo a Sisa y Aute, pero como buen mallorquín después de dejar unos 5 LP’s en solitario, regresa  a la Roqueta.

En Deià, conoce a Kevin Ayers, el padre de la psicodelia, Dios para él.

Decide versionar uno de sus temas. Descubre que otro músico español versionó también a su ídolo, y contacta con el a través de las redes sociales con un escueto: “Yo también he grabado a Kevin. Creo que deberíamos conocernos.”. Se trata de Luis Auserón, el bajista de “Radio Futura”. Y se hacen amigos y Luis decide producir el disco de “Psiconautas”. Albert se refiere a el como la antiestrella, tremendamente culto y bastante loco.

El nombre de “Psiconautas” está tomado de una canción de Sisa, y Vizcaíno define el término como un científico del Alma, alguien que utiliza su cuerpo y el mundo físico para llegar a la verdad absoluta.

El método de trabajo de este músico es caótico, a veces empieza por una melodía, una frase, pero siempre acaba con unas composiciones con letras muy mimadas y unas melodías hipnóticas. En una ocasión afirma haber soñado una melodía, levantarse de la cama y escribir la letra de un tirón. Así nació la joya “Rompe el Hielo el Mar” Y una de las frases que más le he escuchado repetir, es “La prueba de que soy buen Músico es que nunca tengo un euro”. Pero volvamos a esta noche…

Salón de C’an Monroig (iba a celebrarse en en patio, pero la lluvia lo impidió). No mas de 50 personas sentadas en cómodos sofás Le Courbasier, sillas de diseño, escaleras de marès, algo inusual, atípico y extraordinario. El escenario está abajo, al revés de lo habitual. En escena,

Miquel Marqués a la batería, Pep Moyà a la trompeta, Jimmy Torres al bajo y Albert Vizcaíno guitarra y voz. La nueva formación de Psiconautas. Un emocionado vocalista se dirige al público agradeciendo su presencia y anunciando que el concierto de esa noche está dedicado a Ana Bergas, que nos dejó hace solo unos días. Ana fue una activista cultural, una influencer desde antes de la aparición de internet, muy querida y respetada por el mundo cultural de la isla.

Y sonaron los primeros acordes de “Paquebote”, “Mar”, “En alas de la mentira”,” “Mundo Feliz”, el sonido era simplemente perfecto, Vizcaíno tiene las cuerdas vocales perfectamente afinadas, y llega el primer gran momento emotivo de la noche: “Va por Ana”, y se atrevieron a versionar el mítico tema de Chavela Vargas “Llorona” y creo que a todos los asistentes se nos erizó el vello. Aplauso sentido y unánime. Siguieron interpretando todos los temas de su disco, entre los que está su versión del tema “Poupée de cire, poupée de son” tema ganador de Eurovisión 1965, intercalaron  el gran éxito de “La Isla” “Hasta el Amanecer”, que fue coreado, cerraron con “ojos de brisa”, y tuvieron que conceder un bis, que como no podía ser de otro modo, consistió en una versión de Kevin Ayers.

Y tras despedirme de un sudoroso y exhausto Albert, que me habló con ilusión de la nueva guitarra que está comprando a plazos, y las ganas que tiene de empezar a rasgarla, crucé la puerta de C’an Monroig. Hacía fresco. Y la vuelta a la realidad del mundo exterior, fue dura.

¿Quién quisiera abandonar un lugar mágico?

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