“Nos han tratado como a animales”, así ha descrito una de las pasajeras del ferry Cecilia Payne de Baleària (que hace la ruta Denia-Formentera-Ibiza-Palma) la experiencia vivida este lunes debido a las altas temperaturas que tuvieron que padecer al no activarse el aire acondicionado durante la travesía y no recibir una mínima atención por parte de la tripulación, lo que provocó que cuatro pasajeros tuvieran que ser atendidos por los servicios médicos a su llegada al puerto de Palma.

Los indignados pasajeros explicaron que el calor en el interior del barco llegó a ser insoportable: “Casi nos asfixiamos. Hubo gente que se desmayó por culpa del calor, vómitos y gente que solicitaba ayuda y atención médica pero nadie de la tripulación dio la cara ni apareció ningún médico para ayudarnos”.

“Caos”, “horroroso” y “terrible” fueron las expresiones coincidentes de la mayoría de pasajeros para explicar lo ocurrido: “El buque llevaba desde Denia sin aire acondicionado. Nos han asfixiando. Casi nos han secuestrado porque hemos pedido que en Ibiza nos dejaran bajar si no lo arreglaban y no nos lo han consentido. No han dado de beber a la gente y el capitán no ha dado la cara”, explicaba una mujer indignada a Crónica Balear.

El único apoyo con el que pudieron contar los viajeros fue el que se prestaron mutuamente entre ellos y el recibido por parte de dos Policías Nacionales a los que “poco les ha faltado para llorar”, aseguraba otra  mujer.

Durante la travesía, varias personas -visto el cariz que tomaban las cosas- solicitaron la presencia del capitán o que se les informara de algún protocolo de actuación pero, ni el capitán dio la cara ni la tripulación facilitó la más mínima información de cómo hacer frente a lo que estaba ocurriendo, lo que encendió más los ánimos e indignó al pasaje: “La tripulación estaba desaparecida. Hemos pedido ayuda y nadie nos la ha prestado. Nos han tratado como animales”.

Pese a ello, la tripulación continuó cobrando el agua a quienes solicitaron un botellín para intentar hacer frente al insufrible calor, lo que desesperó aún más a la gente que no entendía cómo era posible que en una situación como aquella no se entregara agua gratis.

El calor obligó a los pasajeros a salir a las cubiertas y terrazas del barco mientras la tensión continuaba aumentando a medida que pasaban los minutos y la atención de la compañía brillaba por su ausencia. De hecho, acabaron por producirse varias discusiones y, finalmente, tuvieron que abrirse terrazas y zonas restringidas –como la de la zona de carga de los animales- para la gente.

Los pasajeros también se quejaron de que no se les facilitó el libro de reclamaciones cuando lo pidieron y que les “engañaron” diciéndoles que al desembarcar tendrían la oportunidad de hacer la pertinente reclamación en las oficinas de Baleària que hay en el puerto pero, para su sorpresa, a la llegada (sobre las 22:00 horas) dichas oficinas estaban cerradas y allí no había nadie para atenderles.

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