El equipo internacional de expertos de Londres, Reino Unido, Mainz y Cleveland, EE.UU, ha señalado que están “especialmente preocupados por el polvo ultrafino”, pues pueden provocar enfermedades cardiovasculares.

“Estas partículas tienen el tamaño de un virus. Cuando se inhala materia ultrafina, entra inmediatamente en el torrente sanguíneo a través de los pulmones, es absorbida por los vasos y causa inflamación local. En última instancia, esto causa más aterosclerosis y, por lo tanto, conduce a más enfermedades cardiovasculares, como infarto de miocardio, infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardíaca y arritmias cardíacas. De particular interés es el hecho de que con respecto a las emisiones de escape diesel muy discutidas”, ha declarado el director de Cardiología I del Departamento de Cardiología del Centro Médico de la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz (JGU), Thomas Münzel.

Las partículas finas de polvo se forman químicamente principalmente en la atmósfera a partir de las emisiones del tráfico, la industria y la agricultura; y “para lograr concentraciones bajas e inofensivas, las emisiones de todas estas fuentes deben reducirse”, ha comentado Jos Lelieveld del Instituto Max Planck de Química (MPIC) en Mainz.

El gran porcentaje de muertes por enfermedad cardiovascular ha llevado a un grupo internacional de expertos de Alemania, Inglaterra y EE. UU, a analizar los efectos negativos de la contaminación atmosférica en la función vascular en un artículo de revisión.

Las preguntas clave de investigación se centraron en los componentes de la contaminación atmosférica -partículas, ozono, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono y dióxido de azufre- que son particularmente dañinos para el sistema cardiovascular y los mecanismos que dañan los vasos.

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