El 11 por ciento de los pacientes con síndrome de intestino irritable con diarrea (SII-D) reconoce que sufre de pensamientos suicidas cuando su condición es mala, según un nuevo estudio publicado en la revista ‘UEG Journal’.

La investigación ha evaluado la carga asociada con el síndrome del intestino irritable con diarrea al encuestar a 513 pacientes y 679 profesionales sanitarios. Una cuarta parte de los pacientes informaron que el SII les impide disfrutar de la vida y el 11% estuvo de acuerdo con la frase: ‘Cuando mi enfermedad está muy mal, desearía estar muerto”.

El SII-D es un trastorno intestinal funcional, caracterizado por dolor abdominal y hábitos intestinales alterados. Se considera un trastorno de interacción cerebro-intestino y se ha propuesto una variedad de enfoques de tratamiento, que incluyen modificaciones de dieta y estilo de vida, probióticos y suplementos de fibra, así como varios medicamentos.

Más de un tercio de los participantes en el estudio señalaron que “constantemente” se preocupan por si volverán a aparecer los síntomas de su condición, y uno de cada cinco afirmó que el SII-D había afectado negativamente a su vida laboral. Los pacientes también revelaron que, en promedio, pasan 18 días al mes experimentando fatiga o falta de energía. La mitad aseguró que usarían un tratamiento diario por el resto de sus vidas si esto prevé sus síntomas de SII-D (49%) y una “disposición a intentar cualquier cosa” para mejorar su condición (46%).

La encuesta describió que un tercio de los pacientes con SII-D no cree que los profesionales sanitarios “se tomen en serio” la enfermedad, por lo que consideran que “deberían brindar más apoyo en su manejo”. Los resultados mostraron que dos tercios estuvieron de acuerdo en que los pacientes deben sentirse “escuchados y apoyados”, y la gran mayoría afirma que el objetivo principal de su cuidado al administrar SII-D es “mejorar significativamente la calidad de vida de sus pacientes”.

“SII-D puede ser una condición extremadamente difícil, emocional y difícil de vivir y, además de dedicar recursos para mejorar su carga física, es esencial que la atención y la inversión se compromete a proporcionar apoyo psicológico y emocional a los pacientes. Esto debe provenir de profesionales sanitarios multidisciplinares, así como de familiares, amigos y colegas”, concluye Hans Törnblom, autor principal del estudio y profesor de la Universidad de Gotenborg (Suecia).

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