Foto: Reuters

Iván Duque se ha convertido este martes en el nuevo presidente de Colombia, reivindicándose como el líder de una nueva generación llamada a superar la división entre derecha e izquierda, de cara a un mandato que se atisba complicado por la polarización política y social en torno al reto de la paz.

“Juro por Dios y ante el pueblo colombiano cumplir con la Constitución y con las leyes”, ha dicho el líder conservador en una solemne ceremonia de toma se posesión celebrada en la emblemática Plaza Bolívar, ubicada en el corazón de Bogotá.

Duque ha recibido la banda presidencial ante numerosos líderes internacionales, la mayoría mandatarios latinoamericanos. En representación de España ha acudido la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor. También ha viajado a Colombia el presidente del Partido Popular, Pablo Casado.

En el palco de autoridades estaban en un lugar destacado Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, que le catapultaron a la Casa de Nariño con una plataforma electoral en la que los dos ex presidentes unieron fuerzas para revertir el legado de Juan Manuel Santos.

Sin embargo, el senador electo del partido político surgido de la extinta guerrilla de las FARC Carlos Antonio Lozada no ha podido acceder, a pesar de llevar su credencial, según ha denunciado en redes sociales. Los dirigentes de las FARC han optado por sumarse a la concentración simultánea en el Parque de la Hoja para “defender la paz”.

NUEVA GENERACIÓN

“Hoy llega a la Presidencia de Colombia una nueva generación, motivada por el servicio y no por el ejercicio vanidoso del poder, comprometida con el futuro y sin anclas en prejuicios del pasado”, ha dicho. “Es una generación llamada a gobernar libre de odios (…) con el mandato de hacer de nuestro país una tierra grande”, ha subrayado.

Duque se ha mostrado consciente de que toma las riendas de un país dividido por el acuerdo de paz firmado en 2016 Por el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC y “convulsionado” por la ola de violencia desatada por grupos rivales que aspiran a llenar el vacío dejado por la antigua guerrilla.

Por ello, se ha propuesto gobernar “superando las divisiones de izquierda y derecha” mediante un diálogo que permita dejar atrás “los sentimientos hirsutos que invitan a la fractura social”. “Quiero gobernar a Colombia con el espíritu de construir, nunca de destruir”, ha aseverado.

Duque ha indicado que solo mirará al pasado para analizar los errores cometidos y corregirlos. Entre ellos, ha mencionado el acuerdo de paz, que pretende modificar en asuntos esenciales como la justicia transicional o la participación política.

Así, ha asegurado que corregirá “fallos estructurales” garantizando a las víctimas del conflicto armado “que habrá reparación moral, material y económica por parte de sus victimarios” y que el narcotráfico no será “un mecanismo legítimo para financiar y promover ninguna causa”.

En cuanto al diálogo de paz que Santos ha dejado inconcluso con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), ha anunciado que durante los primeros 30 días de Gobierno va a realizar “una evaluación responsable, prudente y completa” para tomar una decisión al respecto.

EL NUEVO DELFÍN DE URIBE

Duque ha protagonizado un ascenso meteórico desde que volvió a Colombia, hace tan solo cuatro años, dejando atrás una exitosa carrera como economista que ha desarrollado en prestigiosas instituciones como el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Se incorporó a las filas de Centro Democrático, el partido político fundado por Uribe, y desde ahí saltó al Senado, donde llamó la atención del antiguo mandatario por su firme discurso contra el Gobierno de Santos.

Desde entonces, Uribe le ha adoptado como su hijo político, algo que ya hizo con Santos en 2010, cuando la Corte Constitucional le impidió aspirar a un tercer mandato, y que le sirvió de poco porque el que fuera su ministro emprendió su propio camino en contra del criterio de su mentor.

Duque ganó la primarias celebradas en el centro-derecha colombiano el 11 de marzo imponiéndose a la candidata impulsada por Pastrana, su ahora vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, y repitió victoria en las presidenciales celebradas entre mayo y junio derrotando al aspirante izquierdista, Gustavo Petro.

El apoyo de Uribe es un arma de doble filo. Si bien le despejó el camino a la Casa de Nariño, le dibuja como otro delfín sobre el que intentaría ejercer la influencia a la que Santos se resistió. “Yo seré el presidente y Uribe será el líder de la bancada de Gobierno en el Senado”, ha respondido a quienes auguran que será una simple marioneta.

HIJO DE LA POLÍTICA

Nacido en Bogotá hace 42 años, Duque lleva la política en la sangre. Su padre fue gobernador del departamento de Antioquia y ministro de Minas y Energía durante el Gobierno de Belisario Betancur y él debutó en el Gabinete de Pastrana como asesor de Santos cuando éste era ministro de Hacienda.

Una de sus profesoras en el Colegio Rochester de Bogotá recuerda que tenía una habilidad especial para el liderazgo que ejerció desde bien pequeño. “Sus compañeros y profesores le decían ‘my president'”, ha contado Sonia Muñoz a la agencia de noticias Reuters.

Ahora, le toca cumplir su sueño infantil en un ambiente político tenso que, de entrada, le obligará a forjar y preservar alianzas con los representantes del centro-derecha en un Congreso fragmentado en el que Centro Democrático no cuenta con una mayoría propia.

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