Una investigación internacional publicada en la revista ‘Journal of Investigative Dermatology’ ha demostrado por primera vez que los anticuerpos contra una toxina secretada por bacterias en el acné común pueden reducir la inflamación en las lesiones que produce esta enfermedad. Según apunta el estudio, este nuevo enfoque terapéutico es un “paso importante” para el desarrollo de una vacuna contra el acné.

“Una vez validado por un ensayo clínico a gran escala, el impacto potencial de nuestros hallazgos es enorme para los cientos de millones de personas que sufren de acné vulgar. Las opciones de tratamiento actuales a menudo no son efectivas ni tolerables. Se necesitan urgentemente terapias nuevas, seguras y eficientes”, explica el investigador principal del trabajo, Chun-Ming Huang, del Departamento de Dermatología de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos).

A pesar de que el acné no es una enfermedad potencialmente mortal, su carga psicológica es alta. Es difícil de ocultar y suele afectar la autoestima de las personas que lo sufren, especialmente durante la adolescencia, un período de importante desarrollo físico, emocional y social. Las lesiones y/o cicatrices de acné pueden persistir en adultos.

“Los medicamentos actuales son insuficientes y pueden causar efectos secundarios difíciles de tolerar, que van desde la sequedad e irritación de la piel hasta la depresión, pensamientos suicidas y mayores tasas de defectos de nacimiento. Una vacuna contra el acné podría evitar los posibles efectos adversos de los retinoides y antibióticos tópicos o sistémicos, las opciones de tratamiento actuales”, indican los responsables del estudio.

Esta vacuna sería la primera en dirigirse a las bacterias que ya están en la piel humana, en lugar de invadir los patógenos. Después de demostrar por primera vez que el factor Christie-Atkins-Munch-Petersen (CAMP), una toxina secretada por la bacteria ‘Propionibacterium acnes’, puede inducir respuestas inflamatorias, los investigadores exploraron en ratones y ex vivo en células de piel humana si podrían inhibir la inflamación mediante el empleo de anticuerpos para neutralizar este factor de virulencia. Sus hallazgos muestran que la aplicación de anticuerpos monoclonales al factor CAMP 2 efectivamente disminuyó la respuesta inflamatoria.

“Al abordar una necesidad médica no satisfecha y proporcionar un enfoque atractivo, las inmunoterapias contra el acné que se dirigen a los factores derivados de P. acnes deben diseñarse cuidadosamente para evitar perturbaciones no deseadas del microbioma que garanticen la homeostasis de la piel. Se debe determinar si las vacunas dirigidas a factores CAMP afectarán o no a múltiples subtipos de esta bacteria y a otros comensales, pero la inmunoterapia contra el acné presenta una vía interesante para explorar”, señala Emmanuel Contassot, del Departamento de Dermatología del Hospital Universitario y ña Facultad de Medicina de la Universidad de Zúrich (Suiza).

Según apuntan los investigadores, la elección del antígeno al que se dirige es “fundamental”, no solo como un factor “determinante” de la eficacia de la vacuna, sino también para minimizar los posibles efectos involuntarios o la reactividad cruzada que deterioran el equilibrio microbiano y la homeostasis de la barrera cutánea. Los estudios futuros abordarán estos factores y se enfocarán en la ingeniería de una formulación de una vacuna para su aplicación humana.

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